Decisiones

Esta semana me tocó tomar una decisión inesperada. Se me presentó un dilema durante el fin de semana, y estuve dándole vueltas y más vueltas al asunto, hasta que por fin el martes me decidí a actuar.

Y como bien me habían dicho (¡gracias Muriel!), en cuanto me decidí empecé a sentirme mucho mejor, a pesar de que la situación seguía (y sigue) siendo complicada. Al menos yo dejé de añadirle sufrimiento y estrés imaginándome lo que podía llegar a pasar, dudando si hacer o no hacer, y preguntándome si no me arrepentiría después.

Railroad tracks forking into several different ways forward

Buscando citas sobre este tema, me ha salido una de Theodore Roosevelt (autor también de una de mis citas favoritas de todos los tiempos) con la que estoy totalmente de acuerdo:

En cualquier momento de decisión, lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada.

Theodore Roosevelt

¿Cuántas veces en la vida nos quedamos atascados en la duda y la indecisión, paralizados por un eterno «y si…»? ¿Y qué nos aporta el seguir alimentando esos bucles de pensamiento? (volviendo al tema del overthinking que ya comentamos el otro día).

Por lo general, es mejor entrar en acción, aunque no tengamos todas las respuestas, aunque el resultado no salga perfecto; al menos habremos hecho lo que estaba en nuestra mano para avanzar hacia una solución.

Esto me recuerda a otra frase que me encanta y que desgraciadamente no sé de quién es; que el autor por favor me perdone por no mencionarle:

– Y tú, ¿Qué tomas para el dolor de cabeza?
– ¿Yo? ¡Decisiones!

Dichos irlandeses

¡Feliz día de San Patricio!

Wooden scrabble-like letters spelling "Happy St. Patrick's day" on a green background with decorative shamrocks

Hoy os traigo una selección tomada del amplio repertorio de refranes, dichos y bendiciones de la tradición irlandesa, algunos más conocidos que otros.

Para empezar, la bendición más típica:

Que el camino se alce para salir a tu encuentro.
Que el viento sople siempre a tus espaldas.
Que el sol cálido brille sobre tu cara,
La lluvia caiga suavemente en tus campos,
Y, hasta que nos volvamos a ver,
Que Dios te guarde en la palma de su mano.

Dado que Irlanda ha sido históricamente tan religiosa, no es de extrañar que Dios sea un tema recurrente, combinado con preciosas metáforas y una buena dosis de humor:

Que el Señor te guarde en su mano y nunca cierre demasiado el puño.

Si Dios te envía por un camino pedregoso, que te dé unos zapatos resistentes.

Dios es bueno, pero nunca te pongas a bailar en una barca.

Y siguiendo con las metáforas…

Cuando las llamas ardientes de vuestro amor se hayan consumido y sólo queden ascuas, ojalá encontréis que os habéis casado con vuestro mejor amigo.

Mientras bajas deslizándote por la barandilla de la vida, que no sobresalgan astillas hacia el lado que no es.

Ojalá nunca se oxiden las bisagras de nuestra amistad.

La amistad es otro gran tema al que los irlandeses dan mucho valor:

Ojalá tu casa siempre sea demasiado pequeña como para que quepan todos tus amigos.

Ojalá siempre encuentres tres bienvenidas en la vida.
En verano, en un jardín,
En invierno, al calor de un hogar,
Y a lo largo de todos tus años, en el corazón de tus amigos.

Luego hay otros dichos que me han encantado por su profunda sabiduría vestida de sencillez:

Ojalá consigas todos tus deseos menos uno, para que siempre tengas algo por lo que esforzarte.

Un brindis por el tipo que sonríe cuando la vida fluye como una canción.
Y otro por el que es capaz de sonreír cuando todo va de mal en peor.

Por muy alto que fuera tu abuelo, tú tienes que crecer por ti mismo.

Una ramita al crecer se endurece, y cuesta más retorcerla. Al principio, siempre se es débil.

Y mi frase favorita…

Yo me quejaba de no tener zapatos,
hasta que conocí a un hombre que no tenía pies.

