Mala memoria

A veces, cuando pienso en ideas que pueden ser interesantes para escribir en el blog, me pasa que no me acuerdo de si ya he escrito antes sobre un tema determinado o no, y me tengo que poner a buscar palabras clave en los archivos para confirmar que no me estoy repitiendo más de la cuenta.

La semana pasada dije que os iba a explicar un ejercicio muy sencillo para clarificar valores… Pues resulta que ya os lo conté en junio del año pasado, en este artículo: cosas que importan.

Y el artículo de hoy se iba a titular «Decisiones», pero me he dado cuenta de que ese título ya lo utilicé hace algo más de un año, y precisamente para compartir una de las dos citas que me habían venido a la mente para hoy. ¡Qué mala memoria tengo a veces!

Pero bueno, no está de más el volver a visitar algunos temas, y como todavía tengo la otra cita que quería compartir y una más que me ha surgido por el camino, pues allá voy.

Vista del puente de cuerda de Carrick-a-Rede en Irlanda del Norte, rodeado de acantilados y mar, con una trayectoria que conecta dos tierras en un entorno natural.

(Foto del famoso puente de cuerda de Carrick-a-Rede, en Irlanda del Norte, que visitamos hace unos meses. ¿Cruzar, o no cruzar? Esa es la cuestión.)

¿Qué tal se te da tomar decisiones?

Yo siempre me he considerado bastante indecisa, pero me he dado cuenta de que, con los años, he ido mejorando: todavía sigo pensándome bastante las cosas, eso no lo voy a poder evitar, pero al menos ahora entro antes en acción, mucho antes en algunos casos, en lugar de quedarme paralizada en la indecisión o procrastinando por no equivocarme, como me pasaba antiguamente.

Ahora que lo pienso, creo que el coaching ha tenido mucho que ver en todo esto. Tal y como explico en este otro artículo, el coaching está muy enfocado en el presente y el futuro: en tener claro dónde estamos y adónde queremos llegar, y en dar pasos conscientes y decididos en dirección al objetivo. Pero además, el coaching nos ayuda a abrir la mente: a vernos como personas capaces y llenas de recursos, personas que pueden conseguir muchas cosas (quizá no todas, pero sí muchas), y a ver el mundo como un entorno lleno de posibiliidades, donde hay múltiples maneras de resolver cada problema, y donde cada paso que damos nos trae nuevos aprendizajes, sobre todo cuando no acertamos a la primera.

Y a lo largo del camino, toca tomar decisiones, lo cual a veces no es fácil, pero es necesario… Aquí va la primera cita de hoy para reflexionar un poco (gracias Luis):

Decisiones fáciles, vida difícil.
Decisiones difíciles, vida fácil.

Jerzy Gregorek

¿Qué te parece? Es un poco durilla, pero si lo piensas, es cierto: muchas veces optamos por la salida fácil o cómoda a corto plazo, ya sea en cuestión de hábitos saludables o de muchas otras cosas, porque no vemos (o no queremos ver) las consecuencias a largo plazo.

También es verdad que nuestro cerebro no nos ayuda precisamente con esto: él vive siempre en el presente y su objetivo es que sobrevivamos, así que nuestro piloto automático siempre va a ser cortoplacista, y por eso una hamburguesa nos va a atraer siempre más que una ensaladita, no vaya a ser que luego nos muramos de hambre. Por suerte, y aunque nos cueste un poco más de esfuerzo y cierta incomodidad pasajera, podemos sobreescribir esos impulsos cortoplacistas y tomar decisiones más equilibradas (con la comida y con todo lo demás). Y después, practicando esos nuevos comportamientos hasta convertirlos en hábitos, nos lo podemos poner mucho más fácil a largo plazo.

Por cierto, no debería hacer falta decirlo, pero lo diré igualmente por si acaso: tomar decisiones como un adulto responsable implica aceptar plenamente las consecuencias. Lo cual significa cero quejas, y cero echarle la culpa a los demás. Y hablando de culpa, aquí va la segunda frase de hoy, que espero que ayude un poco a quitarle hierro al asunto (gracias Hernán, esta me la enseñaste tú hace muchos años):

En la naturaleza no hay premios ni castigos, lo que hay son consecuencias.

Robert Green Ingersoll

Nuestra tradición judeocristiana nos ha enseñado a ponerle a todo la etiqueta de «bueno» o «malo», y a creer que todo lo «bueno» es recompensado (tal vez en la otra vida), y todo lo «malo», castigado. Pero en la vida las cosas raramente son tan en blanco y negro, y además, el sentirnos culpables no va a solucionar nada, así que os propongo otro planteamiento: el de que todas nuestras acciones tienen sus consecuencias, y esas consecuencias pueden favorecer y ayudar (a los demás, y también a nosotros), o todo lo contrario, perjudicar.

¿Qué tipo de consecuencias queremos generar? Cambiemos la culpa por la responsabilidad.

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