Haciendo las paces con el caos

Hoy os traigo una cita que creo que ilustra muy bien el fin de semana que acabamos de pasar:

Photo of a house with part of a rainbow showing above it

(La foto no es de ahora, es de hace unos meses, pero pega muy bien con el artículo de hoy).

Este fin de semana hemos tenido visita: los primos Requena, esta vez por partida doble y acompañados del abuelo (sólo nos han faltado el primo Borja y su familia, os hemos echado de menos).

Dieciséis personas durmiendo el casa. No está mal, ¿verdad?

Como os podréis imaginar, ha sido un poco (bastante) caótico. Pero eso ya cada vez me importa menos. Creo que poco a poco me voy reconciliando con ese caos contra el que antes tanto luchaba: ya lo llevo muchísimo mejor, y a ratos, hasta lo disfruto. Aunque por supuesto, en circunstancias normales sigo prefiriendo que las ccosas se planifiquen y que haya un mínimo de orden y concierto (si no, no sería yo).

Este fin de semana, el caos ha merecido la pena con creces: ha sido maravilloso volver a vernos después de tantos años, charlar, pasar tiempo juntos y que nuestros hijos se conocieran también en persona. Hemos improvisado mucho, y nos hemos reído mucho también, como no podía ser de otra forma. Mil gracias al abuelo Carlos por aguantarnos a todos, a los primos «alemanes» Carlos (padre), Lourdes, Carlos (hijo), Yago, Alonso y Celia, y por supuesto, a los primos «irlandeses» de Oranmore. Nos vemos pronto.

Vivimos en un arcoiris de caos.

Paul Cézanne

Transiciones

Hoy hace diecinueve años y dos días que llegué a Irlanda para quedarme. Ya había estado en Dublín unos meses antes, de visita, pero esta vez me venía a vivir aquí, por tiempo indefinido, sin billete de vuelta a España.

Por aquel entonces yo estaba recién casada y llevaba sólo tres años trabajando de informática; podríamos decir que tenía toda la vida por delante. Hasta entonces mi vida había sido bastante previsible, pero aquel era el momento de empezar una nueva aventura… O más bien muchas, una detras de otra. Aventuras casi de todo tipo; unas más previsibles que otras, unas más retadoras que otras, y todas ellas tremendamente enriquecedoras.

Las he llamado aventuras, pero tal vez hay una palabra mejor para definirlas: transiciones.

Photo of a cloudy sunset at a pebbly beach in county Galway, Ireland

(Esta foto la saqué pasando una tarde estupenda con mis primos en una playa del condado de Galway, perdón pero no recuerdo el nombre de la playa)

El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define transición como la «Acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto», y propone sinónimos como cambio, mudanza, transformación y metamorfosis.

Curiosamente, hace unos días en el trabajo (¡gracias Naval!) compartieron información sobre la importancia de las transiciones en la vida de una persona. Éstas son las conclusiones de Bruce Feiler, autor del libro Transiciones: ¿Cómo sobrellevar los cambios en la vida?:

  • Las personas solemos experimentar una transición nueva cada 12-18 meses.
  • La mayoría de las transiciones tardan por lo menos de tres a cinco años en completarse.
  • Una de cada diez se convierte en un «lifequake» – una especie de terremoto que sacude completamente nuestra vida.
  • A lo largo de nuestra vida nos toca vivir entre tres y cinco de esos «lifequakes».
  • El 53% son involuntarios, incluyendo acontecimientos como que tu pareja te engañe, que te despidan del trabajo o que te diagnostiquen una enfermedad.
  • El 47% son voluntarios, incluyendo engañar tú a tu pareja, dejar tu trabajo para emprender un negocio o elegir mudarte a otro país.

Interesante, ¿verdad? Echando la vista atrás, sí que puedo identificar unos cuantos de esos «lifequakes» en mi vida, y sí que es verdad que parece que se te viene el mundo abajo, o al menos, sientes que todo se tambalea dentro y fuera de ti. Da un poco de vértigo.

Hasta que poco a poco, con paso del tiempo, todo se va colocando otra vez; aparece la luz al final del túnel, y al final sales de la experiencia sintiéndote un poco más fuerte y un poco más sabio. Y así hasta la próxima, lo quieras o no, porque las transiciones son una parte inevitable de la vida.

