Celebraciones

Este fin de semana se ha celebrado en todo el mundo la fiesta musulmana de Eid al-Fitr: el fin del mes de Ramadán y su correspondiente ayuno. A todos los que lo celebréis, عيد مبارك (espero que el traductor de Google lo haya hecho bien, debería decir Eid Mubarak, que es la felicitación típica para esta ocasión).

Además, hoy en Irlanda ha sido el día de la madre (cuarto domingo de cuaresma), así que hemos tenido aquí en casa nuestra propia celebración: crepes caseros para desayunar, partidita de Catán y pizza casera para cenar. (¡Mil gracias chicas! Mi mejor regalo es pasar tiempo con vosotras.)

(Pizza casera con forma de corazón hecha por mi hija Eva, ¿a que es chula? Siempre le salen fenomenal.)

¿Qué sería de la vida sin celebraciones? Cada nación, cada cultura, cada religión y hasta cada familia tiene las suyas, y por mucho que por fuera parezcan diferentes, en el fondo la idea es la misma: como seres humanos, necesitamos de vez en cuando tomarnos un respiro y juntarnos con nuestros seres queridos a disfrutar con alegría, a menudo como recompensa al final de una época de dificultades o sacrificios.

Al igual que después del Ramadán llega la fiesta de Eid, después de la Cuaresma cristiana llega la fiesta de la Pascua, que a su vez es una celebración de la primavera y el resurgir de la vida tras el invierno, como lo es la fiesta hindú de Holi que se celebró hace un par de semanas… Y suma y sigue.

Cada celebración viene acompañada de sus propias tradiciones, que nos conectan más profundamente con nuestra historia y con nuestra gente. Eso sí, tengamos en cuenta que los tiempos cambian: la vida va evolucionando, y nosotros con ella, por lo que creo que deberíamos sentirnos en libertad para elegir, adaptar y crear tradiciones y celebraciones conforme a nuestras circunstancias y nuestros valores. Permitirnos honrar nuestras raíces a la vez que extendemos nuestras alas.

¿Y tú, qué estás deseando celebrar? ¿Y cómo vas a hacerlo?

Empezar y terminar

Bueno, pues ya estoy de nuevo en casa, volviendo a la rutina (si es que alguna vez la hubo). Como ya me imaginaba, el viaje de trabajo de esta semana mereció la pena, tanto por el lado profesional como por el personal.

Photo of several trees with purple leaves in late evening lght

(Foto de unos arbolitos muy monos que había al lado de la oficina donde estuve).

Ahora me toca reanudar unas cuantas cosas que tengo a medias y que quiero ir cerrando poco a poco. Y pensando en eso, me he acordado de esta frase:

Nada es tan fatigante como dejar eternamente una tarea inacabada.

William James

¿Has tenido alguna vez esa sensación de intranquilidad por tener cosas sin acabar? O a lo mejor te ha sido más fácil darte cuenta de lo contrario: lo a gusto que te quedas cuando por fin las acabas. En algún sitio leí que cada tarea que tenemos pendiente nos roba un poquito de energía mental, porque el cerebro está acordándose constantemente de que tiene que terminarla… Utilizando la analogía de un móvil o un ordenador, es como si tuviéramos una ventana del navegador abierta por cada tarea pendiente, consumiendo recursos de manera inútil y ralentizando el funcionamiento de todo el sistema.

En cierto modo, es como una versión ampliada del multi-tasking, que ya sabemos que en realidad no funciona.

Y ni siquiera tienen por qué ser cosas grandes o importantes. Hoy, por ejemplo, he vuelto a caer en la cuenta de que tengo varios libros a medio leer (por razones que no vienen al caso); me he propuesto terminarme uno de ellos (aunque fuera el más cortito), y me he sentido fenomenal al conseguirlo. Nuestra mente inconsciente no distingue entre grande o pequeño, importante o trivial: cada cosa que añadimos a la lista es una carga más, y cada cosa que conseguimos tachar, un logro.

Por cierto, igual te estarás preguntando, ¿por qué tengo varios libros a medio leer? Pues obviamente, porque los he empezado y no los he llegado a terminar, lo cual me lleva a la propuesta que os quiero hacer hoy:

Deja de empezar, y empieza a terminar.

