Creo que ya os había comentado que llevo una temporada de mucho lío en el trabajo, y esta semana la verdad es que ha sido más de lo mismo. A veces me resulta frustrante, porque veo que el día (o la semana, o el mes) se me queda en nada, y que me cuesta sacar tiempo y energía para avanzar en mis proyectos personales. ¿Te suena?
Me he dado cuenta de que me siento en una especie de paradoja en la que voy a la vez muy deprisa y muy despacio: muy acelerada en mi día a día, «haciendo Tetris con el calendario», como le conté el otro día a una compañera, y muy lenta en otras cosas a las que me gustaría dedicarles más «ancho de banda».
Por suerte, el Universo me va mandando pistas y recordatorios de vez en cuando, por ejemplo en forma de citas con las que me voy tropezando a lo largo de la semana, y que me sirven para reflexionar y compartir con vosotros.
La primera cita nos habla de ir deprisa; la leí en inglés, y me encantó. En español, la traducción que vi me pareció un poco rara, así que aquí la traduzco a mi manera, espero que se entienda bien:
Cuidado con lo estéril que puede llegar a ser una vida ajetreada.
Sócrates
En una sociedad en la que «estar muy liado» se ve como algo positivo, casi como un símbolo de estatus, se nos olvida a veces que las prisas no sólo nos agotan física y mentalmente, sino que además nos obligan a quedarnos en lo superficial. Para poder hacer bien un trabajo que requiera cierta profundidad (reflexión, creatividad, concentración…) necesitamos bajar el ritmo, reducir el número de tareas y dedicarles periodos de tiempo más largos y sin distracciones. Si trasladamos esto a la matriz de Eisenhower que vimos hace unas semanas, se trata de dejar más hueco para tareas estratégicas (importantes pero no urgentes) que nos ayuden a sentirnos realizados y avanzar hacia nuestros objetivos (empezando por cuidarnos como es debido), en lugar de pasar tanto tiempo «apagando fuegos» (atendiendo a las cosas urgentes que se nos vayan poniendo por delante, sean importantes o no).
La segunda cita nos habla de ir despacio, y se puede decir más alto pero no más claro:
No tengas miedo de ir lento, ten miedo de quedarte quieto.
Proverbio chino
Vivimos en una sociedad en la que prima la inmediatez. Nos hemos acostumbrado a conseguirlo todo rápido; no nos gusta nada esperar, y cada vez tenemos menos paciencia, lo cual nos perjudica a la hora de plantearnos objetivos a medio/largo plazo y trabajar por ellos. Es fácil caer en la trampa de compararnos con otras personas que ya lo han conseguido, o que van más adelantadas en el camino.
Aquí es donde me parece importante recordar la fábula de la liebre y la tortuga, que nos cuenta cómo la constancia y la perseverancia son mucho más importantes que la velocidad. Es más, según cuál sea el tipo de «carrera» (o ahora que lo pienso, seguramente en todas), en realidad no conviene llegar demasiado pronto a la meta, porque el aprendizaje y el crecimiento se van produciendo por el camino, a medida que uno va ganando experiencia.
Así que no pasa nada por ir despacito, a veces es casi mejor. Pero, ¿Y lo de quedarse quieto? Yo lo interpreto como una advertencia para que no nos durmamos en los laureles, como hizo la liebre del cuento. Porque cuando dejamos de caminar hacia donde queremos ir, nos estancamos, y dejamos de aprender, y aunque parezca que seguimos en el mismo sitio, en realidad nos estamos quedando atrás.

Y tú, ¿cómo lo ves? ¿Te sientes un poco liebre? ¿O tal vez un poco tortuga?