Y ¿qué es lo que nos puede ayudar a sobrellevar mejor las transiciones, sobre todo las más radicales? Todas las herramientas y recursos de desarrollo personal que podamos encontrar nos serán muy útiles, y si llevas un tiempo leyendo este blog, espero que hayas podido identificar algunas (el autoconocimiento y la gestión emocional son siempre un excelente punto de partida, así como la filosobía estoica, y por supuesto, el coaching).

Pero además de todos estos recursos, hay otro factor que según los expertos es sumamente importante (gracias Luis por esta información). Como explica Robert Waldinger en su charla TED, un estudio de Harvard en el que llevan 75 años observando a individuos a lo largo de su vida (y midiendo sus niveles de felicidad) les ha llevado a la conclusión de que, independientemente del nivel socioeconómico y de otros muchos factores, los individuos más felices son sin duda los que tienen buenas relaciones con otras personas.

En otras palabras: la calidad de tus relaciones determina la calidad de tu vida. Punto. Así de simple.

Y no me refiero solamente a la pareja (a la que hoy en día, por cierto, cargamos con demasiadas expectativas); también están los amigos, la familia… En definitiva, el tener una red de seres queridos con quienes compartir tus penas y tus alegrías. Está demostrado que es bueno para la salud mental, emocional y también física.

Volviendo otra vez la vista atrás, me doy cuenta de que para todos y cada uno de esos «lifequakes» tuve la suerte de contar con el amor y el apoyo de mis seres queridos: mi familia y mis amigos. Ellos sintieron mis penas y mis alegrías, me escucharon y me ofrecieron su ayuda, y confiaron en mí aunque no siempre comprendieran o compartieran mis decisiones. Todo eso me ayudó inmensamente a seguir adelante con paso más o menos firme. Y la verdad es que no sé si alguna vez se lo agradecí… MIL GRACIAS a todos, de corazón.

¿Y tú? ¿A qué «lifequakes» te enfrentas o te has enfrentado últimamente? ¿Y con quién cuentas para compartir el camino y que se te haga un poquito más fácil?

Trayectorias profesionales (III)

Este fin de semana hemos estado hablando en casa de carreras universitarias. Irene, mi hija mayor, está en el último curso del instituto, así que le toca elegir ya lo que quiere estudiar, y a su hermana Alicia le quedan sólo dos años para verse en las mismas.

(Esta foto es de la universidad de Maynooth, que está bastante cerca de nuestra casa. Es una universidad moderna, pero también tiene algunos edificios antiguos; el otro día me di una vuelta por allí, y me gustó mucho el ambiente.)

La verdad es que lo de elegir universidad y carrera es un punto de inflexión en la vida de un adolescente, quizá la primera gran decisión a la que se enfrenten muchos de ellos… Y puede ser un proceso bastante abrumador, lleno de dudas e incertidumbre. Los que ya tengan clara su primera opción sentirán presión por sacar suficiente nota, y se agobiarán pensando si lo conseguirán o no. Pero, ¿y los que ni siquiera sepan por dónde tirar? Pues más dudas, más presion y más agobio todavía, intentando aclararse las ideas y elegir bien.

Porque claro, lo que estudies en la carrera va a ser lo que determine tu vida profesional una vez que acabes…

Todo esto me recuerda a la charla que di el año pasado sobre trayectorias profesionales (puedes leer los artículos aquí y aquí), en la que intentaba tranquilizar un poco a los chavales en este sentido. Cuando se trata de decisiones importantes como ésta, es natural sentir la necesidad de acertar con la solución perfecta, en este caso de elegir la trayectoria profesional ideal… Pero la realidad es que ni tenemos toda la información, ni todo depende de nosotros, además de que no existe la solución perfecta como tal; lo que existe son opciones diferentes que nos van a dar resultados y aprendizajes diferentes.

Por suerte, hoy en día, el elegir una carrera o una profesión determinada no significa que tengas que quedarte atrapado ahí para toda la vida: la reinvención profesional está a la orden del día, tanto por voluntad propia como por la evolución del mercado laboral. Así que, en mi opinión, lo más importante es empezar por alguna parte (a ser posible en algo que te guste y/o que se te dé bien), hacerlo lo mejor que puedas, aprender mucho, ganar experiencia, y luego ya si hace falta, ir ajustando el rumbo a medida que avances.

Eso sí, tampoco es cuestión de irse reinventando y cambiando de carrera profesional cada diez minutos, ¿eh? Hace falta un poco de paciencia y perseverancia para poder aprender todo lo que cada etapa nos tenga que enseñar.