Esta frase la aprendí de un Agile coach hace varios años (¡gracias Chris!). Es un principio básico de ciertas metodologías de trabajo como Lean y Kanban, y que también funciona estupendamente para Scrum (si todas estas palabrejas te suenan a chino, no te preocupes, que no hacen falta para entender la idea).

La idea es muy sencilla y a la vez muy potente: limitar la cantidad de cosas en las que estás trabajando en cada momento, para poder centrar mejor tus energías e irlas terminando más eficientemente.

Como digo, la idea es muy sencilla; lo que no es tan sencillo es ponerla en práctica, entre otras cosas porque la motivación que nos lleva muchas veces a empezar algo luego se va disipando y deja de ser suficiente… (ya os contaré más cosas sobre la motivación en otro artículo).

Y tampoco es que sea una idea nueva, ya lo dice desde siempre el refranero español: «quien mucho abarca, poco aprieta». En inglés, lo más parecido que he encontrado es «don´t spread yourself too thin».

¿Y tú? ¿Tienes muchas cosas empezadas y sin terminar? ¿Qué puedes ir tachando de tu lista para hacerla más ligera?

Memento mori, memento vivere

Este año os deseo feliz San Patricio desde la sala de embarque de un aeropuerto cualquiera, en mitad de un viaje por trabajo.

Ha sido una semana un poco rara, y la idea del título es lo que me viene rondando por la cabeza desde el viernes. Ya sé que no suena mucho a celebración, pero en cierto modo lo es, una celebración de la vida… Como todo, depende de la perspectiva con que lo miremos.

Photo of one of the High Crosses in Clonmacnoise, Ireland

(Esta es una de las famosas cruces celtas del monasterio de Clonmacnoise, en el condado de Offaly, en Irlanda).

La primera parte de la frase es la más conocida: memento mori, «recuerda que vas a morir». Así a bote pronto, puede resultar una idea un poco deprimente (me recuerda al «polvo eres, y en polvo te convertirás» que se dice en la tradición cristiana el miércoles de ceniza). Pero para los antiguos griegos, el sentido era más bien el de vivir la vida mientras aún la tengamos (el famoso carpe diem, «aprovecha el momento»). 

El pensar que cualquier día se puede acabar todo (o más bien, que nos podemos acabar nosotros) nos da perspectiva; nos ayuda a apreciar la vida que tenemos y a vivirla más intencionadamente, con más intensidad. Y no sólo en el sentido de disfrutar el presente, como enseñaba el epicureísmo (que también), sino también en el sentido de «llevar una buena vida», que dirían los estoicos, es decir, hacer con nuestra vida algo que merezca la pena.

Y ahí es donde entra en juego la segunda parte de la frase: memento vivere, «acuérdate de vivir». Porque la realidad es que no tenemos ni idea de cuándo se va a acabar esto; igual nos morimos mañana, pero igual no, y si es que no, tenemos toda una vida por delante para hacer un montón de cosas maravillosas, y dejar nuestro legado en este mundo.

La clave, al menos como yo lo veo, está en encontrar la manera de poder disfrutar el momento mientras a la vez mantenemos buenos hábitos que nos permitan vivir muchos años con buena calidad de vida, y así seguir teniendo energía para hacer las cosas que más nos llenen: hobbies, proyectos, tiempo con nuestros seres queridos…

Y tú, ¿de qué te acuerdas más, de que te vas a morir, o de que puedes, y debes, vivir? ¿Y de qué maneras concretas puedes aprovechar esta oportunidad que te está dando hoy la vida? 

Cumpleaños

Diez de marzo de 2025, y me toca soplar 47 velitas.

Photo of a "happy birthday" candle

Otros años le he añadido un poco más de misterio al tema, y he puesto la cifra que cumplo en código binario (101111), en hexadecimal (0x2F) o incluso en números romanos (XLVII).

