Doce uvas

¡Mañana es Nochevieja! ¿Ya tienes preparadas las uvas?

Este es uno de mis momentos favoritos del año. El otro día me preguntó un compañero si tenía pensado seguir la tradición española de comer doce uvas al sonar las campanadas de medianoche, y por supuesto, la respuesta fue que sí.

Photo of Madrid´s "Puerta del Sol" (the Sun Gate) at night time

(Aviso: esta foto no es de ahora, la saqué hace dos años, pero pega muy bien con el tema de hoy. Es el reloj de la Puerta del Sol, en el centro de Madrid, desde donde se retransmiten todos los años las campanadas de fin de año).

Hay una canción del grupo Mecano que refleja muy bien el espíritu de esta noche, y tanto es así que la propia canción se ha convertido en parte de la tradición de Nochevieja, al menos en nuestra familia. Aquí os dejo los versos que más me resuenan en estos momentos:

Y al preparar las uvas hay algunos nuevos,
a los que ya no están echaremos de menos.
Y a ver si espabilamos los que estamos vivos
y en el año que viene nos reunimos.

Feliz salida y entrada de año; celebremos el camino recorrido en 2024, y brindemos por un próspero 2025. ¡Salud!

Felices fiestas

Un año más, llegó la Navidad, ¡felices fiestas!

(Esta foto es de un pequeño belén de imanes de nevera que nos regaló mi madre hace muchos años; los Reyes Magos no salen en la imagen pero vienen ya de camino).

Photo of a little nativity scene made of fridge magnets - baby Jesus, Mary, Josef, the guiding star and the ox and ass

Recordemos que esta es una época del año en la que se remueven muchas cosas, y surgen emociones de todo tipo. Puede haber mucha alegría y entusiasmo, sobre todo si hay niños en casa, o si nos reencontramos con familia y amigos. Pero también, dependiendo de cómo nos pille, puede haber estrés, tristeza o melancolía, haciendo que las fiestas se nos hagan un poco cuesta arriba. Y esa imagen idealizada de paz y amor que nos venden en las películas la verdad es que no ayuda.

Sea cual sea tu situación, te mando un abrazo muy fuerte, y te propongo que de aquí a Reyes sigas una estrategia muy sencilla que se resume en tres palabaras: RECONOCER, ACEPTAR y ELEGIR.

  • Reconocer el momento en el que nos encontramos (desde el punto de vista emocional, mental, de salud física, etc.), y las expectativas que tenemos para estas Navidades.
  • Aceptar que lo más probable es que no se cumplan esas expectativas, sino que haya imprevistos y cosas que no salgan como nosotros queremos.
  • Y partiendo de ahí, elegir cómo queremos abordar estos días, soltando ideas preconcebidas de «lo que debe ser», y recibiendo, agradeciendo y viviendo lo que es.

Yo personalmente elijo fluir y disfrutar del momento, tal vez cambiando tradiciones o creando otras nuevas.

¿Y tú? ¿Qué decides para estos días? ¿Aceptas el reto de vivir unas Navidades un poco más conscientes y auténticas?

Hace exactamente 18 años…

… Una gran aventura estaba a punto de empezar.

Irene, nuestra hija mayor, estaba a punto de nacer.

Y nosotros estábamos a punto de convertirnos en padres.

Photo of a number 18 drawn on a birthday card, with a champagne bottle and two glasses

Recuerdo con mucho cariño aquella noche: esa mezcla de emociones y expectación que sentía mientras me paseaba por los pasillos del Rotunda, navegando contracciones. Tuve la inmensa suerte de que las dos comadronas que me atendieron eran españolas (y además, encantadoras), lo cual me hizo sentirme como en casa.

Y justo cuando pensaba que ya no iba a poder aguantar más, nació Irene, poco después de medianoche. Agotamiento, alegría, y un té con tostadas que me supieron a gloria (eso es costumbre aquí en Irlanda, té con tostadas para reponerse del parto, surrealista pero muy efectivo).

Nuestra gran aventura había empezado. Una familia. Una personita nueva a la que querer y cuidar.

No teníamos ni idea de lo que nos depararía el futuro, pero pasara lo que pasara, estábamos dispuestos a cumplir lo mejor posible con nuestro papel de padres, y así lo hicimos. Y así lo seguimos haciendo, con ella y con sus hermanas. Equivocándonos mucho, por supuesto, y aprendiendo tanto o más que ellas. Los hijos son de los mejores maestros que se puede uno encontrar.

Dieciocho años después, Irene se ha convertido en una joven extraordinaria de la que estoy sumamente orgullosa: es amable, cariñosa, divertida, inteligente, responsable, y muchas, muchísimas cosas más. Ahora le toca empezar a soltarse de nuestra mano y tomar algunas decisiones por sí misma, empezando por elegir carrera y universidad. Estoy completamente convencida de que, haga lo que haga en la vida, le va a ir fenomenal.