Y lo bueno es que todos esos conocimientos, experiencias y habilidades que adquirimos en cada etapa los vamos integrando sin darnos cuenta, y eso nos convierte en mejores profesionales, aunque a primera vista parezca que algunas cosas no sean relevantes o no se puedan aplicar al nuevo puesto o a la nueva situación.

Os pongo un par de ejemplos de mi propia trayectoria para ver si se entiende mejor:

  • Yo en la universidad estudié ingeniería informática, lo cual me sirvió para aprender a programar, y aunque no era la ilusión de mi vida programar (no era my hobby, como lo era para algunos de mis amigos), se me daba más o menos bien, y mis primeros trabajos al terminar la carrera fueron de programadora.
  • Al llegar a Irlanda empecé a trabajar también como programadora, pero al pasar el tiempo entraron otros informáticos más júnior en mi equipo, y yo pasé a programar cada vez menos y a hacer cada vez más tareas de análisis (o sea, entender cómo funciona el sistema y qué cambios hacer según lo que se necesite para cada proyecto).
  • En la siguiente empresa en la que entré (que es en la que aún estoy), ya me contrataron directamente como analista de sistemas.
  • Las tareas típicas de un analista incluyen:
    • Recopilar los requisitos de los clientes o usuarios para añadir funcionalidad a un sistema,
    • Documentar el estado actual del sistema (as-is),
    • Definir el estado futuro, una vez añadida la nueva funcionalidad (to-be)
    • Especificar los cambios necesarios para pasar del estado actual al estado futuro, y
    • Trabajar con el equipo de desarrolladores para implementar dichos cambios.
  • Años después, descubrí el coaching, una disciplina que a primera vista no tiene nada que ver con el análisis de sistemas… Hasta que nos ponemos a mirar en detalle los pasos del método GROW, que es el modelo más extendido en coaching:
    • Goal – Definir el objetivo: ¿qué es lo que quieres conseguir?
    • Reality – Explorar la realidad: ¿cómo son las cosas ahora mismo, en relación a ese objetivo?
    • Options – Listar las opciones: ¿qué podrías hacer para avanzar hacia tu objetivo?
    • Will or Way forward – Plan de acción: ¿qué vas a hacer, por dónde vas a empezar?

Resulta que (a grandes rasgos y salvando las distancias), la estructura de una sesión de coaching no es tan diferente de los pasos que hay que seguir antes de modificar una página web, por ejemplo. Y la mente estructurada y analítica que he ido desarrollando en todos estos años gracias al análisis de sistemas me ha dado muy buena base para poder gestionar mis sesiones de coaching.

Y otro paralelismo más que he notado:

  • Más allá de las sesiones individuales, recordemos que el coaching es sobre todo un proceso:
    • Al principio del todo se establece un objetivo principal (el objetivo de proceso), y se define lo mejor posible.
    • Después, en cada sesión identificamos un tema concreto que trabajar (el objetivo de la sesión) en relación con el objetivo principal, y definimos un nuevo plan de acción.
    • Así, cada sesión implica dar un paso más en el camino hacia el objetivo principal, evaluando los resultados del paso anterior y ajustando el rumbo siempre que sea necesario.
  • Esto se podría comparar a cómo trabajamos en informática con las metodologías Agile, por ejemplo con Scrum:
    • Cada proyecto o iniciativa representa un objetivo: implementar cierta funcionalidad en el sistema.
    • El equipo define, para cada ciclo de trabajo (lo que en Scrum se llama sprint, un periodo fijo de tiempo, por ejemplo de dos semanas), un objetivo parcial como parte del desarrollo completo, basándose en el número de tareas que estiman que pueden terminar en ese tiempo.
    • Al final de cada sprint se hace un seguimiento del trabajo, se reflexiona sobre lo que ha funcionado y lo que no, lo que se ha conseguido terminar y lo que no, se hacen los ajustes necesarios, y se planifica el siguiente sprint.

Espero que estos ejemplos ilustren un poco lo que quiero decir con este post: que muchas de las cosas que aprendemos en unos contextos nos pueden servir en muchos otros contextos, y que aunque no «acertemos» a la primera con nuestra carrera profesional, estaremos aprendiendo y evolucionando igualmente, por lo que no estaremos perdiendo tiempo ni mucho menos, sinio todo lo contrario.

