Aprendiendo de los artistas

Ayer, aprovechando que tenía un día libre en Madrid (y huyendo un poco del calor, todo hay que decirlo), me di una vuelta por el Museo del Prado.

La visita me encantó, os la recomiendo totalmente. Lo que no os recomiendo es que os pateéis el museo entero en un solo día, como hice yo, que al final ya hasta me dolían los pies… Para las personas razonables como vosotros, hay una audioguía muy buena con recomendaciones de qué obras ver en función de si quieres que la visita dure una hora, o dos, o tres. Yo simplemente me dejé llevar, caminando sala por sala, curioseando. No me preguntéis cuánto tiempo me llevó.

Una cosa que me llamó enseguida la atención fue ver cuadros que eran copias de otros cuadros, o de parte de ellos, muchas veces puestos uno al lado del otro. Y digo copias, no falsificaciones; la intención no era hacer pasar un cuadro por el otro. Muchas veces eran pintores que, como parte de su formación o a modo de homenaje, copiaban las obras de los grandes maestros de su época (o de una época anterior), con resultados también de mucha calidad.

Otras veces, un mismo pintor hacía varias copias con ligeras variaciones sobre un mismo tema, sobre todo si sus obras estaban muy demandadas, y les vendía distintas copias a distintas personas (por aquel entonces no era tan fácil como copiar y pegar 🙂 )

Y otra cosa que aprendí fue cómo para ciertos encargos de importancia, algunos pintores hacían uno o varios bocetos en un formato más pequeño, antes de ponerse a pintar el lienzo grande. Así podían ir ensayando y probando la estructura y los elementos del cuadro, y además enseñarle a su mecenas una «vista previa» del resultado, para conseguir la aprobación del encargo final. Resulta muy curioso ver cómo evoluciona la obra desde el primer boceto al lienzo definitivo, parecido a como se hace hoy en día con los cómics, las películas, etc.

Pero volviendo al tema de los cuadros copiados: un buen ejemplo es el de Rubens, que durante su estancia en Italia copió varios cuadros de Tiziano, entre ellos «El rapto de Europa«.

Original de Tiziano (expuesto en un museo de Boston):

Copia de Rubens, expuesta en el Prado:

Pero la cosa no acaba aquí. Luego ya, para rizar el rizo, llega Velázquez, y en uno de sus cuadros incluye también un homenaje a esta obra. Fijaos en el tapiz al fondo de la escena representada en «Las hilanderas» (también llamada «La fábula de Aracne«), expuesta en la misma sala del museo del Prado:

Me pareció una idea muy chula, pintar un cuadro dentro de otro cuadro 🙂

Una idea de la que luego me fui encontrando más ejemplos por el museo, como este cuadro de Jan Brueghel y Rubens, dedicado a «La vista» como parte de una serie sobre los cinco sentidos:

Y ya el que me pareció una pasada fue este otro, de David Teniers el Joven, «El archiduque Leopoldo Guillermo en su galería de pinturas en Bruselas«:

Madre mía, el talento que hace falta para poder pintar todo eso…

En fin, que me encantó la visita al Museo del Prado, más que por ver los cuadros típicos y famosos como «Las Meninas» (que también), sobre todo por ver cómo los artistas iban aprendiendo unos de otros, apoyándose en el conocimiento y las técnicas que ya existían para innovar y crear otras nuevas, y así hacer su propia contribución al mundo del arte, para que otros pudieran disfrutar y aprender a su vez.

Me hizo pensar en cómo también nosotros, en cualquier cosa que queramos aprender, tenemos seguro un montón de maestros a quienes modelar y de quienes aprender (y más en estos tiempos de Wikipedia y Youtube), y así no tener que «reinventar la rueda», como se suele decir en inglés. Y también se suele decir que la mejor manera de aprender es enseñar, es compartir lo que ya sabemos, por supuesto dando crédito a aquellos de quienes lo aprendimos.

Compartiendo el conocimiento, aprendiendo juntos, avanzamos todos.

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