Dicho irlandés

Bueno, espero que os hayan gustado estas frases, y que hayáis disfrutado del día más irlandés del año. Para terminar, aquí os dejo otras dos bendiciones de propina:

Que tengas siempre trabajo que poder hacer con tus manos.
Que en tus bolsillos siempre haya una moneda o dos.
Que el sol brille con fuerza por tu ventana.
Que tras la lluvia aparezca seguro el arcoiris.
Que siempre tengas cerca la mano de un amigo.
Y que Dios te llene el corazón de ánimo y alegría.

Ojalá tengas perspectiva para saber dónde has estado,
previsión para saber adónde vas,
y perspicacia para saber cuándo estás yendo demasiado lejos.

Triple celebración

Hoy en casa hemos estado de doble celebración: mi cumpleaños y el día de la madre, que aquí en Irlanda se celebra el cuarto domingo de cuaresma. Hemos pasado un día estupendo (¡muchas gracias chicos!)

Close up of a flowers bouquet with white, pink, lilac and purple tones

¿Que cuántos cumplo? Bueeeeno, dicen que la edad no es más que un número, ¿verdad? Siguiendo la tradición de este blog, os lo pongo en binario: 101110.

Y hablando de números, BinaryWords también está hoy de celebración: ¡este es el post número 150! Si quieres, aprovecha y date una vuelta por el archivo del blog, y así ves la nueva sección de artículos destacados.

Hoy estaba yo pensando en esto de los números, y en la importancia exagerada que les damos a veces (la edad es sólo un ejemplo). Y me he acordado de un pasaje de El Principito que habla precisamente de eso:

Si os he contado esos detalles sobre el Asteroide B-612 y os he dicho su número, es por los adultos. A los adultos les encantan los números. Cuando les hablas de un amigo nuevo, nunca te preguntan nada de lo que realmente importa. Nunca te preguntan: «¿Cómo suena su voz?» «¿Qué juegos le gustan más?», «¿Colecciona mariposas?». Te preguntan: «¿Cuántos años tiene?» «¿Cuántos hermanos tiene?» «¿Cuánto pesa?» «¿Cuánto gana su padre?». Sólo entonces creen conocerle. Si les dices a los adultos: «he visto una casa preciosa de ladrillo rojo, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado…» no serán capaces de imaginársela. Tienes que decirles: «he visto una casa de cien mil francos.» Entonces es cuando exclaman, «¡Qué casa más bonita!»

Antoine the Saint-Exupéry

Y a ti, ¿cuánto te importan los números? Yo me he dado cuenta de que cada vez me importan menos…

Ser o no ser

No, el artículo de hoy no va de William Shakespeare, aunque no descarto escribir sobre él algún día…

El artículo de hoy va de esa pregunta que todos nos hacemos alguna vez en la vida (o deberíamos), y que según cómo nos pille, puede ser muy fácil o muy difícil de contestar:

¿Quién eres?

Three white dice with black uppercase letters spelling the word WHO, on a white table

Ya os he comentado alguna vez que las personas somos como un iceberg; es la metáfora que se utiliza muy a menudo para explicar el modelo de niveles neurológicos de Robert Dilts, que os describo brevemente en este artículo.

Pues bien: en uno de los niveles neurológicos más profundos, al fondo del todo del iceberg, está el concepto de identidad.

Quiénes somos. O quiénes creemos ser, como decía el título de aquel programa de televisión (muy bueno, por cierto) donde cada día un famoso distinto seguía los pasos de sus ancestros: Who do you think you are? (¿Quién te crees que eres?)

La verdad es que es un tema complejo, este de la identidad. O más bien debería decir identidades, en plural, porque no tenemos una sola, tenemos muchas, y algunas van cambiando con el tiempo. Por ejemplo: yo soy Beatriz, soy Galindo y soy García. Soy BinaryBea, mujer, cuarentona, europea, española, extremeña, cacereña, expatriada, Spaniard en Irlanda, residente en Dublín, ingeniera informática, coach, madre, hija, hermana, tía, sobrina, amiga, compañera, vecina, empleada, alumna, propietaria, divorciada, lectora, bloguera… Y suma y sigue.

