Trayectorias profesionales (II)

Tal y como os contaba en el post anterior, la semana pasada tuve la oportunidad de dar una charla sobre mi carrera profesional a una clase de estudiantes de instituto.

Me costó bastante preparar la presentación, por un lado porque en general me cuesta hablar de mí misma (y no me gusta ponerme como ejemplo de nada), y por otro, porque no tenía muy claro cómo expresar lo que quería transmitir. Ya tengo comprobado que el storytelling (contar historias) no es lo mío, así que tenía que buscarme otra manera.

Por suerte, un par de días antes de la fecha tuve una conversación con un amigo (¡gracias Quique!) que me ayudó mucho a ponerme en el lugar de esos adolescentes; estuvimos hablando de cómo a esas edades, solamente unos pocos suelen tener claro lo que quieren estudiar o a lo que se quieren dedicar, lo más habitual es no tener ni idea. Si a esto le sumamos la cantidad de opciones que hay para elegir (cada vez más) y la velocidad a la que está cambiando el mercado laboral, llegamos a unos grados de incertidumbre mucho mayores que los de las generaciones anteriores. Y claro, eso agobia.

Todo esto me dio una idea, una metáfora que poder utilizar para explicar lo que quería transmitirles…

Me acordé de Dora la exploradora.

Dora the Explorer cartoon character, standing with her arms crossed and smiling

Si alguna vez habéis visto un episodio de Dora, os acordaréis de que siempre tiene una misión que completar, un objetivo que conseguir, y por el camino se va encontrando pruebas y dificultades, pero al final siempre consigue llegar a la meta (¡y celebrarlo!).

¿Y qué es lo que tiene Dora (aparte de a su amigo Boots) que le ayuda a superar esas pruebas y dificultades?

Lo primero, un mapa.

El mapa le mostraba el camino a Dora al principio de cada episodio, casi siempre con tres lugares por los que tenía que pasar antes de llegar a su destino:

Claro, que el mapa de Dora siempre acertaba en todo, sabía exactamente lo que iba a haber por el camino… Por supuesto, en la vida real sabemos que «el mapa» (o sea, nuestro plan) sólo es orientativo, y que siguiendo el razonamiento del post de la semana pasada, lo más probable es que pase algo como esto:

Así que bueno, tal como yo lo veo, está muy bien tener un mapa, un plan, sobre todo al principio. Nos puede ayudar, nos puede orientar, pero no nos va a solucionar la vida, así que si no tenemos un plan, tampoco es el fin del mundo, ya irá apareciendo el camino.

Primer mensaje: no pasa nada si no tienes un plan, va a cambiar de todas maneras.

Pero entonces, ¿qué podemos hacer para prepararnos?

Y aquí llegamos al segundo objeto que siempre llevaba Dora, y que a mí me parece mucho más importante y más interesante que el mapa. ¿Os acordáis de lo que era?

Una mochila.

Una mochila llena de herramientas de todo tipo. Y cada vez que se le presentaba una dificultad, Dora abría la mochila y sacaba la herramienta perfecta para la ocasión, la que le permitía solucionar el problema.

Cartoon - Backpack and Map from Dora the Explorer

Segundo mensaje: puede que no sepamos el camino exacto que nos tocará recorrer, pero sí que podemos ir preparando la mochila, e ir llenándola de herramientas que nos vayan a servir tanto para nuestro trabajo como para nuestra vida personal y nuestras relaciones.