¿Y tú que opinas? ¿Qué habilidades tienes ahora gracias a trabajos o proyectos del pasado?

Una llamada al amor: estad despiertos

Hoy os traigo otro de mis capítulos favoritos del libro Una llamada al amor, de Anthony de Mello, que me parece de una sabiduría impresionante. Puedes leer los anteriores posts sobre este tema aquí y aquí.

Photo of an orange sky at sunrise, with the sun, a few clouds and a bird flying

Esta es la meditación número veintidós, a ver qué os parece, y yo también os cuento más abajo mi opinión:

«Dichosos los siervos a quienes su señor encuentre despiertos cuando regrese» (Lc 12, 37)

En todas las partes del mundo, la gente anda buscando el amor, porque todos están convencidos de que sólo el amor puede salvar al mundo. Pero muy pocos comprenden en qué consiste realmente el amor y cómo brota en el corazón humano. Con demasiada frecuencia se equipara el amor a los buenos sentimientos para con los demás, a la benevolencia, a la no-violencia, al servicio… Pero todas esas cosas, en sí mismas, no son el amor. El amor brota del conocimiento consciente. Sólo en la medida en que seas capaz de ver a alguien tal como realmente es aquí y ahora, no tal como es en tu memoria, en tu deseo, en tu imaginación o en tu proyección, podrás verdaderamente amarla; de lo contrario, no será a la persona a la que ames, sino la idea que te has formado de ella, o bien a la persona como objeto de deseo, pero no tal como es en sí misma.

Por eso, el primer acto de amor consiste en ver a esa persona u objeto, esa realidad, tal como verdaderamente es. Lo cual exige la enorme disciplina de liberarte de tus deseos, de tus prejuicios, de tus recuerdos, de tus proyecciones, de tu manera selectiva de mirar; una disciplina tan exigente que la mayoría de las personas prefieren lanzarse de cabeza a realizar buenas acciones y a ser serviciales que someterse al fuego abrasador de semejante ascesis. Cuando te pones a servir a alguien a quien no te has tomado la molestia de comprender, ¿estás satisfaciendo la necesidad de esa persona o la tuya propia? El primer ingrediente del amor, por tanto, consiste en comprender realmente al otro.

El segundo ingrediente, tan importante como el primero, es comprenderte a ti mismo, iluminar implacablemente, con la luz del conocimiento consciente, tus motivos, tus emociones, tus necesidades, tu falta de honradez, tu egoísmo, tu tendencia a controlar y a manipular. Lo cual significa llamar a las cosas por su nombre, por muy doloroso que resulte. Si logras tener esa clase de consciencia del otro y de ti mismo, sabrás lo que es el amor, porque poseerás una mente y un corazón alerta, vigilantes, claros y sensibles; una claridad de percepción y una sensibilidad que te harán reaccionar correcta y adecuadamente en cada situación y en cada momento. Unas veces te verás irresistiblemente llamado a la acción; otras, te refrenarás y te contendrás. Unas veces te verás obligado a ignorar a los demás; otras, les prestarás la atención que solicitan. Unas veces te mostrarás amable y complaciente; otras, duro, intransigente, enérgico y hasta violento. Y es que el amor, que brota de la sensibilidad, adopta las más inesperadas formas y responde, no a pautas y principios preconcebidos, sino a la realidad concreta del momento. Cuando experimentes por primera vez esta clase de sensibilidad, probablemente sientas verdadero temor, porque todas tus defensas se vendrán abajo, tu falta de honradez quedará al descubierto y los muros de protección que te rodean serán destruidos.

Piensa en el terror que invade a un hombre acaudalado cuando alcanza a ver realmente la lastimosa situación de los pobres; o a un dictador sediento de poder cuando se digna contemplar el verdadero estado en que se encuentra el pueblo por él oprimido; o a un fanáatico intolerante cuando logra comprender que sus convicciones no se corresponden con los hechos. O pensa en el terror que invade al romántico enamorado cuando se decide de veras a admitir que lo que él ama no es a su amada, sino la imagen que tiene de ella. Por eso es por lo que el más doloroso acto que un ser humano puede realizar es el acto de mirar. Es en ese acto de mirar donde nace el amor; mejor dicho, ese acto de mirar es el amor.