Como veis, algunas identidades pueden contener a otras, o solaparse, o incluso contradecirse, lo cual puede generar situaciones de conflicto interno, dilemas existenciales y autosabotajes. También puede pasar que, cuando alguna de estas identidades cambie o desaparezca, nos veamos perdidos y desorientados, como por ejemplo al pasar por un divorcio, o un despido: si ya no me puedo definir como espos@ de / emplead@ de / llámalo X, entonces, ¿quién soy? Es como si nuestra silla se hubiera quedado coja al perder una de las patas que la sostenía, y hace falta invertir tiempo y esfuerzo en volver a estabilizarla.

Todo esto viene a que el viernes escuché una poesía que me pareció preciosa, de Erin Hanson, que se titula Not (No):

Tú no eres tu edad, ni la talla de tu ropa,
No eres lo que pesas, ni el color de tu cabello.
Tú no eres tu nombre, ni los hoyuelos de tus mejillas.
Eres todos los libros que lees, y todas las palabras que pronuncias.
Eres tu voz ronca mañanera, y las sonrisas que intentas esconder.
Eres la dulzura de tu risa, y cada una de las lágrima que has llorado.
Eres las canciones que cantas a pleno pulmón cuando sabes que estás solo.
Eres los sitios donde has estado, y ese lugar al que llamas tu casa.
Eres las cosas en las que crees, y las personas a las que amas.
Eres las fotos de tu habitación, y el futuro con el que sueñas.
Estás hecho de tanta belleza… Pero parece que se te olvidó
Cuando decidiste que te definían todas esas cosas que no eres.

Y al día siguiente, el sábado, el Universo me puso esta canción en la radio para seguir con el tema: The Logical Song (la canción lógica), de Supertramp – aquí la tenéis con subtítulos en inglés y en español.

Y tú, ¿sabes ya quién eres, o necesitas que te lo digan?

Lo que mejor funciona

¿Te consideras una persona de costumbres, que suele hacer siempre las cosas de la misma manera?

Si la respuesta es que sí, tengo una frase para ti:

Hasta que no cambies tu forma de hacer las cosas no sabrás qué es lo que mejor funciona.

Roy T. Bennet

A mí esto es algo que me ha costado muchos años aprender: poco a poco he ido descubriendo que detrás de mi perfeccionismo y mi afán por hacerlo todo «bien» se escondía la creencia inconsciente de que sólo había UNA forma «correcta» de hacer cada cosa, y que si yo no acertaba a hacerlo exactamente de esa manera, me estaba equivocando, lo estaba haciendo «mal». Luego además, cuando probabla cualquier actividad nueva y no me salía bien a la primera, automáticamente daba por hecho que siempre se me iba a dar mal, y raramente le daba una segunda oportunidad,

Ya os podréis imaginar lo sumamente limitante que puede llegar a ser esto… Cuando en nuestra mente sólo hay una forma de acertar entre miles de maneras de fastidiarla, no es de extrañar que el miedo a equivocarnos nos ponga en tensión, o que incluso llegue a paralizarnos.

Pero, ¿y si le diéramos la vuelta? ¿Y si hubiera miles de maneras de acertar, o al menos miles de maneras de recopilar información para guiarnos hacia un mejor resultado?

Aquí me viene a la memoria la famosa cita del inventor de la bombilla:

No he fracasado, lo que he hecho es encontrar diez mil maneras de hacer que no funcione.

Thomas A. Edison
Woman holding a big drawing of a lightbulb, against the background of a white wall full of drawings and diagrams

Ése es precisamente el valor de la experimentación: el aprender de cada intento para acabar encontrando una solución mejor. O varias, que raramente los problemas tienen una única solución.

Pero claro, para poder probar otras maneras de hacer las cosas, primero se nos tienen que ocurrir, y a nuestro cerebro le suele dar pereza ir por caminos nuevos… Se le da mucho mejor volver a los caminos ya trillados, que le resultan más fáciles y gastan mucha menos energía.

Uno de los grandes beneficios del coaching y el autoconocimiento es que nos ayudan a vencer esa rigidez cognitiva, esa resistencia a salirnos del piloto automático. Así, al darnos cuenta de que nuestra manera de ver las cosas es sólo una perspectiva más entre otras muchas igualmente válidas, nos podemos permitir plantearnos otras posibilidades y puntos de vista, y a partir de ahí ampliar el rango de opciones y encontrar soluciones más adaptativas.