Cualquier cosa para no decirlo directamente, y no porque me importe mucho el número de años que cumpla, eso me da igual (o al menos eso es lo que digo ahora; el día que cumpla 50 ya veremos…)

En realidad lo que pasa es que tengo sentimientos encontrados con el tema de mi cumpleaños. Por un lado está mi aversión a ser el centro de atención, lo que me lleva a no recordárselo a nadie cuando se va acercando la fecha; pero por otro, siempre tengo la esperanza de que la gente se acuerde de felicitarme, y quizá en el fondo, la convicción de que «deberían acordarse». Para el que entienda de eneagrama: todo parecido con un eneatipo 1 conservación es pura coincidencia 😉

Pero bueno, este año tengo poca escapatoria, porque ya se ha enterado poco menos que todo el mundo. Así que, de todo corazón, muchas gracias por las felicitaciones, y a por otro año más. Un abrazo.

Lento pero seguro

Creo que ya os había comentado que llevo una temporada de mucho lío en el trabajo, y esta semana la verdad es que ha sido más de lo mismo. A veces me resulta frustrante, porque veo que el día (o la semana, o el mes) se me queda en nada, y que me cuesta sacar tiempo y energía para avanzar en mis proyectos personales. ¿Te suena?

Me he dado cuenta de que me siento en una especie de paradoja en la que voy a la vez muy deprisa y muy despacio: muy acelerada en mi día a día, «haciendo Tetris con el calendario», como le conté el otro día a una compañera, y muy lenta en otras cosas a las que me gustaría dedicarles más «ancho de banda».

Por suerte, el Universo me va mandando pistas y recordatorios de vez en cuando, por ejemplo en forma de citas con las que me voy tropezando a lo largo de la semana, y que me sirven para reflexionar y compartir con vosotros.

La primera cita nos habla de ir deprisa; la leí en inglés, y me encantó. En español, la traducción que vi me pareció un poco rara, así que aquí la traduzco a mi manera, espero que se entienda bien:

Cuidado con lo estéril que puede llegar a ser una vida ajetreada.

Sócrates

En una sociedad en la que «estar muy liado» se ve como algo positivo, casi como un símbolo de estatus, se nos olvida a veces que las prisas no sólo nos agotan física y mentalmente, sino que además nos obligan a quedarnos en lo superficial. Para poder hacer bien un trabajo que requiera cierta profundidad (reflexión, creatividad, concentración…) necesitamos bajar el ritmo, reducir el número de tareas y dedicarles periodos de tiempo más largos y sin distracciones. Si trasladamos esto a la matriz de Eisenhower que vimos hace unas semanas, se trata de dejar más hueco para tareas estratégicas (importantes pero no urgentes) que nos ayuden a sentirnos realizados y avanzar hacia nuestros objetivos (empezando por cuidarnos como es debido), en lugar de pasar tanto tiempo «apagando fuegos» (atendiendo a las cosas urgentes que se nos vayan poniendo por delante, sean importantes o no).

La segunda cita nos habla de ir despacio, y se puede decir más alto pero no más claro:

No tengas miedo de ir lento, ten miedo de quedarte quieto.

Proverbio chino

Vivimos en una sociedad en la que prima la inmediatez. Nos hemos acostumbrado a conseguirlo todo rápido; no nos gusta nada esperar, y cada vez tenemos menos paciencia, lo cual nos perjudica a la hora de plantearnos objetivos a medio/largo plazo y trabajar por ellos. Es fácil caer en la trampa de compararnos con otras personas que ya lo han conseguido, o que van más adelantadas en el camino.

Aquí es donde me parece importante recordar la fábula de la liebre y la tortuga, que nos cuenta cómo la constancia y la perseverancia son mucho más importantes que la velocidad. Es más, según cuál sea el tipo de «carrera» (o ahora que lo pienso, seguramente en todas), en realidad no conviene llegar demasiado pronto a la meta, porque el aprendizaje y el crecimiento se van produciendo por el camino, a medida que uno va ganando experiencia.

Así que no pasa nada por ir despacito, a veces es casi mejor. Pero, ¿Y lo de quedarse quieto? Yo lo interpreto como una advertencia para que no nos durmamos en los laureles, como hizo la liebre del cuento. Porque cuando dejamos de caminar hacia donde queremos ir, nos estancamos, y dejamos de aprender, y aunque parezca que seguimos en el mismo sitio, en realidad nos estamos quedando atrás.

(Foto del homenaje callejero a la liebre y la tortuga de la famosa fábula de Esopo, que me encontré paseando por Boston hace unos años)

Y tú, ¿cómo lo ves? ¿Te sientes un poco liebre? ¿O tal vez un poco tortuga?