Muchas felicidades Irene, te queremos muchísimo, y siempre vamos a estar ahí para apoyarte en tu camino. Muchos besos.

En casa

Este fin de semana han venido a Dublín Enrique y Blanca, unos amigos de la familia que conozco de toda la vida, y que nunca habían estado en Irlanda. Me ha hecho mucha ilusión verles y pasar la tarde juntos (¡gracias chicos!), y también me ha encantado poder enseñarles nuestra casa.

Photo of a brown rectangular doormat with the word LOVE spelled in uppercase in black letters, replacing the letter O with a red heart

Con el tema de enseñar la casa me ha pasado un poco lo de siempre (aunque creo que ya lo voy empezando a superar, o al menos eso espero): me pongo a comparar con las expectativas en mi cabeza, o con lo que yo creo que pueden ser las expectativas de los demás, y claro, me parece que la casa podría estar más limpia, más ordenada, mejor organizada, mejor decorada, con mejores muebles, puesta con más estilo, etc., etc., etc.

Así que, antes de entrar, siento la necesidad de rebajar las expectativas, y les explico que no es una casa bonita como para enseñar a las visitas, sino una casa funcional, para vivir, y donde además viven niños, así que hay cierto grado de desorden. Normalmente la gente contesta quitándole importancia, con comentarios del tipo «¿y a esto lo llamas desorden? Deberías ver cómo está mi casa», lo cual se agradece. Pero la respuesta de hoy me ha gustado muchísimo más:

«Entonces lo que tú tienes no es una casa, es un hogar.»

Y efectivamente, tienen razón. Porque lo que sí que es mi casa es muy acogedora, y muy cómoda a su manera. Sin grandes lujos, pero espaciosa y muy agradable. Es un lugar donde uno puede relajarse y sentirse a gusto. Y donde a quien viene no se le trata como «visita», sino como a uno más de la casa.

Nuestra casa. Nuestro hogar. Donde podemos ser nosotros mismos, recargar baterías, descansar y disfrutar.

Así que me he puesto a buscar citas que tuvieran relación con el tema, y además de los típicos tópicos que no voy a repetir, me han llamado la atención estas tres:

El hogar es un refugio contra todo tipo de tormentas.

William J. Bennett

La magia de tu casa es que te sientes bien al marcharte y todavía mejor al regresar.

Wendy Wunder

Que tu casa sea tu mástil, y no tu ancla.

Kahlil Gibran

Y tú, ¿te sientes a gusto en casa?

Una llamada al amor: lirios del campo

Hoy comparto con vosotros otra de las meditaciones que más me gustan de Anthony de Mello en su libro Una llamada al amor: la número veintiocho (puedes leer las anteriores aquíaquíaquí y aquí).

Esta reflexión está dedicada a todos los que nos preocupamos un poco de más algunas veces por el futuro… A ver qué te parece, y a ver que opinas también de mis comentarios al final.

Close up photo of two orange lilies against a green background

«Por eso es digo: no andéis preocupados por vuestra vida… Mirad las aves del cielo… Fijaos en los lirios del campo…» (Mt 6, 25ss)

En un momento o en otro, todo el mundo experimenta sensaciones de lo que conocemos con el nombre de «inseguridad». Te sientes inseguro de la cantidad de dinero que tienes en el banco, de la cantidad de amor que obtienes de tus amigos, de la educación que has recibido… O tienes sentimientos de inseguridad en relación a tu salud, a tu edad, a tu apariencia física. Si te preguntaran: «¿Qué es lo que te hace sentirte inseguro?», casi con toda certeza darías una respuesta errónea. Tal vez dirías: «tengo un amigo que no me quiere lo suficiente», o «no tengo la formación académica que necesitaría», o algo por el estilo. En otras palabras, aludirías a algún condicionante externo, sin darte cuenta de que los sentimientos de inseguridad no se deben a nada exterior a ti, sino únicamente a tu «programación» emocional, a algo que tú te dices a ti mismo mentalmente.

Si cambiaras tu «programa», tus sentimientos de inseguridad se desvanecerían en un santiamén, aun cuando todo lo existente en el mundo exterior a ti permaneciera exactamente igual que antes. Hay personas que se sienten absolutamente seguras sin tener un duro en el banco, mientras que otras se sienten inseguras a pesar de tener millones. Lo importante no es la cantidad de dinero, sion la «programación». Hay personas que no tienen amigos y, sin embargo, se sienten perfectamente seguras del amor de la gente; otras, en cambio, se sienten inseguras aunque gocen de las más posesivas y exclusivas relaciones del mundo. Una vez más, la diferencia viene marcada por la «programación».

Si quieres hacer frente a tus sentimientos de inseguridad, hay cuatro hechos que debes examinar y comprender:

Primero: es inútil que trates de mitigar tus sentimientos de inseguridad intentando cambiar las cosas exteriores a ti. Puede que tus esfuerzos se vean coronados por el éxito, aunque no es eso lo más frecuente; puede que consigas al menos algún alivio, pero éste no será muy duradero. No merece la pena, por tanto, que gastes tus energías y tu tiempo en mejorar tu apariencia física, en hacer más dinero o en asegurarte del amor de tus amigos.