Y mientras vamos probando estrategias y diseñando soluciones que nos funcionen mejor, aprendemos a confiar en que los demás también encuentren las suyas propias. Porque al derribar el mito de «única solución perfecta», nos damos cuenta de que no tiene sentido ninguno imponer nuestro criterio a los demás: cada uno tenemos nuestro propio estilo, nuestra visión del mundo y nuestras circunstancias particulares, y lo que a una persona le funciona no tiene por qué funcionarle a otra.

Y entonces, ¿qué podemos hacer? Pues podemos compartir aprendizajes y experiencias con otras personas, explicarles lo que nos funciona, lo que no, y el por qué, contrastar puntos de vista y estrategias, y estar abiertos a probar nuevas maneras de conseguir lo que queremos o necesitamos.

Podemos incluso tomárnoslo como un experimento: si cambio esta variable, ¿qué pasa? ¿Qué cambia? ¿Mejora el resultado, o empeora? Eso sí, sabiendo que el resultado es tuyo, personal e intransferible, y que la fórmula ganadora será seguramente distinta para cada uno.

Así que, con el permiso del señor Bennet, voy a modificar ligeramente su frase:

Hasta que no cambies tu forma de hacer las cosas no sabrás qué es lo que mejor TE funciona.

¿Y tú? ¿Ya sabes lo que mejor te funciona? ¿En qué aspectos de tu vida te vendría bien experimentar un poco?

Hasta esos días

Estamos a mediados de enero, e igual ya empiezan a flaquear esos propósitos de año nuevo…

No sé si será por las fechas en las que estamos o simplemente por casualidad, pero el otro día Google me puso esta cita por delante:

Haz algo hoy que tu yo del futuro te vaya a agradecer.

Sean Patrick Flanery
View from the inside of a round tunnel, with a cloudy sky visible through the opening in the centre of the image

Qué idea tan sencilla, y tan interesante.

Me parece una frase estupenda para motivarnos en «esos días» que todos tenemos de vez en cuando… Esos días en que parece que las cosas nos salen torcidas y que no damos pie con bolo. O esos otros en los que no tenemos ganas de nada, como si de repente se nos hubieran acabado las pilas. Días en los que estamos bajos de ánimos, nerviosos o de mal humor, a menudo sin ni siquiera saber por qué.

Pues sí, hasta esos días que parece que se van a echar a perder se pueden rescatar gracias a esta pregunta: ¿qué es lo que puedo hacer hoy que mi yo de mañana me vaya a agradecer?

Y dependiendo del día y de la situación, la respuesta puede ser muy diferente; puede que en un momento dado ese «algo» sea darte un empujoncito a ti mismo (¡o una patada!) y ponerte en marcha con una tarea o un proyecto, y a lo mejor en otro momento es todo lo contrario, bajar un poco el ritmo y descansar, disfrutar de un ratito tranquilo. O puede que la clave sea relacionarte más (o menos) con ciertas personas de tus círculos sociales y familiares.

Sea lo que sea, no importa, el caso es salir por un momento del piloto automático, sobre todo si nos tiene dando vueltas en bucle, y decidir conscientemente nuestro siguiente paso, poniéndole intención. Este acto tan simple puede parecer insignificante, pero no lo es, ni muchísimo menos.

Lo cual me recuerda a otra cita que tengo puesta en la pizarra de mi cocina, en inglés, y que traduzco aquí de manera un poco libre para que se entienda bien el mensaje:

Compórtate como si tus actos marcaran la diferencia, como si lo que hicieras importara de verdad. Porque sí que importa.

William James

¿Y tú, qué eliges hacer hoy que marque la diferencia, que tu yo de mañana te vaya a agradecer?

¿Por qué soy así?

¿Alguna vez os pasa que os acordáis de una canción y entráis en bucle repitiendo una o dos frases, ya sea mentalmente o en voz alta?

A mí me pasa mucho. Por ejemplo, con una canción de Orla Gartland que descubrí en la banda sonora de Heartstopper, y que me encanta: se titula Why am I like this? (Por qué soy así?), que es precisamente la frase que se repite hasta el infinito durante el estribillo 🙂

Hand holding a post-it note with the word WHY? written on it

¿Alguna vez os habéis hecho esa pregunta? Me da la impresión de que es algo que muchos nos preguntamos, y por desgracia a menudo en sentido negativo: «¿Qué es lo que me pasa? ¿Por qué soy tan raro? ¿Por qué no puedo ser más normal?»

