Gracias, gracias, gracias

Esta semana se va a celebrar Acción de Gracias en Estados Unidos, así que es una ocasión estupenda para volver a hablar del agradecimiento.

Digo «volver a hablar» porque éste es un tema que ya hemos tratado varias veces en el blog, como no podría ser menos. Y es que el agradecimiento es una herramienta de desarrollo personal tan sencilla como poderosa; por eso la recomiendo como una de las apps esenciales que nos podemos r«instalar» en nuestro disco duro particular.

La gratitud es un músculo que hay que ejercitar, a ser posible, todos los días, y que requiere un esfuerzo consciente de atención hacia lo positivo y lo provechoso de cada situación. Puede que haya momentos sobre todo al principio, en los que nos cueste un poco (o mucho) encontrar cosas por las que dar gracias, pero la clave está en seguir buscando y en recordar que siempre, siempre, SIEMPRE hay algo, por pequeño e insignificante que nos parezca.

O puede ser que el regalo del día venga como una enseñanza disfrazada de reto o de dificultad, y que tardemos un poco en darnos cuenta. Sea como sea, poco a poco, con tiempo, paciencia y mucha práctica, irán apareciendo cada vez más motivos por los que estar agradecidos, y nos iremos sintiendo cada vez más afortunados.

Cuando la vida te sea dulce, da las gracias y celébralo.
Y cuando la vida te sea amarga, da las gracias, y crece.

Shauna Niequist

¿List@ para empezar? No hace falta que sea un ritual muy elaborado, puede ser tan sencillo como preguntarte cada noche antes de dormir, como les pregunto yo a mis hijas: ¿por qué damos gracias hoy?

Y aquí en la foto puedes ver mi respuesta de hoy; yo doy gracias por estas tres señoritas:

Photo of my three daughters from the back, while walking on the street

Obligación o elección

La semana pasada se me quedó en el tintero un comentario sobre la diferencia entre tener que hacer algo y elegirlo. Yo estaba convencida de que ya había escrito de este tema aquí en el blog, pero no he sido capaz de encontrar dónde, así que aquí va mi reflexión de hoy, aun a riesgo de repetirme.

Piensa por un momento en todas las cosas que tienes que hacer hoy, o esta semana, o en tu día a día habitual. Si tienes tiempo, siéntate con un papel y un boli y haz una lista lo más completa posible, empezando cada línea con las palabras «Tengo que…».

Ejemplos:

  • Tengo que madrugar mañana.
  • Tengo que ir al trabajo.
  • Tengo que preparar la comida.
Photo of an empty train station at sunrise, with two tracks and a platform. Behind the platform fence y can see a field, and above it all, a light blue sky with orange reflections on the low clouds

(Foto del amanecer desde la estación de Adamstown, un día que madrugué para coger el tren a Dublín).

Ahora lee detenidamente esa lista.

¿Cómo te sientes?

Yo recuerdo hacer este ejercicio hace unos años y sentir todos esos «tengo que» como un peso enorme sobre mis hombros, como una losa que me aplastaba y no me dejaba otra alternativa más que cumplir con mi obligación.

Porque esa es la idea implícita, que cada «tengo que» es una obligación. Y pasarse el día cumpliendo obligaciones no sólo es aburrido/agobiante/deprimente (elige el adjetivo que más te resuene), sino que además nos resta energía, y a la larga resulta agotador.

Pero, ¿y si pudiéramos pensar en esas tareas de una forma que nos motivara, en lugar de aburrirnos, agobiarnos o deprimirnos?

Aquí es donde entra en juego el poder transformador de la palabra. Porque las palabras importan, y mucho. Las que pronunciamos hacia afuera y las que nos decimos por dentro, que al fin y al cabo son nuestros pensamientos.

Prueba a escribir otra vez la misma lista, pero en lugar de empezar cada línea con «tengo que…», empiézala con «elijo…»:

  • Elijo madrugar mañana.
  • Elijo ir al trabajo.
  • Elijo preparar la comida.

Lee detenidamente esta nueva lista. ¿Qué te parece?

Lo que acabas de hacer es convertir cada tarea de tu día en una elección, en lugar de en una obligación. Pero sólo cambiar las palabras no es suficiente: tenemos que darnos cuenta de que de verdad somos nosotros los que decidimos hacer todas esas cosas, al igual que decidimos no hacer otras. Y asumir esa responsabilidad.

Porque aunque a menudo nos parezca que no tenemos otra elección, en realidad, la inmensa mayoría de las veces (por no decir siempre), sí que la tenemos. Así que el siguiente paso es observar esas tareas una por una, ver qué otras opciones hay, y analizar las consecuencias (tanto a corto como a largo plazo) de cada una de esas opciones. ¿Estoy dispuesto a asumir las consecuencias de no madrugar, de no ir a trabajar, de no cocinar?

Puede que te encuentres con que algunas de tus tareas no son tan imprescindibles como tú creías; quizá son cosas que has seguido haciendo por inercia sin plantearte si siguen teniendo sentido, o tal vez algo que te propusieron (o te impusieron) en algún momento y que tú aceptaste sin cuestionarlo. El darte permiso para elegir algo diferente a partir de ahora ya puede aligerar un poco tu carga.

