Solsticio de verano

Ayer fue el día más largo del año (en el hemisferio norte), seguido de la noche más corta, y las niñas y yo lo celebramos dando un paseíto por la playa al atardecer.

Photo of the sea and the sky at a beach in the evening, with the sun hiding behind a cloud and a few trees and houses in the distance on the left hand side

(Foto de la playa de Malahide ayer por la tarde, con la luz del sol filtrándose entre las nubes.)

Tal y como aprendí yo en el colegio las estaciones del año, el 21 de junio marca el comienzo del verano, pero para las zonas de tradición celta, como Irlanda, el verano a estas alturas ya está por la mitad, habiendo empezado (según su calendario) el 1 de mayo. De ahí que la famosa obra de Shakespeare El sueño de una noche de verano esté ambientada precisamente en estos días, y el título en inglés así lo refleja.

En cualquier caso, el solsticio de verano es una ocasión que se viene celebrando a lo largo de los siglos en muchas culturas. En España, la versión «cristianizada» de esta fiesta (probablemente a partir del festival celta de Grianstad) es la noche de San Juan, donde el fuego es el protagonista, ya sea a través de hogueras o de fuegos artificiales.

Yo hoy he tenido la suerte de poder participar en una pequeña celebración con agua de San Juan y baño de sonido incluidos (¡gracias Isabel!), y no descarto preparar mañana por la noche una mini-hoguera en un cuenquito como en los viejos tiempos… ¿Por qué? Porque estos rituales nos ayudan a «tomar tierra»: nos permiten apartarnos por un momento de la prisa y el ruido del día a día y mirar hacia adentro, escucharnos un poquito, reflexionar sobre esta primera mitad del año y plantearnos nuestro camino de ahora en adelante.

Es momento de renovación, de cerrar unos ciclos y empezar otros, de decidir lo que queremos conservar en nuestra vida, lo que queremos atraer y potenciar, y lo que queremos soltar para que pueda marcharse y dejarnos avanzar.

¿Y tú? ¿Qué quieres conservar o atraer en este momento de tu vida, y de qué te quieres liberar?

Educación

En estos días se está hablando mucho en nuestra casa de universidades y carreras, entre otras cosas porque Irene está ahora haciendo los exámenes del leaving cert, el equivalente a la selectividad / PAU / EVAU española (¡mucho ánimo Irene, que ya no te queda nada!)

Photo of the Harvard University library, in Boston

(Foto de la fachada de la biblioteca de la universidad de Harvard, por donde tuve la suerte de poder pasear cuando visité Boston hace unos años.)

También da la casualidad de que han venido unos amigos a Dublín para visitar universidades esta semana, y hemos estado comparando un poco los sistemas educativos de distintos países: España, Irlanda, Reino Unido, Estados Unidos y hasta Francia… Ni que decir tiene que son muy diferentes entre sí.

Pero bueno, la idea de fondo, al menos en teoría, es la misma: conseguir una buena educación.

Hace unos meses escribí mis reflexiones sobre el tema de elegir carrera en el post titulado Trayectorias profesionales (III), y también en su momento escribí sobre la formación permanente (Hora de aprender) y sobre cómo aprovechar lo aprendido (Aprender, reaprender, desaprender). Hoy simplemente quiero dar un paso atrás y reconocer el valor de la educación, ya sea a través de una enseñanza reglada o de manera autodidacta:

El propósito de la educación es preparar a los jóvenes para educarse a sí mismos a lo largo de su vida.

Robert M. Hutchins

La educación es un descubrimiento progresivo de nuestra propia ignorancia.

Will Durant

Todo el propósito de la educación es convertir los espejos en ventanas.

Sydney J. Harris

La educación no consiste en llenar un cubo, sino en encender una llama.

William Butler Yeats

La educación es mejor salvaguardia de la libertad que un ejército permanente.

Edward Everett

¿Círculo, o espiral?

El otro día, hablando con un amigo sobre cosas de la vida, él se lamentaba de «volver a encontrarse en el mismo sitio» en el que estaba hace más de un año, como si, en lugar de avanzar, le hubiera dado la vuelta a un círculo para volver a acabar en el mismo punto. ¿Te suena?

Y es que, como dice el refrán, el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Y quien dice dos, dice tres, o diez, o veinte… A veces hay piedras con las que nos seguimos tropezando toda la vida.

Pero, ¿Y si aprovecháramos cada uno de esos tropezones para aprender? ¿Y si, en vez de lamentarnos o de maldecir la piedra, observáramos lo que pasa a nuestro alrededor (y todavía más importante: dentro de nosotros) cada vez que reaparece?