Segundo (y éste es un hecho que te hará atacar el problema donde realmente se encuentra: en tu interior): hay personas que, a pesar de encontrarse en las mismísimas condiciones en que tú te encuentras ahora, no sienten la menor inseguridad. Esas personas existen, y seguramente conoces a alguna. Por consiguiente, el problema no depende de la realidad exterior a ti, sino de ti mismo, de tu «programación».

Tercero: debes comprender que esa «programación» te ha sido impuesta por personas inseguras que, cuando aún eras muy joven e impresionable, te enseñaron, con su comportamiento y con sus reacciones de pánico, que siempre que el mundo exterior no se ajuste a una determinada norma, debes crear en tu interior una confusión emocional llamada «inseguridad» y hacer cuanto esté a tu alcance por reordenar dicho mundo exterior: hacer más dinero, buscar más motivos de tranquilidad, aplacar y agradar a las personas a las que has ofendido…, con el fin de que desaparezcan los sentimientos de inseguridad. El simple hecho de caer en la cuenta de que no tienes que hacer semejante cosa, de que el hacerlo no resuelve realmente nada, y de que la confusion emocional se debe exclusivamente a ti y a tu cultura, hará que te distancies del problema, y obtendrás un considerable alivio.

Cuarto: siempre que te sientas inseguro acerca de lo que puede depararte el futuro, limítate simplemente a recordar que en los últimos seis o doce meses has estado igualmente inseguro acerca de los acontecimientos que habrían de producirse, y que cuando, finalmente, éstos se produjeron, te las arreglaste para dominarlos de un modo u otro, gracias a las energías y recursos que acumulaste en el momento, y no gracias a toda tu anterior preocupación, que únicamente sirvió para hacerte sufrir innecesariamente y para debilitarte emocionalmente. Por consiguiente, intenta decirte a ti mismo: «Si hay algo que pueda hacer ahora con respecto a mi futuro, lo haré. Fuera de eso, me limitaré a dejarle que siga su curso y me dedicaré a disfrutar del momento presente, porque la experiencia me ha enseñado que sólo puedo hacer frente a las cosas cuando éstan se presentan, no antes de que ocurran, y que el presente me proporciona siempre los recursos y la energía necesarios para afrontarlas».

La desaparición definitiva de los sentimientos de inseguridad sólo se producirá cuando hayas adquirido esa bendita capacidad de las aves del cielo y de los lirios del campo para vivir plenamente el presente, momento a momento; porque el instante presente nunca es insufrible, por muy doloroso que sea. Lo que sí es insufrible es lo que tú piensas que va a suceder dentro de cinco horas o de cinco días; e insufribles son también esas palabras que no dejas de repetir en tu interior: «¡Es terrible!»; «¡Es insoportable!»; «¿Cuánto tiempo va a durar esto?»… y cosas parecidas. Las aves y las flores tienen la ventaja sobre los humanos de que no tienen el concepto del futuro, ni palabras en sus mentes, ni preocupación alguna por lo que sus semejantes piensen de ellos. Por eso son imágenes perfectas del reino. No te inquietes, pues, por el mañana, porque el mañana ya cuida de sí. Cada día tiene su propia malicia. Busca el reino por encima de cualquier otra cosa, y todo lo demás se te dará por añadidura.

¿Qué pensamientos te han surgido al leer estas líneas? Esto es lo que me ha venido a la cabeza a mí:

  • Como podéis ver, la idea de cambiar nuestra «programación», o sea, de reprogramar nuestra mente y con ello nuestra vida, no es nueva, ni muchísimo menos. Se basa en principios ancestrales que han ido tomando nombres diferentes con el paso de los años (o de los siglos).
  • Por mucho que diga aquí que podemos librarnos por completo del sentimiento de inseguridad, yo la verdad es que no creo que sea del todo posible: si está en nuestra naturaleza el preocuparnos por el futuro, de vez en cuando nos seguiremos preocupando. Lo que sí creo que es cierto es que el poder reconocer las creencias limitantes que nos provocan la mayoría de las preocupaciones nos va a permitir reencuadrarlas y tomárnoslas de otra manera, aligerando su carga y dándonos más opciones a la hora de elegir cómo actuar en cada situación.
  • Y por supuesto, está fenomenal tener metas y marcarse objetivos en la vida; es lo que nos permite avanzar. La clave es preguntarnos si estamos actuando desde un sentimiento de carencia y necesidad (porque entonces nada que hagamos será nunca suficiente), o desde la abundancia, sabiendo que seguiremos estando bien pase lo que pase, aunque no lo consigamos.

Bueno, ¿y tú qué opinas? Si te apetece compartir tus reflexiones, adelante, soy toda oídos.