Estupendo, ¿y para las demás? ¿Qué pasa con esas tareas de la lista para las que no es viable elegir otra opción? Lo que puedes hacer en esos casos es reafirmar tu motivación, tu para qué, el beneficio que te va a traer (o el perjuicio que te va a evitar) esa tarea:

  • Elijo madrugar mañana para poder dedicarme un poco de tiempo, organizarme y sentir que tengo control sobre mi día (o bien: cuando no madrugo tengo que ir a prisas y a carreras, empiezo el día ya sintiendo que voy atrasada y me estreso más, así que elijo madrugar).
  • Elijo ir al trabajo para ganarme el salario, y además, sentirme realizada y crecer como profesional (o bien: si no voy a trabajar, acabarán despidiéndome y no podré pagar la hipoteca ni irme de vacaciones, y puede que no encuentre otro trabajo que me guste, así que elijo ir a trabajar).
  • Elijo preparar la comida para que mi familia y yo llevemos una dieta equilibrada y nos mantengamos sanos y con energía (o bien: si no preparo comida casera con antelación, acabaremos comiendo de cualquier manera, y a la larga tendremos problemas de salud, así que elijo cocinar).

¿Qué te parece? ¿Notas la diferencia entre percibir las cosas como una obligación frente a abrazarlas como nuestra propia elección?

Tan solo un comentario más: si te cuesta mucho utilizar el «elijo…» porque te suene demasiado forzado, otra alternativa al «tengo que…» puede ser simplemente decir «voy a…». Así no te quedas enganchado en si lo decides tú o lo deciden por ti: lo vas a hacer, se queda hecho, y punto. ¡Misión cumplida!

La mayor arma contra el estrés es nuestra habilidad para elegir un pensamiento sobre otro.

William James

Poniéndome al día (o al menos intentándolo)

Estos últimos días he tenido mucho lío en el trabajo, y también en casa. Por suerte, la mayoría ha sido lío «del bueno»: proyectos que me ilusionan, conversaciones interesantes, encuentros con amigos y actividades en familia.

Pero no deja de ser mucho lío, para mí que soy más bien tranquila (o que institntivamente busco tranquilidad). Y no han sido solamente unos días, han sido más bien semanas, o meses… Y no tiene pinta de que vaya a aflojar pronto.

¿Te suena? ¿Te sientes identificad@?

Photo of a wall clock

Yo, por un lado, me alegro, porque me resulta mucho más fácil mantenerme activa cuando «hay cosas que hacer». Por otro lado, me da la sensación de llevar meses esperando una tranquilidad que no acaba de llegar, y me gustaría bajar un poco el ritmo para que pueda seguir siendo sostenible.

Esta mañana, pensando en esto, me he acordado de una frase con la que me identificaba mucho hace años, y que hoy elijo interpretar de una manera completamente distinta. Resulta que ya había escrito un artículo sobre esta cita, pero me da igual, la voy a poner otra vez:

Dios me puso en este mundo para conseguir un cierto número de cosas – ahora mismo voy con tanto retraso que no me voy a morir nunca.

Bill Watterson

(Por cierto, nunca se me había ocurrido investigar al autor, resulta que Bill Watterson es el creador de Calvin y Hobbes, una tira cómica que llevo años queriendo leer, a ver cuándo me decido de una vez y les pido prestados los libros a Fredi y a las niñas).

¿Qué te parece la frase? A mí me encanta, me parece de un humor muy sutil y muy inteligente. Y en tiempos, reflejaba perfectamente mi sensación constante de no llegar, de pasarme el día corriendo de un lado para otro haciendo cosas y aun así no conseguir nunca estar al día. Sólo pensar en todo lo que «tenía que hacer» me resultaba agotador…

Hoy, quince años después y con unas cuantas herramientas más en mi mochila, decido plantearme este tema de una manera que me dé energía en lugar de quitármela:

  • Sí, hago muchas cosas todos los días, pero las hago porque yo elijo hacerlas (¿que no hemos hablado todavía de la diferencia entre «tener que» y «elegir»? Pues ya tenemos tema para la semana que viene).
  • Ya no intento hacerlo siempre todo, porque me he dado cuenta de que es materialmente imposible. He aprendido a ser más flexible y a ir adaptando los planes según las necesidades del día y mis prioridades (más sobre prioridades aquí)
  • El cuidarme yo y mantener la batería bien cargada es parte obligatoria de mi lista de prioridades (como esto no se cumpla, vamos de mal en peor).
  • Muchas de las cosas que hago me hacen ilusión, y para las que no me entusiasman, el recordar para qué las hago y por qué son importantes me ayuda a motivarme.

¿Soy ahora más productiva gracias a todo esto? Pues sinceramente, no lo sé, no sé si estoy consiguiendo más o menos de lo que conseguía hace quince años, mi vida ha cambiado mucho desde entonces. Pero lo que sí sé es que sufro mucho menos y que estoy disfrutando mucho más del camino, aunque a veces también esté cansada.