Esas «herramientas» pueden ser:

  • Habilidades y talentos naturales que ya tenemos, y que podemos seguir trabajando y potenciando.
  • Cosas que aprendemos en un entorno formal (colegio, instituto, universidad, puesto de trabajo, etc.), y no me refiero sólo a lo que viene en los libros (que también), sino a muchas otras habildades que aprendemos al pasar por esas experiencias.
  • Cosas que aprendemos en entornos menos formales, y nosotros mismos buscamos: actividades extraescolares, aficiones, hobbies…

En definitiva, todo lo que vamos aprendiendo en los distintos entornos en los que nos movemos va pasando a formar parte de nuestra mochila. Y de todas esas herramientas, las que más útiles nos van a ser son las llamadas «habilidades transferibles» (transferrable skills en inglés), poque se pueden aplicar en cualquier ámbito profesional, y también personal. Os pongo aquí unos ejemplos de las más típicas:

  • Comunicación y presentaciones
  • Organización
  • Calidad y atención al detalle
  • Adaptabilidad al cambio
  • Colaboración y trabajo en equipo

Y mi favorita, en mi opinión la mejor, porque ayuda a potenciar todas las demás: auto-conciencia y gestión emocional.

¿Qué te parece esta idea de la mochila? ¿Qué herramientas tienes tú ya en la tuya? ¿Y cuáles te gustaría conseguir?

Trayectorias profesionales (I)

Una de las muchas cosas que me encantan de la empresa donde trabajo es que nos ofrece oportunidades para hacer voluntariado. Yo llevo unos años colaborando con Junior Achievement, una institución internacional que se dedica a poner en contacto a estudiantes de primaria y secundaria con profesionales del mundo corporativo.

La idea es que los voluntarios visitemos colegios e institutos para hacer formaciones y eventos con los chavales, no sólo por aportarles conocimientos nuevos (que también, en áreas como economía, negocios, ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas), sino sobre todo para servirles de modelo y de ejemplo, y que vean que permanecer en el sistema educativo merece la pena porque les da más probabilidades de encontrar un buen trabajo.

Otros años he dado cursillos sobre ciencia y tecnología y cosas así, pero esta semana me ha tocado hacer algo muy distinto: dar una charla sobre mi carrera profesional a una clase de estudiantes de instituto, para inspirarles en este momento tan crucial de empezar a decidir qué hacer con su vida.

Mi carrera profesional.

Veinte años, más o menos, desde que empecé a trabajar.

La verdad es que al principio no tenía muy claro qué les podía contar que les resultara inspirador, o al menos, medianamente útil… ¿De qué les podría servir mi ejemplo? ¿Qué he aprendido yo durante todos estos años que merezca la pena contar? ¿Qué me hubiera ayudado escuchar a mí cuando tenía su edad? Poco a poco fui rascando, rascando, y fue apareciendo un hilo conductor, una idea, un mensaje, que quiero también compartir con vosotros:

Diagram displaying a straight arrow from "start" to "end" with the label "How life is supposed to go", followed by another arrow full of twists, turns and loops between "start" and "end", and the label "How life actually goes"

Este diagrama ilustra muy bien «cómo se supone que es la vida» (una línea perfecta entre el punto de partida y el destino) frente a «cómo es la vida en realidad» (una línea toda enrevesada y retorcida, llena de curvas, ,giros y hasta bucles desde el punto de partida hasta el destino).

Con la carrera profesional, como con cualquier otra cosa en la vida, esto se cumple: yo misma me di cuenta preparando la presentación de que había dibujado mi trayectoria como una flecha perfecta de izquierda a derecha, con hitos importantes a intervalos regulares, cuando en realidad sí que ha tenido cambios y giros, muchos de ellos inesperados, que me llegaban desde fuera, pero también algunos que yo misma decidí iniciar desde dentro.

Por suerte, la presentación también debía incluir una sección de «éxitos y fracasos», y ahí es donde aproveché para explicar algunos de esos cambios y giros a lo largo de los años, que según se miren, se pueden considerar fracasos, en el sentido de que las cosas no me salieron como yo me esperaba.

Y digo «según se miren», porque esta visión tan en blanco y negro de que las cosas o bien son un éxito o un fracaso no me parece muy acertada, yo prefiero verlo más bien así:

Two drawings: on the left hand side, over the label "What people think", a road forks into "Success" as the wide shiny road straight ahead and "Failure" as a narrow winding road to the side, blocked by an orange cone and a FAIL sign. On the right hand side, the "road to success" combines a few different road branches that twist, loop and end in FAIL with one that continues ahead, with another couple of FAILs along the way, and the shiny success at the end

En este otro diagrama vemos «lo que piensa la mayoría de la gente», que es que el éxito y el fracaso son mutuamente excluyentes, y que el fracaso te desvía del camino del éxito, frente a «lo que sabe la gente exitosa», que es que lo que llamamos fracaso no es más que feedback que nos indica por dónde no hay que ir, para que podamos ir probando otras rutas y acabar encontrando el camino acertado, el camino del éxito.

