Lo que mejor funciona

¿Te consideras una persona de costumbres, que suele hacer siempre las cosas de la misma manera?

Si la respuesta es que sí, tengo una frase para ti:

Hasta que no cambies tu forma de hacer las cosas no sabrás qué es lo que mejor funciona.

Roy T. Bennet

A mí esto es algo que me ha costado muchos años aprender: poco a poco he ido descubriendo que detrás de mi perfeccionismo y mi afán por hacerlo todo «bien» se escondía la creencia inconsciente de que sólo había UNA forma «correcta» de hacer cada cosa, y que si yo no acertaba a hacerlo exactamente de esa manera, me estaba equivocando, lo estaba haciendo «mal». Luego además, cuando probabla cualquier actividad nueva y no me salía bien a la primera, automáticamente daba por hecho que siempre se me iba a dar mal, y raramente le daba una segunda oportunidad,

Ya os podréis imaginar lo sumamente limitante que puede llegar a ser esto… Cuando en nuestra mente sólo hay una forma de acertar entre miles de maneras de fastidiarla, no es de extrañar que el miedo a equivocarnos nos ponga en tensión, o que incluso llegue a paralizarnos.

Pero, ¿y si le diéramos la vuelta? ¿Y si hubiera miles de maneras de acertar, o al menos miles de maneras de recopilar información para guiarnos hacia un mejor resultado?

Aquí me viene a la memoria la famosa cita del inventor de la bombilla:

No he fracasado, lo que he hecho es encontrar diez mil maneras de hacer que no funcione.

Thomas A. Edison
Woman holding a big drawing of a lightbulb, against the background of a white wall full of drawings and diagrams

Ése es precisamente el valor de la experimentación: el aprender de cada intento para acabar encontrando una solución mejor. O varias, que raramente los problemas tienen una única solución.

Pero claro, para poder probar otras maneras de hacer las cosas, primero se nos tienen que ocurrir, y a nuestro cerebro le suele dar pereza ir por caminos nuevos… Se le da mucho mejor volver a los caminos ya trillados, que le resultan más fáciles y gastan mucha menos energía.

Uno de los grandes beneficios del coaching y el autoconocimiento es que nos ayudan a vencer esa rigidez cognitiva, esa resistencia a salirnos del piloto automático. Así, al darnos cuenta de que nuestra manera de ver las cosas es sólo una perspectiva más entre otras muchas igualmente válidas, nos podemos permitir plantearnos otras posibilidades y puntos de vista, y a partir de ahí ampliar el rango de opciones y encontrar soluciones más adaptativas.

Y mientras vamos probando estrategias y diseñando soluciones que nos funcionen mejor, aprendemos a confiar en que los demás también encuentren las suyas propias. Porque al derribar el mito de «única solución perfecta», nos damos cuenta de que no tiene sentido ninguno imponer nuestro criterio a los demás: cada uno tenemos nuestro propio estilo, nuestra visión del mundo y nuestras circunstancias particulares, y lo que a una persona le funciona no tiene por qué funcionarle a otra.

Y entonces, ¿qué podemos hacer? Pues podemos compartir aprendizajes y experiencias con otras personas, explicarles lo que nos funciona, lo que no, y el por qué, contrastar puntos de vista y estrategias, y estar abiertos a probar nuevas maneras de conseguir lo que queremos o necesitamos.

Podemos incluso tomárnoslo como un experimento: si cambio esta variable, ¿qué pasa? ¿Qué cambia? ¿Mejora el resultado, o empeora? Eso sí, sabiendo que el resultado es tuyo, personal e intransferible, y que la fórmula ganadora será seguramente distinta para cada uno.

Así que, con el permiso del señor Bennet, voy a modificar ligeramente su frase:

Hasta que no cambies tu forma de hacer las cosas no sabrás qué es lo que mejor TE funciona.

¿Y tú? ¿Ya sabes lo que mejor te funciona? ¿En qué aspectos de tu vida te vendría bien experimentar un poco?

Palabras intraducibles: overthinking

Hoy os traigo un post rapidito, sin pensármelo mucho 😀

Esta palabra la cuento en mi lista de intraducibles, no porque tenga un significado especialmente complejo, sino por lo sencilla, clara y elegante que me parece en inglés:

Overthinking.