Ahí está la trampa, en creer se existe eso de «ser normal».

Cada uno somos como somos, y existen tantas formas de estar en este mundo como habitantes tiene el planeta Tierra. Cuando tenemos esto en cuenta, la pregunta se vuelve mucho más interesante: «¿Por qué soy así? ¿Qué es lo que hace que yo sea exactamente de la manera que soy?»

Y es tan interesante precisamente porque nadie lo sabe con total seguridad. Si le preguntáramos a un antropólogo, a un neurocientífico, a un sacerdote y a un astrólogo el porqué de un comportamiento en concreto, seguro que nos darían respuestas totalmente distintas, cada uno basándose en su experiencia y en sus conocimientos. ¿Quién tendría razón? No lo sabemos. Tal vez cada uno sería capaz de ver piezas distintas de ese inmenso puzzle que es nuestra personalidad.

Ya hemos hablado otras veces en el blog de que a nuestro cerebro le encanta simplificar, porque así se hace la vida más fácil y de paso ahorra energía. Una de las formas en las que simplifica es buscando una única explicación para cada cosa, como si todo en la vida siguiera una regla directa de causa y efecto. Pero en el fondo sabemos que no es así: en cada momento existen múltiples causas y efectos influyendo unos en otros, eso es lo que hace que la vida sea tan compleja, tan variada y sobre todo tan imprevisible.

¿Y cómo contestamos entronces la dichosa pregunta?

  • Lo primero, reconociendo que nuestra personalidad es muy compleja, y que en ella influyen muchísimos factores (mi profesor de eneagrama, Alberto, lo explica como que somos como una aleación de varios metales, cada uno en una combinación única).
  • Partiendo de ahí, podemos observar, investigar, buscar patrones… La curiosidad (dejando a un lado el juicio) es lo que más nos va a ayudar a conocernos, y a conocer a los demás. Vamos a empezar a darnos cuenta de cosas.
  • De ahí van a ir surgiendo teorías y explicaciones de por qué somos como somos, y ya que no vamos a poder saber si son totalmente ciertas o no, lo mejor que podemos hacer es ir eligiendo las que más nos ayuden, y poco a poco irlas contrastando y ampliando a medida que vamos averiguando más cosas.

¿Qué os parece esta manera de plantearlo? Reconozco que yo la preguntita de «¿por qué soy así?» me la he hecho muchas veces, siempre me he sentido un poco (bastante) bicho raro. Quizá por eso me gusta tanto la canción que os comentaba.

Y sobre lo de ser normal o no, aquí os dejo un par de frases. La primera nos invita a dejar de lado nuestros prejuicios y generalizaciones y a acercarnos a las personas para poder conocerlas de verdad:

Visto de cerca, nadie es normal.

Caetano Veloso

Y la segunda me hace mucha gracia, la tengo en un imán de nevera, y me recuerda que en esto estamos todos más o menos igual:

Recordad: por lo que ellos saben, somos una familia normal.

Homer Simpson

En resumen, que en el fondo somos todos bichos raros, cada uno a nuestra manera 🙂

Sabiduría estoica

Dicen los expertos que una de las cosas que más nos ayudan a mantenernos sanos mental y emocionalmente es el seguir aprendiendo toda la vida; el aprender cosas nuevas que nos interesen y que disfrutemos no sólo nos da conocimientos nuevos, sino también motivación, flexibilidad y apertura de mente.

Yo no sabría deciros cuándo empecé a interesarme por temas de crecimiento personal. En parte creo que fue a raíz de mudarme de España a Irlanda, ya que en muchos sentidos estaba empezando una vida nueva. Luego en estos últimos años, concretamente a partir de la pandemia, se han multiplicado exponencialmente tanto mi interés en estos temas como el número de temas como la cantidad de tiempo y atención que les dedico; pero en el fondo creo que la inquietud empezó mucho, muchísimo antes.

Recuerdo por ejemplo que me gustaba mucho la asignatura de filosofía cuando la dábamos en el colegio (en 3º de BUP, para los de mi época), y que incluso me leí una novela sobre historia de la filosofía que nos recomendó el profesor: El mundo de Sofía, y también me encantó.

