Adiós 2023, bienvenido 2024

Escribo estas líneas en el último día de 2023, y para cuando las leas, seguramente ya será 2024, ¡Feliz año nuevo!

Close up of four golden number candles for 2024, still unlit. In the background, another candle with number 3 can be seen unfocused, back in the corner

En estas fechas solemos hacer balance del año que acaba, y es buen momento para ponernos metas (que no propósitos) para el año que empieza.

¿Qué tal te fue en 2023?

¿Y cómo quieres que sea 2024?

Hay muchas formas de hacer esta revisión anual; hoy te propongo algunas de las muchas fórmulas que se utilizan en las retrospectivas de la metodología Scrum, muy popular en el desarrollo de software, donde periódicamente todo el equipo hace un alto en el camino para ver cómo van las cosas y cómo seguir mejorando:

  • Start, stop, continue (empezar, parar, continuar): esta es una de las más típicas. Puedes escribir tres columnas con las cosas que quieres empezar a hacer (nuevos hábitos, metas, etc.), las que quieres dejar de hacer (cosas que no te han ido bien y de las que te quieres liberar) y cosas que te han ido bien y quieres continuar haciendo.
  • «Si fuera…»: aquí se trata de encontrar una metáfora que refleje el periodo de tiempo que estás revisando. Si el 2023 fuera una película (o un libro, una serie, un juego, un lugar, un meme…), ¿cuál sería, y por qué? ¿Y cuál te gustaría que fuera el 2024?
  • Six thinking hats (seis sombreros para pensar): esta es una de mis favoritas, un poco más larga y detallada que las otras dos. La idea es revisar lo que ha pasado desde seis perspectivas diferentes, como si fuéramos seis personas distintas, cada una con el sombrero de un color. Habrá formas de pensar que te salgan más naturales y otras que te cuesten más, pero lo bueno es que al final saldrás con una visión mucho más rica y más completa de los acontecimientos. Los seis sombreros son:
    • Azul: representa el proceso y la organización, es el punto de partida. Aquí puedes concretar los detalles de lo que vas a revisar, en qué te vas a enfocar, cuánto tiempo le vas a dedicar, etc.
    • Blanco: representa los hechos, los datos, los números… ¿Qué ha ocurrido durante estos últimos doce meses? Escríbelo de la forma más objetiva posible, sin entrar en juicios ni ponerle emoción.
    • Amarillo: representa lo positivo, ¿Qué cosas buenas te han pasado durante el año? ¿Qué te ha hecho ilusión? ¿Por qué das gracias?
    • Negro: representa lo negativo. ¿Qué cosas no te han ido bien? ¿Qué te ha resultado duro a lo largo del año? ¿Qué dificultades te has encontrado?
    • Rojo: representa las emociones. ¿Cómo te has sentido en este tiempo? ¿Qué alegrías, tristezas, sorpresas, enfados y disgustos the has llevado? ¿Qué encuentros y desencuentros has tenido?
    • Verde: representa la creatividad, las nuevas ideas, las posibilidades… ¿Qué quieres cambiar para este año que empieza? ¿Y de qué manera se te ocurre que lo puedes hacer?

Todas estas opciones se pueden modificar, o puedes inventarte tu propia versión, cuanto más creativa, mejor. Lo importante es crear ese espacio para reflexionar y planificar. Y para que sea efectivo de verdad, debe quedar por escrito, así que anímate a sacar papel y lápiz, bolis, post-its, rotuladores de colores, ¡y todo lo que se te ocurra! Así será más divertido.

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Regalitos

¿Qué tal se te da eso de elegir regalos?

Yo considero que regalar es todo un arte, un arte que a mí personalmente se me da fatal… De hecho, es una de las razones por las que más me estreso al llegar a estas fechas (junto con el tema de hacer las maletas para viajar, pero eso ya os lo contaré otro día).

Group of present-like boxes of different sizes on a wooden table or floor, tied with a ribbon each, seen from above

Por cierto, os pido perdón por llegar tarde con estas reflexiones, que las Navidades ya están a la vuelta de la esquina, y seguro que si la vais a celebrar ya tendréis todos los regalos solucionados… En realidad, esto que voy a decir sirve para todo el año, así que espero que os resulte útil de todas formas.

