La semana pasada, durante una clase de eneagrama, surgió una conversación muy interesante sobre cómo nos relacionamos cada uno con el concepto de poder.
¿Qué se te pasa a ti por la cabeza cuando oyes la palabra «poder»?
A menudo la asociamos con ideas negativas, ¿verdad? Opresión, abuso, obligar a otros a obedecer por la fuerza… Y así, puede que desarrollemos la creencia de que el poder es algo malo, algo que no deberíamos tener o buscar.
Pero no tiene por qué ser así.
En realidad, el poder no es otra cosa que la capacidad de producir un resultado (gracias Mario por esta definición), o en otras palabras, de conseguir que las cosas que queremos salgan adelante.
Afortunadamente, todos tenemos el poder de conseguir cosas en la vida, aunque a veces no sepamos cómo hacerlo, ni por dónde empezar. Tenemos poder para cambiar, y cambiando nosotros, cambiamos nuestras circunstancias e influimos en nuestro entorno.

(Artilugio visto en el barco de vapor S. S. Nomadic, expuesto junto al museo del Titanic en Belfast. Servía para controlar la potencia utilizada para hacer avanzar o girar el barco.
Ahora bien, esto no es algo que suceda por arte de magia, ni de la noche a la mañana: cambiar requiere trabajo y esfuerzo consciente; requiere tiempo, paciencia y perseverancia. Y sobre todo, requiere algo que puede que nos cueste bastante: dejarnos de excusas y tomar ya de una vez las riendas de nuestra vida.
Hoy me han recordado una frase que dice: «aquello que no estás cambiando, lo estás eligiendo» (¡gracias, Orla! Según Google, la cita es de Laurie Buchanan). Un poco radical, ¿verdad? Pero muy cierto.
Más radical todavía es esta otra idea de Erica Jong, de la que conocía la última frase pero no el párrafo entero:
¡Nadie a quien culpar! Por eso la mayoría de la gente llevaba vidas que detestaban, con gente a la que odiaban. ¡Qué maravilla, tener a alguien a quien culpar! ¡Qué maravilla, vivir con tu archienemigo! Aun siendo desgraciado, sientes que siempre llevas la razón. Aun estando roto, te crees absuelto de toda culpa. Pero si tomas tu vida en tus propias manos, ¿qué sucede? Algo terrible: no hay nadie a quien echarle la culpa.
Ay, qué fácil nos resulta a veces culpar a otros, o a la vida, de nuestras circunstancias, sin reconocer cómo hemos contribuido a crear esa situación. La buena noticia es que, una vez que rompemos el hábito de culpar a los demás, dejamos también de sentirnos a su merced, y recuperamos el poder sobre nuestra propia vida, aunque sobre todo al principio nos resulte incómodo. Esta también es una tarea que requiere esfuerzo e intención consciente, y sobre todo, mucha autocompasión; porque, una vez que nos damos cuenta de cómo hemos llegado hasta donde estamos y dejamos de culpar a los demás, a menudo lo que hacemos es culparnos nosotros. Y eso, lejos de ayudarnos, nos puede hundir y paralizar todavía más.
Pero, como me dijo una vez un buen amigo (gracias, Hernán): no lo mires en términos de culpa, míralo en términos de responsabilidad. Llegaste hasta aquí haciéndolo lo mejor que pudiste con la información y los recursos que tenías en cada momento. Ahora que ya sabes un poco más, de ti depende tomar mejores decisiones y adquirir mejores recursos que te lleven (o al menos, te acerquen) a los resultados que tú quieres.
El momento en el que asumes responsabilidad total por tu vida
Hal Elrod
es el momento en el que adquieres el poder
para cambiar cualquer cosa en ella.
Ahora que ya lo sabes, ¿estás dispuesto a empezar a usar tu poder, sin excusas y dejando a un lado la culpa? Si quieres adquirir recursos que te ayuden a conseguir lo que buscas, échale un vistazo a mi página de servicios.