Y esto sí que creo que me hubiera venido genial escucharlo hace veinte años: que no pasa nada por equivocarse (en el trabajo y en la vida en general), que meter la pata de vez en cuando es normal, y que es hasta necesario, porque nos permite aprender e ir avanzando en la vida, ir encontrando nuestro propio camino.

Y a ti, ¿qué te parecen estos dos diagramas?

  • Si llevas ya unos años en el mundo laboral, ¿se cumplen estas hipótesis también en tu caso? ¿Qué forma tendría tu trayectoria profesional, si la dibujaras? ¿Qué curvas, desvíos o bloqueos te has ido encontrando por el camino?
  • Y si llevas poco tiempo trabajando, o no has empezado todavía, ¿qué sientes al oir que tu carrera profesional probablemente sea así de caótica? ¿Y qué crees que te ayudaría a prepararte un poco mejor?

La semana que viene os contaré otra cosa que también se me ocurrió para la charla: una manera de plantearos vuestra carrera que espero que os dé algunas ideas y herramientas prácticas.

Sabiduría estoica

Dicen los expertos que una de las cosas que más nos ayudan a mantenernos sanos mental y emocionalmente es el seguir aprendiendo toda la vida; el aprender cosas nuevas que nos interesen y que disfrutemos no sólo nos da conocimientos nuevos, sino también motivación, flexibilidad y apertura de mente.

Yo no sabría deciros cuándo empecé a interesarme por temas de crecimiento personal. En parte creo que fue a raíz de mudarme de España a Irlanda, ya que en muchos sentidos estaba empezando una vida nueva. Luego en estos últimos años, concretamente a partir de la pandemia, se han multiplicado exponencialmente tanto mi interés en estos temas como el número de temas como la cantidad de tiempo y atención que les dedico; pero en el fondo creo que la inquietud empezó mucho, muchísimo antes.

Recuerdo por ejemplo que me gustaba mucho la asignatura de filosofía cuando la dábamos en el colegio (en 3º de BUP, para los de mi época), y que incluso me leí una novela sobre historia de la filosofía que nos recomendó el profesor: El mundo de Sofía, y también me encantó.

Ruins of an ancient Greek temple against a blue sky with clouds

Muchos años después, me he vuelto a tropezar con el mundo de la filosofía, esta vez a través de un curso de estoicismo y eneagrama (súper recomendable, como todos los de Autognosis) que acabo de terminar esta semana.

La verdad es que lo he disfrutado un montón, y lo mejor es que se trata de una filosofía muy práctica: una serie de principios que podemos aplicar a nuestro día a día para conseguir ser más felices y sufrir menos. Ahora quizá nos parezca que la filosofía es algo teórico y rebuscado sobre lo que hablar (¡filosofar!) hasta el infinito, tan alejado de la realidad cotidiana que no sirve para que cambie nada. Pero los antiguos griegos y romanos lo veían de otra manera: la filosofía era algo mucho más tangible, era su forma de guiarse por la vida. Los filósofos eran los terapeutas y coaches de aquella época.

A las enseñanzas y reflexiones del estoicismo se les puede sacar mucho jugo, ya os iré contando cosillas a medida que vayan surgiendo. De momento, hoy os quiero dejar con un texto que quizá reconozcáis, y que es relativamente reciente, pero que tiene mucho que ver con uno de los principios del estoicismo, y que a mí me resuena especialmente: la dicotomía del control.

