Recta final (del año)

Se acaba noviembre y llega diciembre, el último mes del año.

¡Ya sólo queda un mes de 2025! Entramos en la recta final; dentro de nada estaremos estrenando el 2026.

(Foto de la página de diciembre del calendario que tengo en la puerta de mi cocina. Tener un calendario en la puerta de la cocina es una de esas costumbres de toda la vida en mi familia, y sé que puede parecer un poco antiguo, ahora que tenemos Google Calendar y demás moderneces, pero a mí me sigue gustando mucho tener un calendario físico en casa, igual que tengo una pizarra gigante para apuntar cosas y relojes en casi todas las habitaciones.)

Hoy me ha dado por mirar lo que escribí en el blog a principios de este mismo año, y me he encontrado con algo que me propuse en el mes de enero, que sinceramente ya se me había olvidado… O en realidad no, porque es un tema que siempre tengo muy presente, y en el que considero que voy mejorando. Pero sí que me olvidé de que había decidido que ese sería mi hilo conductor para este año, mi foco de atención: el 2025 iba a ser el año de… Decluterear.

¿Y qué fue lo que pasó? Pues ahora que lo pienso, dos cosas:

  • La primera, que no me puse objetivos concretos en los que trabajar; me quedé con un propósito demasiado genérico y «en el aire», sin «aterrizarlo» en tareas específicas y medibles (que por cierto, es lo que pasa muchas veces con los famosos propósitos de año nuevo).
  • Y la segunda, que no hice un seguimiento a lo largo del año; empecé con muy buen pie, pero luego, por el camino fueron apareciendo otros problemas que solucionar, otras tareas que atender y otros objetivos que conseguir, dejando a un lado lo que hace un año me parecía tan importante. ¿Te suena la historia?

Como dicen en inglés, life got in the way («se metió la vida por medio»), como suele pasar. Pero precisamente porque sabemos que es lo que suele pasar, porque sabemos que la vida va cambiando y nuestras prioridades también, por eso es tan importante tener un método que nos ayude a ajustar el rumbo y a seguir avanzando sin perder el norte.

La buena noticia es que siempre es buen momento para tomar (o retomar) el timón, hacer balance de la situación y actuar en consecuencia. En este caso, todavía me quedan treinta días para enfocarme en liberar espacio, tanto físico como mental, emocional y hasta espiritual. Así que, dándole la vuelta a la frase:

¡Todavía queda un mes de 2025! ¿Cómo lo vas a aprovechar?

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