El día que consigamos dominar esta habilidad nos daremos cuenta que en realidad el recorrido no es un círculo, es una espiral: a cada vuelta vamos profundizando y volviéndonos un poquito más sabios, y auque de vez en cuando vuelvan a aparecer los mismos retos de antes, ya no serán exactamente iguales, porque habremos adquirido nuevos recursos y herramientas para enfrentarnos a ellos de manera diferente.

Photo of a flattened dark blue paper spiral on a clear background

(Foto de una espiral decorativa de papel, que plegada se asemeja mucho a un círculo, pero que al estirarla, vemos que no lo es)

¿Se entiende la idea? Aquí os dejo también un poema de Portia Nelson que creo que lo ilustra muy bien:

 Autobiografia en cinco capítulos

Capítulo Uno
Voy andando por la calle.
Hay un agujero profundo en la acera.
Me caigo dentro.
Estoy perdida… No sé que hacer.
No es culpa mía.
Tardo siglos en salir.

Capítulo Dos
Voy por la misma calle.
Hay un agujero profundo en la acera.
Hago como que no lo veo.
Me vuelvo a caer.
No me puedo creer que me haya caído en el mismo sitio.
Pero no es culpa mía.
Todavía tardo bastante en salir.

Capítulo Tres
Voy por la misma calle.
Hay un agujero profundo en la acera.
Veo que está ahí.
Aun así, me caigo. Es un hábito,
Pero tengo los ojos abiertos.
Sé donde estoy.
Es culpa mía.
Salgo rápidamente.

Capítulo Cuatro
Voy por la misma calle.
Hay un agujero profundo en la acera.
Lo esquivo.

Capítulo Cinco
Voy por otra calle.

¿Círculo, o espiral? Tú eliges.

Volviendo a la práctica

Si alguna vez habéis intentado hacer meditación, sabréis que gran parte de la práctica al principio consiste en centrar tu atención en algo (por ejemplo, en la respiración), distraerte inevitablemente al poco rato, darte cuenta de que te has distraído, y volver a centrar la atención. Una y otra vez, todas las que hagan falta, y así ir poco a poco entrenando la mente.

A todos los expertos meditadores que ya tengáis superada esa fase inicial, ¡Enhorabuena! Esa es una asignatura que yo todavía tengo pendiente, así que no puedo contaros por propia experiencia lo que pasa después (y sospecho que a lo mejor ni se puede expresar con palabras). Pero se me ocurre que ese entrenamiento de la actitud que hace falta para la meditación se puede aplicar a muchas cosas en la vida: la capacidad para volver tranquilamente al camino cuando notemos que nos hemos desviado, sin juzgarnos ni machacarnos por ello, simplemente dándonos cuenta, corrigiendo el rumbo y siguiendo adelante sin quedarnos enganchados en la culpa, la autojustificación, el victimismo o la queja.

Esto es lo que me ha venido a la cabeza esta tarde, cuando por fin me he puesto a hacer un ratito de yoga después de una racha muuuuuy larga de «no tener tiempo». En lugar de lamentarme por no haber estado practicando (cosa que admito que hago bastante últimamente), esta vez me he dejado de rollos, he sacado la esterilla y me he puesto a ello, sin pensármelo más. Y me ha sentado fenomenal.

Photo of the word YOGA printed in ornated black letters on a white piece of paper

(Esta foto es de los apuntes de uno de los cursillos que hice con mi primer profesor de yoga, allá por los años noventa, ¡gracias Carsun!)

En algún sitio oí o leí una vez una frase que decía que hacer yoga es lo mismo que no hacerlo, y recuerdo que la idea me cortocircuitó bastante en su momento, ¿pero cómo iba a ser lo mismo? No tenía sentido.

Luego con los años le encontré un significado, que no sé si será el mismo que le quería dar el autor, pero que a mí me ayudó, y aún me ayuda. Sabemos objetivamente que el yoga nos aporta muchos beneficios, unos más visibles e inmediatos, como la flexibilidad y la forma física que nos ayuda a conseguir, y otros más sutiles y profundos, que van apareciendo con la práctica continuada. Pues bien, al menos en mi experiencia, cuando más te das cuenta de todos esos beneficios es precisamente cuando los pierdes al dejar de practicar. Así que, desde ese punto de vista, tanto cuando practicas yoga regularmente como cuando lo dejas de lado, aprendes; aprendes que seguir practicando (o volver a practicar) es lo mejor que puedes hacer.