A veces nos complicamos demasiado la vida buscando el regalo perfecto para cada persona, o regalamos simplemente por regalar, por inercia, por costumbre o por compromiso. Porque es «lo que hay que hacer», porque siempre se ha hecho así. Con esta mentalidad, ¿qué es lo que nos puede pasar? Pues que acabemos por un lado con un agujero en la cuenta bancaria, y por otro, con un montón (o como diría mi madre, una pila y tres montones) de cosas que no necesitamos.

¿Y si simplificáramos un poco?

El minimalismo es algo que siempre me ha llamado la atención, y aunque no me considero minimalista del todo (mi mentalidad de «por si acaso» juega un poco en mi contra), sí que hay algunos de sus principios que suelo tener bastante en mente, empezando por el de menos cosas, menos estrés (less stuff, less stress).

Joshua Becker nos describe en su web Becoming Minimalist una manera distinta de establecer prioridades, a la hora de elegir regalos y también como normas de vida en general:

Podemos valorar…

  • Las cosas que necesitamos, por encima de las que queremos.
  • La calidad, por encima de la cantidad.
  • Las experiencias, por encima de las posesiones.

Esta propuesta nos lleva a una forma de vivir mucho más sostenible, y también nos ayuda a volver a la intención original de los regalos: crear un momento de ilusión y alegría, un momento de felicidad compartida con esa otra persona tan querida. Y si podemos hacerlo de una manera más enriquecedora, más económica y hasta más ecológica, ¿qué más se puede pedir?

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¿Y tú? ¿Qué estrategias usas a la hora de regalar (o no regalar)?

¿Por qué soy así?

¿Alguna vez os pasa que os acordáis de una canción y entráis en bucle repitiendo una o dos frases, ya sea mentalmente o en voz alta?

A mí me pasa mucho. Por ejemplo, con una canción de Orla Gartland que descubrí en la banda sonora de Heartstopper, y que me encanta: se titula Why am I like this? (Por qué soy así?), que es precisamente la frase que se repite hasta el infinito durante el estribillo 🙂

Hand holding a post-it note with the word WHY? written on it

¿Alguna vez os habéis hecho esa pregunta? Me da la impresión de que es algo que muchos nos preguntamos, y por desgracia a menudo en sentido negativo: «¿Qué es lo que me pasa? ¿Por qué soy tan raro? ¿Por qué no puedo ser más normal?»

Ahí está la trampa, en creer se existe eso de «ser normal».

Cada uno somos como somos, y existen tantas formas de estar en este mundo como habitantes tiene el planeta Tierra. Cuando tenemos esto en cuenta, la pregunta se vuelve mucho más interesante: «¿Por qué soy así? ¿Qué es lo que hace que yo sea exactamente de la manera que soy?»

Y es tan interesante precisamente porque nadie lo sabe con total seguridad. Si le preguntáramos a un antropólogo, a un neurocientífico, a un sacerdote y a un astrólogo el porqué de un comportamiento en concreto, seguro que nos darían respuestas totalmente distintas, cada uno basándose en su experiencia y en sus conocimientos. ¿Quién tendría razón? No lo sabemos. Tal vez cada uno sería capaz de ver piezas distintas de ese inmenso puzzle que es nuestra personalidad.

Ya hemos hablado otras veces en el blog de que a nuestro cerebro le encanta simplificar, porque así se hace la vida más fácil y de paso ahorra energía. Una de las formas en las que simplifica es buscando una única explicación para cada cosa, como si todo en la vida siguiera una regla directa de causa y efecto. Pero en el fondo sabemos que no es así: en cada momento existen múltiples causas y efectos influyendo unos en otros, eso es lo que hace que la vida sea tan compleja, tan variada y sobre todo tan imprevisible.

¿Y cómo contestamos entronces la dichosa pregunta?

  • Lo primero, reconociendo que nuestra personalidad es muy compleja, y que en ella influyen muchísimos factores (mi profesor de eneagrama, Alberto, lo explica como que somos como una aleación de varios metales, cada uno en una combinación única).
  • Partiendo de ahí, podemos observar, investigar, buscar patrones… La curiosidad (dejando a un lado el juicio) es lo que más nos va a ayudar a conocernos, y a conocer a los demás. Vamos a empezar a darnos cuenta de cosas.
  • De ahí van a ir surgiendo teorías y explicaciones de por qué somos como somos, y ya que no vamos a poder saber si son totalmente ciertas o no, lo mejor que podemos hacer es ir eligiendo las que más nos ayuden, y poco a poco irlas contrastando y ampliando a medida que vamos averiguando más cosas.