Una vez que empieces a mirar, tu sensibilidad te llevará a tomar conciencia, no sólo de las cosas que decidas ver, sino de todas las demás cosas. Y tu pobre ego tratará desesperadamente de embotar esa sensibilidad, porque se ha visto despojado de sus defensas y se ha quedado sin protección y sin nada a lo que aferrarse. Si alguna vez te permites mirar, será tu muerte. Por eso es por lo que el amor es tan aterrador: porque amar es mirar, y mirar es morir. Pero es también la más deliciosa y estimulante experiencia de este mundo, porque en la muerte del ego está la libertad, la paz, la serenidad, la alegría…

Si lo que de veras deseas es amar, entonces ponte inmediatamente a mirar; pero tómatelo en serio. Fíjate en alguien que te desagrade y percibe de veras tus perjuicios; fíjate en alguien o algo a lo que te aferres y comprieba realmente el sufrimiento, la inutilidad y la falta de libertad que supone aferrarse… Y contempla detenida y tiernamente los rostros humanos y la conducta humana. Tómate tiempo para mirar asombrado la naturaleza, el vuelo de un pájaro, la lozanía de una flor, la caída de una hoja seca, el fluir de un río, la salida de la luna, la silueta de una montaña a contraluz… Y mientras lo haces, la sólida coraza que protege tu corazón se reblandecerá y se fundirá, y tu corazón rebosará de sensibilidad y delicadeza. Se desvanecerá la oscuridad de tus ojos, tu visión se hará clara y penetrante, y al fin sabrás lo que es el amor.

Anthony de Mello, Una llamada al amor, Meditación 22

¿Qué opináis de esta manera de explicar lo que es el amor? Da que pensar, ¿verdad?

En negrita os he señalado las ideas que a mí me parecen clave en todo esto, y me gustaría puntualizar unas cuantas cosas:

  • Primero, que no creo que sea posible llegar a ver la realidad exactamente como es, dado que nuestro cerebro siempre procesa la información que le llega a través de los sentidos pasándola por ciertos filtros y patrones.
  • Segundo, que precisamente por eso es todavía más importante que hagamos el trabajo de identificar esos filtros y patrones, para saber claramente de qué manera estamos siempre distorsionando la realidad, y que podamos minimizar esos sesgos en la medida de lo posible.
  • Y tercero, que lo de «matar al ego» no es necesario… De hecho, ni siquiera es posible: el ego forma parte de nosotros, es la estructura mental que nos hemos montado para poder desenvolvernos en este mundo, así que no podemos eliminarlo por completo. Pero lo que sí podemos hacer, una vez más, es ser conscientes de que existe y aprender cómo funciona, para saber reconocer los pensamientos que nos plantea, y poder elegir cuándo hacerle caso y cuándo no.

Por todo esto creo que tiene sentido cambiar el orden de los factores, o como dice Anthony de Mello, de los ingredientes: primero, dediquémonos a conocernos, comprendernos y gestionarnos bien a nosotros mismos (lo cual, por cierto, es un proceso que lleva su tiempo, así que paciencia), y así más adelante podremos empezar a conocer, comprender y finalmente amar a los demás.

Tiempo para conectar

Esta semana estoy de viaje. 

De lunes a viernes he trabajado desde la oficina de Carolina del Norte, conectando en persona con mis compañeros. Es un viaje que hago una o dos veces al año, y que siempre me merece muchísimo la pena, aunque sea un poco paliza con los vuelos, el jet lag y demás peripecias (y este año más todavía, con retrasos varios y apagón de aeropuerto incluido).

Después, a la vuelta, he tenido la inmensa suerte de poder apañar unas micro vacaciones: ¡Un día en Chicago! Veinticuatro horas para patearme la ciudad, y comprobar si recordaba algo desde la otra vez que la visité, hace tropocientos años. Lo he disfrutado un montón, la verdad.

Total, que ha sido una semana muy completita. Claro que, como me pasa a menudo con los viajes, ha habido varios aspectos de mi «gestión de batería» que he descuidado bastante, concretamente tres de los cuatro (si no sabes de lo que hablo, pásate por este artículo).

He comido peor, descansado menos y forzado mi cuerpo un poquillo durante estos días, es verdad. Pero en la cuarta categoría, la conexión, he puntuado doble: he dedicado tiempo a conectar intencionadamente con otras personas (y fortalecer así varias relaciones personales y profesionales), y aún más importante, he dedicado tiempo a reconectar conmigo misma. Y me ha venido de maravilla.