¿Y lo de ir con retraso? Eso siempre es relativo: ¿con qué o con quién me estoy comparando? El 99% de las veces, con una versión imaginaria y perfecta de mí misma que nunca voy a poder alcanzar… Seguramente nunca pueda llegar a desactivar del todo esa vocecita interna de la autocrítica, pero lo que sí puedo es darme cuenta de lo poco realista que es a veces, y de que no siempre se merece que le haga mucho caso.

Con retraso o sin él, lo que a mí me transmite esta frase a día de hoy son ganas de vivir: hay muchas cosas que quiero hacer, muchos proyectos que quiero emprender, muchas metas que quiero conseguir, muchos encuentros que quiero disfrutar. Y eso me va a dar energía vital (si Dios / el Universo quiere) para vivir muchos, muchos años.

Una llamada al amor: sufrimiento y gloria

Continuamos con nuestra serie de meditaciones destacadas de Anthony de Mello en su libro Una llamada al amor: hoy comparto con vosotros la meditación número veintiséis (puedes leer las anteriores aquí, aquí y aquí).

Por cierto, quiero aclarar que aunque estas reflexiones partan de un contexto aparentemente cristiano (empezando siempre con una cita de la Biblia), en realidad su contenido es mucho más espiritual que religioso, así que, sean cuales sean tus creencias, te animo a seguir leyendo y a sacar tus propias conclusiones.

Photo of tree trunks and branches in a wooded area

Vamos allá:

«¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?» (Lc 24, 26)

Piensa en algunos de los acontecimientos dolorosos de tu vida. ¿Cuántos de ellos son hoy para ti motivo de agradecimiento por haberte servido para cambiar y crecer? Hay aquí implícita una verdad elemental de la vida que la mayoría de las personas no llegan nunca a descubrir. Los acontecimientos afortunados hacen la vida más placentera, pero no son causa de autoconocimiento, de crecimiento y de libertad. Éste es un privilegio reservado a aquellas cosas, personas y situaciones que nos ocasionan algún dolor.

Todo acontecimiento doloroso encierra una semilla de crecimiento y de liberación. A la luz de esta verdad, vuelve ahora sobre tu vida y fíjate en tal o cual acontecimiento por el que no te sientas especiamente agradecido, y trata de descubrir el potencial de crecimiento que encierra y del que no has tomado conciencia hasta ahora, por lo que no has podido beneficiarte de él. Piensa también en algún acontecimiento reciente que te haya ocasionado dolor y sentimientos negativos. Cualquiera que haya sido la cosa, persona o situación que te ha producido tales sentimientos, ha sido «maestra» para ti, porque te ha revelado algo (o mucho) acerca de ti que probablemente no sabías y te han invitado y desafiado a descubrirte y conocerte mejor y, consiguientemente, a crecer y acceder a la vida y a la libertad.

Intenta ahora identificar el sentimiento negativo que ese acontecimiento ha despertado en ti. Puede haber sido un sentimiento de inquietud, de inseguridad, de envidia, de ira, de culpa… ¿Qué te dice esa emoción acerca de ti mismo, de tus valores, de tu manera de percibir el mundo y la vida y, sobre todo, de tu «programación» y tus condicionamientos? Si consigues descubrirlo, te librarás de alguna ilusión o espejismo al que hasta ahora te habías aferrado, o dejarás de percibir alguna cosa de manera deformada, o corregirás alguna falsa creencia, o aprenderás a distanciarte de tu sufrimiento… Con tal de que comprendas que todo ello ha sido causado por tu «programación», no por la propia realidad; e inesperadamente comprobarás que te sientes plenamente agradecido por esos sentimientos negativos y por la persona o el acontecimiento que los ha originado.

Intenta ahora dar un paso más. Considera todo cuanto piensas, sientes, dices y haces… Y no te agrada: tus emociones negativas, tus defectos, tus «handicaps», tus errores, tus apegos, tus neurosis, tus dependencias… Y tus pecados, naturalmente. Puedes considerarlo todo ello como una parte necesaria de tu desarrollo; como algo que te ofrece una promesa de crecimiento y de gracia para ti y para otros y que no se daría sin esa cosa concreta que tanto te desagrada. Y si tú mismo has ocasionado dolor y sentimientos negativos a otros, piensa que en ese momento has ejercido con ellos la función de «maestro» y les has dado ocasión de autoconocerse y de crecer. Puedes seguir considerándolo hasta que lo veas todo ello como una «feliz culpa», como un pecado necesario que es ocasión de un inmenso bien para ti y para el mundo.

Si eres capaz de hacerlo, tu corazón se verá inundado de paz, de agradecimiento, de amor y de aceptación de todas y cada una de las realidades. Y habrás descubierto qué es lo que la gente busca en todas partes sin jamás encontrarlo: la fuente de la serenidad y de la alegría que se esconde en cada corazón humano.

¿Qué te parece? ¿Te resuena este tema? Si es así, recuerda que el dolor a veces es obligatorio, pero el sufrimiento es opcional