Multiple rows of empty orange sticky notes on a light purple background

En español sería algo así como «pensar demasiado», «pasarse de pensar», o si queremos expresarlo en una sola palabra, «sobrepensar»… Todas me suenan muchos más torpes que el original, pero al menos se entiende la idea, ¿verdad?

Me vienen a la cabeza recuerdos de hace años: largas tardes y noches de juegos de mesa, donde casi siempre había algún amigo (si no dos, o tres) que tardaba muchíiiiiiiisimo en decidir su siguiente jugada… Los demás enseguida empezábamos a cantar «OOOOOO-VER-THIN-KER» con la musiquilla de Movierecord, para meterle prisa.

Bueno, pues esta semana me salió en Instagram una frase sobre este tema que me pareció impresionante:

OVERTHINKING = UNDERACTING

Qué gran verdad. Cuando nos dedicamos a pensar de más, inevitablemente acabamos haciendo de menos… O no haciendo nada, que es peor.

Y claro, así no hay manera de avanzar. Darle vueltas a un problema no soluciona nada; sólo entrando acción conseguimos realmente cambiar cosas y avanzar. Así que entremos ya en acción de una vez por todas, y que pase lo que tenga que pasar.

¿Y tú, a qué le has estado dando vueltas últimamente? ¿Qué es eso que has estado pensando de más y haciendo de menos? ¿Y cuándo vas a espabilar y a entrar en acción?

Productividad

¿Qué significa para ti «un día productivo»?

Me he dado cuenta de que muchas veces juzgo qué tal me ha ido el día según haya sido productivo o no… O más bien, según yo haya sido productiva o no. ¿Te suena?

Silver letters forming the word "productive", on a background made with crumpled dark blue paper

La productividad es un tema que siempre me ha interesado, de hecho fue lo que me atrajo al mundo del desarrollo personal. Recuerdo la época en la que me dedicaba a buscar trucos y estrategias para poder llevar al día mi interminable lista de tareas. Y sí que encontré algunas herramientas que me resultaron útiles, pero sólo hasta cierto punto.

Porque en realidad, lo que me pasaba era mucho más complejo de lo que yo creía. Como suele ser el caso.

Por eso en coaching nos gusta «tirar del hilo» y escarbar un poco bajo la superficie, porque muchas veces el «problema» con el que nos viene el cliente no es sino el síntoma de un conflicto o desequilibrio más profundo, del que él mismo no es consciente. Por ejemplo, los problemas de gestión del tiempo suelen ser en el fondo problemas de gestión de prioridades, y la procrastinación puede deberse a prioridades o valores contradictorios.

Un recurso que utilizamos mucho en coaching es formular preguntas como la del principio de este artículo: «¿Qué siginifica X para ti?» Puede parecer una tontería, pero las palabras al fin y al cabo son símbolos que representan cosas, y cuando se trata de términos más o menos abstractos, nuestro pensamiento es mucho más complejo que las palabras con las que lo expresamos. Así, desmenuzando el significado de la palabra y explicándolo en voz alta (o escribiéndolo), nos podemos dar cuenta de cosas muy interesantes.

Por ejemplo, el concepto de productividad está asociado a la acción de «producir», y me he dado cuenta de que yo antes consideraba que una persona sólo era productiva cuando «producía» algo tangible, algo medible.. Al empezar mi carrera profesional, primero como programadora y luego como analista de sistemas, me era fácil saber si estaba siendo productiva o no, porque tenía documentos, diagramas y líneas de código que lo demostraban. Pero al ir avanzando hacia otro tipo de puestos, las reglas del juego cambiaron de repente: había más reuniones y las tareas estaban menos definidas, y yo me encontraba más bien perdida; a menudo llegaba al final del día con la sensación de no haber aportado nada.