Ahora toca volver a entrar en rutina con las tres primeras patas del bienestar (descanso, dieta y ejercicio), a ser posible si perder la cuarta, la conexión, que en cuanto falla una pata, la mesa entera se desequilibra… ¿Sugerencias? ¿Comentarios? ¿Cómo gestionas tú tu energía?

Pre-preparando la vuelta al cole

¿Vuelta al cole? ¿Ya? Qué rápido se ha pasado el verano…

Bueno, en España todavía queda un poco más, pero en Irlanda los institutos empiezan ya a finales de esta semana, y los coles de primaria, la semana siguiente. Después de las merecidas vacaciones de verano, en el hemisferio norte nos toca volver a centrarnos y hacer los preparativos correspondientes para empezar un nuevo curso.

Photo of a paper sheet with the world continents drawn on it in different colours, surrounded by a few coloured pencils

Por cierto, esto de la vuelta al cole no es sólo para los niños: los adultos también empezamos un nuevo curso, una nueva etapa. Es un buen momento para plantearnos comenzar nuevos proyectos, o tal vez retomar alguno que hayamos dejado aparcado durante el verano.

Y en esas estoy yo precisamente ahora mismo, aprovechando el momento para volver a ponerme en marcha, ya os contaré más detalles la semana que viene. Por lo pronto, aquí tenéis unas cuantas citas que me están ayudando mucho a emprender mis proyectos con más ilusión y energía (y menos perfeccionismo):

El éxito depende menos de que consigas que todo te salga bien, y más de cómo gestiones las cosas que te salgan mal.

Michelle Russel

Hasta que no cruces el puente de tus inseguridades no vas a poder empezar a explorar tus posibilidades.

Tim Fargo

Si esperamos hasta el momento en que todo, absolutamente todo, esté preparado, no empezaremos nunca.

Ivan Turgenev

Y tú, ¿qué quieres conseguir este nuevo curso? ¿Y cuándo vas a ponerte manos a la obra?

¡Pórtate bien!

Este fin de semana estoy en León, una ciudad a la que le tengo mucho cariño. Esta mañana, al pasar por delante de la catedral, me he encontrado otra vez con esta estatua, que me parece muy curiosaa:

Statue of a father and his son, from three different viewpoints, in León city (Spain)

Es un padre admirando la catedral (que la verdad es que es preciosa, un edificio impresionante) e intentando que su hijo la admire también, y su hijo (¿de unos siete u ocho años quizá?) mirando para otro lado y pasando olímpicamente.

¿Os suena? ¿Cuántas veces nos frustramos porque nuestros hijos (u otras personas) no hacen lo que nosotros queremos, o porque no les gusta lo que nos gusta a nosotros? Por suerte, este padre no parece muy enfadado; igual se da cuenta de que a distintas edades y en distintos momentos de nuestra vida tenemos prioridades diferentes, y lo de «ver piedras» (especialmente con tus padres) cuando eres niño o adolescente, pues como que no mola mucho.

Yo reconozco que soy la primera que tengo muchas expectativas para mis hijas. Con los años, me he ido dado cuenta de dos cosas: una, que que algunas de esas expectativas son razonables y otras no, y dos, que incluso aunque sean razonables, si no se las comunico claramente, no puedo esperar que ellas sean adivinas y me lean la mente… Por mucho que a mí haya cosas que me parezcan obvias, lo que es importante para mí no tiene por qué serlo para otras personas, incluidas mis hijas.

En general, todos los padres queremos que nuestros niños «se porten bien», pero ¿qué significa exactamente portarse bien? ¿Cómo se traduce eso en comportamientos concretos? «Pórtate bien» es una expresión tan genérica y difusa que los niños no saben qué hacer con ella; es mucho mejor dar instrucciones claras para que sepan lo que se espera de ellos en cada momento. Y a medida que van creciendo, nuestra estrategia como padres también tiene que ir evolucionando: menos dar instrucciones y más diálogo y negociación. Habrá cosas negociables y cosas que no; seamos flexibles en lo que podamos, y ellos lo agradecerán, y será más fácil que nos hagan caso en las cosas verdaderamente importantes, sobre todo si entienden el porqué.