Ruins of an ancient Greek temple against a blue sky with clouds

Muchos años después, me he vuelto a tropezar con el mundo de la filosofía, esta vez a través de un curso de estoicismo y eneagrama (súper recomendable, como todos los de Autognosis) que acabo de terminar esta semana.

La verdad es que lo he disfrutado un montón, y lo mejor es que se trata de una filosofía muy práctica: una serie de principios que podemos aplicar a nuestro día a día para conseguir ser más felices y sufrir menos. Ahora quizá nos parezca que la filosofía es algo teórico y rebuscado sobre lo que hablar (¡filosofar!) hasta el infinito, tan alejado de la realidad cotidiana que no sirve para que cambie nada. Pero los antiguos griegos y romanos lo veían de otra manera: la filosofía era algo mucho más tangible, era su forma de guiarse por la vida. Los filósofos eran los terapeutas y coaches de aquella época.

A las enseñanzas y reflexiones del estoicismo se les puede sacar mucho jugo, ya os iré contando cosillas a medida que vayan surgiendo. De momento, hoy os quiero dejar con un texto que quizá reconozcáis, y que es relativamente reciente, pero que tiene mucho que ver con uno de los principios del estoicismo, y que a mí me resuena especialmente: la dicotomía del control.

La dicotomía del control nos advierte de lo inútil que es gastar energías en intentar dominar lo que está fuera de nuestro control, y nos anima a centrarnos en lo que sí podemos controlar, para así frustrarnos menos y además conseguir mejores resultados. Y partiendo de esa base, la oración de la serenidad nos viene que ni pintada:

Señor, concédeme serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar,
valor para cambiar las cosas que sí puedo,
y sabiduría para reconocer la diferencia.

Reinhold Niebuhr

Por cierto, me acabo de acordar de que en esa misma asignatura de filosofía del colegio fue donde me explicaron por primera vez lo que era la mayéutica de Sócrates, uno de los fundamentos del coaching moderno 🙂

Constancia

Hace unos dos años, poco después de empezar con esta reencarnación de BinaryWords, mi amiga María me dio un consejo: hacerme un calendario para planificar cuándo escribir los artículos del blog. A mí me pareció muy buena idea, y simplificando un poco para hacérmelo más fácil, me propuse escribir un artículo nuevo cada semana.

Old typewriter keyboard

Dos años después, la verdad es que estoy orgullosa de haber conseguido mantener esta frecuencia. Sí que tengo que confesar que, como tengo tendencia a dejar ciertas cosas para última hora, mi estrategia del «post semanal» rápidamente derivó en «el post del domingo por la noche», momento en el que literalmente ya no quedan más horas en la semana 🙂

Pero la estrategia me sirvió, y me sigue sirviendo. El no faltar a mi palabra me motiva para sentarme al teclado cada domingo, sin importarme dónde esté, o si tengo ganas de escribir o no. Me ha tocado escribir posts desde aeropuertos, trenes, casas rurales, y hasta desde un colchón hinchable en el salón de casa de unos amigos. Muchas veces me han dado las tantas de la madrugada, y el post se ha publicado técnicamente en lunes. Pero eso es lo de menos; lo importante es que se ha seguido publicando.

Y yo he seguido escribiendo.

Aunque no tuviera ganas.

Como hoy, por ejemplo.

Y esto es algo que ocurre en todos los ámbitos; ¿creéis que a los atletas les apetece salir a entrenar toods los días? ¿Incluso cuando hace mal tiempo, cuando no se encuentran bien de salud, o cuando están desanimados? Pues no, pero lo hacen igualmente, porque saben que es importante tener constancia, es lo que les permite ir avanzando hacia sus metas.