¿Qué os parece esta manera de plantearlo? Reconozco que yo la preguntita de «¿por qué soy así?» me la he hecho muchas veces, siempre me he sentido un poco (bastante) bicho raro. Quizá por eso me gusta tanto la canción que os comentaba.

Y sobre lo de ser normal o no, aquí os dejo un par de frases. La primera nos invita a dejar de lado nuestros prejuicios y generalizaciones y a acercarnos a las personas para poder conocerlas de verdad:

Visto de cerca, nadie es normal.

Caetano Veloso

Y la segunda me hace mucha gracia, la tengo en un imán de nevera, y me recuerda que en esto estamos todos más o menos igual:

Recordad: por lo que ellos saben, somos una familia normal.

Homer Simpson

En resumen, que en el fondo somos todos bichos raros, cada uno a nuestra manera 🙂

Amistades improbables

Esta semana me han recomendado una película. Todavía no la he llegado a ver, pero por lo que me han explicado, es la típica historia de dos personas que en principio no parecen tener nada en común, y que vienen de mundos bastante diferentes, pero que acaban desarrollando una amistad muy especial.

The hands of two people bumping fists sideways

La verdad es que a mí siempre me han parecido súper interesantes ese tipo de historias, las de amistades poco probables pero muy enriquecedoras.

Por ejemplo, me he acordado de una serie de adolescentes de los años noventa que me encantaba, precisamente por las interacciones más o menos aleatorias que iban teniendo los personajes, y por cómo sin darse cuenta (o a veces dándose cuenta pero a regañadientes) acababan haciéndose amigos. Se titulaba «My so-called life» (traducida al español como «Es mi vida»), y aunque sólo duró una temporada, nos dejó unas cuantas escenas que para mí son obras maestras.

En esta foto salen (a baja resolución, sorry) unos cuantos de los personajes:

Image from TV show "My so-called life" where a group of friends spending time together in a room

Recuerdo especialmente una conversación entre los dos chicos de la foto, Brian Krakow (el rubio) y Rickie Vasquez (el moreno), en la que se pasan un buen rato supuestamente hablando el uno con el otro, pero cada uno está dándole vueltas al tema que le preocupa; es como si en realidad estuvieran hablando por turnos consigo mismos (¿cuántas veces en la vida hacemos nosotros eso también?), y al principio parece que van totalmente cada uno por su lado, pero al final sí que te das cuenta de que de alguna manera se han estado apoyando y escuchando mutuamente… A veces, el simple hecho de que alguien te haga compañía y te escuche es lo que marca la diferencia.

Y a veces, es sorprendente todo lo que puedes llegar a tener en común con alguien aparentemente muy distinto a ti, y todo lo que puedes llegar a aprender precisamente de vuestras diferencias. En mi caso concreto, varias de esas primeras «amistades improbables» llegaron a mi vida por casualidad, y me aportaron tanto y me abrieron tanto la mente que creo que a partir de cierto momento empecé a buscarlas yo, aunque fuera inconscientemente.

¿Y qué nos aporta el tener amistades variadas, de distintos entornos, distintas formas de ser y hasta distintas edades? Pues teniendo en cuenta que las personas muchas veces aprendemos por contraste, el conocer otras perspectivas y otras formas de entender la vida nos ayuda mucho a ampliar nuestro pequeño mundo, y a darnos cuenta de que la manera en que hacemos las cosas no es la única posible ni mucho menos, sino que es una opción más entre otras muchas igualmente válidas. Esto nos da más flexibilidad y recursos a la hora de enfrentarnos con los retos del día a día, y en definitiva, nos ayuda a llevar una vida más plena.

En realidad, todo vuelve a lo mismo: cuanto más aprendemos sobre los demás y sobre nosotros mismos, más comprendemos, menos juzgamos, y más libres somos.

Todo esto sin olvidar lo maravilloso que ya es de por sí el tener amigos con los que compartir (¡Gracias!) 🙂

Como ya comenté hace un par de años en otro post, «friendship comes in all shapes and sizes» (hay amistades de todas las formas y tamaños).