Todo esto me ha recordado a un chiste de Mafalda que siempre me gustó mucho; como siempre, el gran Quino y su sabiduría:

Black and white comic strip from Quino, showing Mafalda´s friend Miguelito

Os transcribo aquí la letra: es un monólogo de Miguelito, supuestamente hablando con sus padres:

  • ¡»Portate bien»! ¡»Portate bien»! ¡Uno no puede portarse siempre bien!
  • ¡Todos los hijos del mundo nos portamos una veces bien y otras mal!
  • ¡Claro! ¡Querer ser padres de un hijo que nunca se porte mal es cómodo!
  • ¡Querer ser padres de un hijo que jamás les dé trabajo es fácil!
  • ¡Pero es antideportivo, váyanlo sabiendo!

Fabricando recuerdos

Hoy toca post medio melancólico, en plan «madre mía, cómo pasa el tiempo…»

Decía John Lennon que la vida es eso que pasa mientras estás ocupado haciendo otros planes. Y aunque ya lo sabemos de sobra, de vez en cuando todavía nos sorprende, ¿verdad? De pronto vemos una foto, o hablamos con un familiar o con un viejo amigo, y nos asaltan los recuerdos.

En estas dos últimas semanas me han surgido muchos de esos momentos, y sin dudarlo, me he vuelto a poner a buscar en el baúl de los recuerdos. A veces mis hijas se interesaban por los viejos tiempos y me preguntaban cosas, y yo aprovechaba para contarles cómo era mi mundo cuando yo era pequeña.

Photo of an old radio and tape recorder placed at the edge of a swimming pool, with trees and a blue sky in the background

Pero el caso es que van pasando los años… Yo ya no soy pequeña, y ellas poco a poco van dejando de serlo también. Sus primos mayores, que hace unos años estaban como ellas ahora, ya son adultos y tienen sus propias vidas. Y el darme cuenta de todo eso me anima a atesorar aún más los recuerdos de todos estos años, y a seguir creando otros nuevos, como los que hemos fabricado hasta ahora este verano:

  • Reuniones familiares, despedidas y bienvenidas. ¡La boda del año! Bailar hasta el amanecer.
  • Paseo en kayak por un rincón escondido de Extremadura, de la mano de la prima Isabel.
  • Barbacoas y chapuzones, juegos de mesa junto a la piscina y acampada al aire libre para los valientes (¡gracias Adrián!).
  • Animar juntas a España en la final de la Eurocopa, y celebrar la victoria con el súper postre casero de Eva.
Photo of a home made chocolate and biscuit dessert in a drinking glass, on a green tablecloth

Y tú, ¿qué recuerdos has fabricado últimamente? ¿A qué te saben y a qué suenan tus veranos?

Raíces y alas

Una idea sobre la que llevo tiempo queriendo escribir, como ya os dije la semana pasada, es el tema de las raíces y alas.

No recuerdo cuándo ni dónde oí sobre este concepto por primera vez; lo que sí recuerdo es que la idea me pareció muy interesante, y que le pedí a mi amigo Óscar que me hiciera una ilustración para escribir un post sobre el tema. Óscar lo que me dijo fue que escribiera el post primero, para servirle de inspiración, y ahí se quedó la cosa…

Creo que hoy es el día perfecto para escribir por fin este post. La «peque mayor» de la familia (mi sobrina mayor, Ana) se nos acaba de casar, acaba de volar metafóricamente del nido, y durante la ceremonia (que por cierto fue preciosa), el novio se refirió con gran emoción a las alas para volar y las raíces para volver que sus familias respectivas les habían regalado.

Buscando por internet, encuentro que era Goethe el que decía que solo podemos dejar a nuestros hijos un legado duradero: raíces y alas. Esto me hace también reflexionar sobre mis propias raíces y alas, de las que estoy eternamente agradecida a mi familia, y también sobre las que me esfuerzo cada día en proprocionar a mis hijas. Ellas se están criando en un país diferente, lejos de la mayoría de su familia, y para mí es esencial que integren su lado irlandés con el español, que sientan esa estabilidad y esa fortaleza de saber quiénes son y de dónde vienen, y así poder dar sus propios pasos en la vida con seguridad y confianza.

Os pongo aquí una foto que representa mis raíces, el «lugar feliz» de mi infancia, y otra que en cierto modo representa mis alas: el camino que yo he recorrido por mí misma, los lugares a los que he llegado y a los que llegaré.