La dicotomía del control nos advierte de lo inútil que es gastar energías en intentar dominar lo que está fuera de nuestro control, y nos anima a centrarnos en lo que sí podemos controlar, para así frustrarnos menos y además conseguir mejores resultados. Y partiendo de esa base, la oración de la serenidad nos viene que ni pintada:

Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las cosas que sí puedo,
y sabiduría para reconocer la diferencia.

Reinhold Niebuhr

Por cierto, me acabo de acordar de que en esa misma asignatura de filosofía del colegio fue donde me explicaron por primera vez lo que era la mayéutica de Sócrates, uno de los fundamentos del coaching moderno 🙂

Constancia

Hace unos dos años, poco después de empezar con esta reencarnación de BinaryWords, mi amiga María me dio un consejo: hacerme un calendario para planificar cuándo escribir los artículos del blog. A mí me pareció muy buena idea, y simplificando un poco para hacérmelo más fácil, me propuse escribir un artículo nuevo cada semana.

Old typewriter keyboard

Dos años después, la verdad es que estoy orgullosa de haber conseguido mantener esta frecuencia. Sí que tengo que confesar que, como tengo tendencia a dejar ciertas cosas para última hora, mi estrategia del «post semanal» rápidamente derivó en «el post del domingo por la noche», momento en el que literalmente ya no quedan más horas en la semana 🙂

Pero la estrategia me sirvió, y me sigue sirviendo. El no faltar a mi palabra me motiva para sentarme al teclado cada domingo, sin importarme dónde esté, o si tengo ganas de escribir o no. Me ha tocado escribir posts desde aeropuertos, trenes, casas rurales, y hasta desde un colchón hinchable en el salón de casa de unos amigos. Muchas veces me han dado las tantas de la madrugada, y el post se ha publicado técnicamente en lunes. Pero eso es lo de menos; lo importante es que se ha seguido publicando.

Y yo he seguido escribiendo.

Aunque no tuviera ganas.

Como hoy, por ejemplo.

Y esto es algo que ocurre en todos los ámbitos; ¿creéis que a los atletas les apetece salir a entrenar toods los días? ¿Incluso cuando hace mal tiempo, cuando no se encuentran bien de salud, o cuando están desanimados? Pues no, pero lo hacen igualmente, porque saben que es importante tener constancia, es lo que les permite ir avanzando hacia sus metas.

Y quien dice atletas, dice cualquier otra cosa; cualquier actividad que nos tomemos en serio y en la que queramos progresar requiere constancia: pintar, escribir, hacer ejercicio, tocar un instrumento… Todo esto, por supuesto, requiere disciplina, pero también hay ciertos trucos que nos pueden ayudar:

  • Póntelo fácil: plantéate un objetivo realista para tu actividad, resérvale un tiempo específico en tu agenda, y procura reducir al máximo el esfuerzo necesario para empezar. Por ejemplo, si vas a salir a correr por la mañana temprano, la noche antes puedes dejar la ropa preparada, las zapatillas en la puerta, etc.
  • No te lo pienses: los seres humanos somos especialistas en tomar decisiones emocionales y luego justificarlas racionalmente. Si empiezas a darle vueltas y a negociar contigo mismo cada vez, casi seguro vas a encontrar razones para no realizar la actividad. Es lo que toca y punto, ¡adelante!
  • Haz aunque sea sólo un poco: lo más difícil de todo es empezar, así que si ves que no tienes ánimos para hacer la actividad completa, comprométete al menos a hacer una parte, como por ejemplo, correr cinco minutos. Pasado ese tiempo, date permiso para parar (si aún lo necesitas), o para seguir, que seguramente será mucho más fácil ahora que ya has roto esa barrera de resistencia inicial.

¿Y tú, qué tal llevas lo de la constancia? ¿En qué aspectos de tu vida te resulta más fácil ser constante, y en cuáles menos? ¿Qué te motiva para ponerte en marcha incluso los días que no tienes ganas?

Recordemos las palabras de Pablo Picasso, que en este caso se refieren al arte pero que podemos aplicar a cualquier objetivo en la vida:

La inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando.

Pablo Picasso