Y quien dice atletas, dice cualquier otra cosa; cualquier actividad que nos tomemos en serio y en la que queramos progresar requiere constancia: pintar, escribir, hacer ejercicio, tocar un instrumento… Todo esto, por supuesto, requiere disciplina, pero también hay ciertos trucos que nos pueden ayudar:

  • Póntelo fácil: plantéate un objetivo realista para tu actividad, resérvale un tiempo específico en tu agenda, y procura reducir al máximo el esfuerzo necesario para empezar. Por ejemplo, si vas a salir a correr por la mañana temprano, la noche antes puedes dejar la ropa preparada, las zapatillas en la puerta, etc.
  • No te lo pienses: los seres humanos somos especialistas en tomar decisiones emocionales y luego justificarlas racionalmente. Si empiezas a darle vueltas y a negociar contigo mismo cada vez, casi seguro vas a encontrar razones para no realizar la actividad. Es lo que toca y punto, ¡adelante!
  • Haz aunque sea sólo un poco: lo más difícil de todo es empezar, así que si ves que no tienes ánimos para hacer la actividad completa, comprométete al menos a hacer una parte, como por ejemplo, correr cinco minutos. Pasado ese tiempo, date permiso para parar (si aún lo necesitas), o para seguir, que seguramente será mucho más fácil ahora que ya has roto esa barrera de resistencia inicial.

¿Y tú, qué tal llevas lo de la constancia? ¿En qué aspectos de tu vida te resulta más fácil ser constante, y en cuáles menos? ¿Qué te motiva para ponerte en marcha incluso los días que no tienes ganas?

Recordemos las palabras de Pablo Picasso, que en este caso se refieren al arte pero que podemos aplicar a cualquier objetivo en la vida:

La inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando.

Pablo Picasso

Peces y árboles

Aquí os traigo una frasecita para reflexionar; es la cita de la que os hablé la semana pasada:

Todos somos genios.
Pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar a los árboles,
vivirá toda su vida creyéndose estúpido.

Close up of a clown fish over a blurry water background

¿Qué se te pasa por la cabeza cuando lees esta frase? ¿Estás de acuerdo? ¿Te sientes identificado?

Todos tenemos ciertas cosas que se nos dan muy bien de forma natural, y otras que no tanto. ¿Pero qué valor les damos a esos talentos o habilidades naturales? ¿Los apreciamos? ¿Los trabajamos para sacarles provecho, o los menospreciamos por no creer que tengan mérito o que vayan a ser útiles?

Como ya sabemos, tradicionalmente la educación se ha centrado casi exclusivamente en un único tipo de inteligencia, la que se podía medir con el coeficiente intelectual. Pero por suerte, ya se va reconociendo cada vez más que la inteligencia no es una, sino muchas, y han ido surgiendo distintas clasificaciones, como por ejemplo las inteligencias múltiples de Howard Gardner:

  • Inteligencia lingüística: la capacidad para dominar el lenguaje (oral, escrito, no verbal) y comunicarnos con los demás.
  • Inteligencia lógico-matemática: la capacidad para el razonamiento lógico y la resolución de problemas matemáticos.
  • Inteligencia visual-espacial: la capacidad para observar el mundo y los objetos desde diferentes perspectivas.
  • Inteligencia musical: la capacidad para discernir sonidos, ritmos y tonos musicales, y para componer e interpretar música.
  • Inteligencia corporal-kinestésica: la capacidad para coordinar nuestros movimientos corporales y utilizar herramientas.
  • Inteligencia intrapersonal: la capacidad para comprender y gestionar nuestros estados internos, emociones y foco de atención.
  • Inteligencia interpersonal: la capacidad para captar e interpretar lo que nos transmiten otras personas y empatizar con ellas.
  • Inteligencia naturalista: la capacidad para relacionarnos con el entorno natural – las especies animales y vegetales, el clima, la geografía y los fenómenos de la naturaleza.

Esta lista es un ejemplo de los muchos talentos y habilidades que tenemos las personas, cada uno en nuestra combinación única e irrepetible, desde la que podemos aportar cosas diferentes al mundo. El problema viene cuando nos empeñamos en medir a todo el mundo por el mismo rasero, sobre todo si nos guiamos sólo por lo que la sociedad decide que son los talentos «que cuentan».

Y a ti, ¿qué se te da muy bien, y qué no tanto? ¿Alguna vez has juzgado a alguien (o a ti mismo) siguiendo un criterio equivocado? ¿Cuál era el talento, la habilidad, la inteligencia que sí que estaba ahí y que en aquel momento no veías, o no valorabas? ¿Y cómo puedes hacer para darle su valor y potenciarla?