Photo of a little girl (me) sitting on a wicker chair in the Spanish countryside in the summer

Photo of a sunset by the seaside, with the sunlight reflecting its light on the water

(Perdón Ana y Javi por ser un poco copiona y poner el mar, pero es que da la casualidad de que yo también vivo en una isla 😉 )

También buscando por internet me he topado con varias citas y poemas sobre este tema, y me he quedado con estos dos, que son del mismo autor, espero que os gusten:

Los mejores regalos que puedes dar a tus hijos son las raíces de la responsabilidad y las alas de la independencia.

Dennis Waitley

Raíces y alas, por Dennis Waitley

Si tuviera dos deseos, sé cuáles serían
Desearía Raíces a las que aferrarme, y Alas para liberarme.
Raíces de valores internos, como los anillos de un árbol,
y Alas de independencia para buscar mi destino.

Raíces que tener siempre para mantenerme a salvo y fuerte,
Para hacerme saber que me quieres cuando he hecho algo mal;
Para mostrarme con el ejemplo, y ayudarme a aprender a elegir,
Realizar cada día esas acciones para ganar en lugar de perder.

Sólo estate ahí cuando te necesite, para decirme que todo está bien,
Enfrentarme a mi miedo a caer cuando pruebo mis alas en vuelo;
No me hagas la vida demasiado fácil, es mejor que lo intente yo,
Y fracasar y volver a levantarme, para aprender a volar.

Si tuviera dos deseos, sólo dos para ser feliz
Y sólo pudieran concedérmelos mi mamá y mi papá;
No pediría dinero ni cosas compradas en tiendas.
Los mejores regalos que pediría son simplemente Raíces y Alas.

Qué bonito, ¿verdad? Y para ti, ¿Qué símbolos o imágenes representan tus raíces y tus alas?

P.D.- ¡Enhorabuena Ana y Javi! Vosotros sois el ejemplo vivo de lo que significa tener raíces y alas. Os quiero muchísimo.

Revoltijo de emociones

Ayer fuimos las niñas y yo al cine a ver Inside Out 2, que en España se ha traducido como Del Revés 2. Habiéndome gustado tantísimo la primera peli, sabía que la segunda también me iba a gustar 🙂

(Si quieres saber más sobre la primera peli y sus emociones protagonistas, puedes leer aquí y aquí).

Esta foto es de una bolsita de tela que encontré en una tienda hace varios años y que me hizo mucha gracia: es literalmente lo que en inglés se llamaría «a mixed bag of emotions» (una bolsa de emociones mezcladas). Lo de «mixed bag» en inglés se utiliza para expresar que se juntan cosas buenas y malas; en este caso, me recuerda que todos pasamos por momentos en los que tenemos por dentro un revoltijo de emociones, unas que nos resultan más agradables, y otras que menos.

Pero bueno, volviendo a la peli nueva, tampoco quiero reventaros mucho el argumento, aunque si habéis visto los tráilers ya os habréis hecho una idea: nuestra amiga Riley acaba de cumplir trece años, y al llegar la adolescencia, todo se vuelve mucho más complicado, con emociones nuevas e imprevisibles…

Una vez más, me parece que los artistas de Pixar han representado magistralmente de forma simbólica lo que ocurre dentro de la mente humana, explicando cómo funciona esa montaña rusa mental y emocional que sobre todo en la adolescencia nos arrastra a veces sin remedio. Y dando un paso más allá, la historia se adentra también en el mundo de las creencias, y en cómo se van formando y consolidando a medida que crecemos.

Me voy a aventurar aquí a deciros el mensaje que yo me he llevado de esta película, que no sé si será o no el que los guionistas tenían pensado: así como la primera parte hacía mucho hincapié en que todas las emociones son necesarias y deben tener su espacio, la segunda parte nos habla de la importancia de aceptar tanto lo que nos gusta como lo que no nos gusta de nosotros mismos y de lo que nos sucede.

Reconocer las partes que consideramos positivas y las que percibimos como negativas, la luz y la sombra. Porque todos estamos llenos de contradicciones, y al igual que tenemos fortalezas, tenemos debilidades, no porque nos pase nada malo que haya que esconder o que arreglar, sino porque así es como funcionamos los seres humanos. Cada uno tenemos lo nuestro, y aceptar e integrar lo que nos vamos encontrando a medida que avanzamos es la clave para poder crecer, madurar y evolucionar como personas.

Y tú, ¿ya has visto la peli? ¿Que es lo que te ha transmitido? Y si aún no la has visto, ¿a qué esperas?