Después, poco a poco, fui adaptándome y redefiniendo mi idea de productividad. Me llevó años quitarme de encima la idea de que el tiempo que pasaba «charlando con la gente» (= en reuniones, especialmente reuniones individuales, uno a uno) no contaba como trabajo, porque no estaba produciendo nada. Ahora sé que el hablar con mis compañeros y fomentar las relaciones laborales no sólo no es una pérdida de tiempo, sino que es parte esencial de mi trabajo, y que marca una gran diferencia a la hora de sacar los proyectos adelante. Ahora que ya conozco el poder transformador de una buena convesación, es de lo que más disfruto.

¿Y fuera del trabajo? Pues me he dado cuenta de que en mi vida personal también tiene mucho peso esa necesidad constante de producir, y que todavía me cuesta priorizar el descanso, el ocio y el autocuidado en el mismo nivel de importancia que otras cosas «que hay que hacer». En cuanto me descuido, me lleno las tardes y los fines de semana de tareas que completar, para poder decir al llegar la noche que ha sido un día productivo… Pero lo bueno es que ahora ya soy consciente de ello, y poco a poco lo voy equilibrando, teniendo además cuidado de no caer en la culpa.

Y tú, ¿qué opinas? ¿Es importante para ti la productividad? ¿Y cómo la mides?

Ádh Mór

Este sábado hemos estado en la despedida de nuestros amigos María y Miguel, que tras dieciocho años de aventuras en Irlanda, han decidido volverse a España a seguir viviendo todavía más aventuras. Y el lugar elegido para la celebración no podía ser más oportuno: el Market Bar, precisamente donde nos conocimos y formamos pandilla a los pocos meses de llegar a Dublín.

Todo empezó gracias a la web de Spaniards, una comunidad pionera de españoles por el mundo creada por nuestro amigo y anttiguo compañero de universidad Eneko Alonso (¡gracias Eneko!), allá por 2005. En la web había foros por países, y poco a poco el foro de Irlanda se fue animando mucho, había mucha participación y muy buen rollo, y en algún momento a alguien se le ocurrió organizar una quedada en un bar de Dublín.

La primera quedada mensual de españolitos en el Market Bar fue en noviembre de 2006; lo recuerdo muy bien porque estaba yo embarazadísima de Irene, nuestra hija mayor, y de hecho, la segunda quedada nos la perdimos por estar Irene recién nacida. Pero a partir de la tercera volvimos, y a partir de ahí ya casi nunca nos la perdíamos, incluida la edición especial «desfile de San Patricio» que hicimos en marzo de 2007.

Recuerdo que conocí a Miguel en aquel desfile de San Patricio, y a María, en la quedada siguiente. El sistema era básicamente aparecer allí en el punto de encuentro en el día y la hora señalados, y empezar a hablar con los otros españolitos, a menudo presentándonos con nuestros nombres de usuario de Spaniards, para poder reconocernos: cornflakegirl, bigfredi, triskitas, miguev, flekiboy… Yo, por supuesto, era binarybea.

Igual todo esto no te suena muy raro porque hoy en día es de lo más normal conocer gente por internet, pero créeme, en aquella época era muy poco convencional. Menos mal que éramos todos un poco frikis, y que además tuvimos muchísima suerte, porque de aquellas quedadas interminables (nos quedábamos horas y horas charlando) salieron no sólo muchas y muy buenas amistades, sino también alguna que otra pareja. 🙂

Cierto es que luego, con el paso de los años, nos hemos ido desperdigando un poco: algunos nos quedamos en Irlanda, otros dieron el salto a otros países como Suiza, el Reino Unido o Estados Unidos, otros se volvieron a España… Pero también es cierto que han ido llegando otros amigos, nuevas incorporaciones a nuestra pandilla de españolitos.

Es maravilloso poder conectar con personas afines, sobre todo cuando estás en un entorno extraño. Por desgracia, la web de Spaniards hoy en día ya no existe, pero por suerte, hay muchas otras opciones: grupos de Facebook, Instagram y otras plataformas donde los nuevos habitantes de la Isla Esmeralda pueden compartir información y hacer amigos.

Ahora María y Miguel cambian la aventura irlandesa por una nueva aventura española. ¡Buena suerte chicos! Ádh mór!

Drawing of a four leaf green clover on a white background, with the words "Ádh Mór!" ("good luck" in Irish) written on it in white letters

La aventura es valiosa en sí misma.

Amelia Earhart