Aprovecho la ocasión para dar las gracias a todos l@s maestr@s de yoga de los que he tenido la suerte de aprender a lo largo de los años, GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS (y perdón si me dejo a alguien):

  • A Carsun, por enseñarme las bases del hatha yoga, el pranayama y muchas otras cosas, y sobre todo, por despertarme la curiosidad por todo este mundillo y por conocerme mejor a mí misma.
  • A Mary, por aquellas clases a mediodía en el gimnasio de Xilinx; disfruté mucho aprendiendo a fluir con el vinyasa.
  • A Lisa y a todo su equipo del Elbowroom, por cuidar tan bien de nosotras con el yoga para embarazadas, yoga para mamás y bebés y yoga para familias, y por darnos herramientas para afrontar el parto con más naturalidad.
  • A Martina y Stuart en su precioso rinconcito de Carlingford, un retiro al que me encantaría volver algún día.
  • A Karen y sus clases en Adamstown, un oasis en el ajetreo del día a día hasta que la pandemia nos sacudió a todos.
  • Y virtualmente desde hace cinco años, a Adriene, compañera de incontables sesiones en casa, a la que recomiendo encarecidamente (sus vídeos son en inglés).

Me alegro mucho de haber vuelto otra vez a la práctica del yoga. Como dice Adriene precisamente, lo más difícil es sacar cada día la esterilla y ponerse a ello, y al menos hoy, eso lo he conseguido… ¿Que en unos días me despisto y lo vuelvo a dejar de lado? No pasa nada, ya sé que puedo volver. Y volveré, una y otra vez, las veces que haga falta, porque para mí es importante, porque merece la pena.

¿Y tú? ¿Qué es lo que quieres volver a practicar? ¿Y a qué estás esperando?

Coche nuevo, ¿vida nueva?

Hace un par de semanas, nuestro querido C4 Picasso decidió que ya era hora de jubilarse. Estábamos Eva y yo en Galway con unos amigos, saliendo ya del centro para volver a Dublín, cuando el coche nos avisó amablemente (a su manera, dando pitidos y encendiendo luces) de que no tenía intención de hacer el viaje de vuelta por su propio pie. Así que hubo que pasar al plan B y encontrar una forma alternativa de llegar a casa (que por cierto salió muy bien, gracias al señor de la grúa que vino rapidito, a que estábamos a quince minutos andando de la estación de tren, a Irish Rail y su servicio regular Galway-Heuston, y a Fredi y Muriel, que nos vinieron a recoger en dos coches).

Aquí tenéis la foto del Picasso en la calle donde tuvimos que aparcarlo de emergencia y llamar a la grúa. La sensación que me dio era la de que el coche se estaba despidiendo de mí…

En algún sitio leí o escuché hace años que, simbólicamente, el coche representa nuestra propia vida, el camino que vamos eligiendo recorrer. La verdad es que desde hace un año más o menos está habiendo muchos cambios en mi vida, y un año precisamente es lo que llevaba planteándome cambiar de coche, sin acabar de decidirme.

Ahora, por fin, llegó el momento:

Os presento a nuestra nueva adquisición: otro Citroën, esta vez un C5 Aircross. Llevo tres días con él y estoy encantada, se conduce fenomenal, no estoy tardando nada en acostumbrarme.

Como decía aquella canción en inglés, to everything there is a season («todo tiene su momento», y me acabo de enterar de que la letra viene de un pasaje de la Biblia, del principio del libro del Eclesiastés). A veces, estamos tan metidos en nuestras rutinas y costumbres que nos cuesta darnos cuenta de que algo ya ha cumplido con su función, y es momento de soltarlo para poder seguir avanzando.

Muchas gracias, querido Picasso, por los doce añitos y pico que hemos pasado juntos. Nos quedan muchos recuerdos (y alguna aque otra foto).

P.D.- Si tú también estás en una etapa de transición, y te vendrían bien unas palabras de ánimo o un recordatorio de lo que realmente importa, te animo a que le eches un vistazo al primer post de este blog, que por cierto, se escribió justo hace cuatro años: Esta es tu vida.

Todo lo que tenemos

Esta semana se me ha pasado volando, ¡Ya es domingo otra vez! Y para cuando leáis esto, será probablemente lunes.

Photo of a three-faced clock with the letters "THE GATE CLOCK" underneath

(Foto de un reloj muy chulo que hay a la puerta de un pub en el aeropuerto de Dublín)

Para variar, ando con bastante lío, y no tengo mucho tiempo hoy para sentarme a escribir un artículo largo. Pero sí que tengo tiempo de compartir con vosotros una cita precisamente sobre este tema (en español no suena tan bien como en inglés, pero la idea se entiende, espero):

Todo lo que tenemos es tiempo y opciones. Seamos sabios con ambos.

Carson Anekeya

Da que pensar, ¿Verdad? Yo quizá la cambiaría a «recursos y opciones», ya que al fin y al cabo, el tiempo es un recurso, como lo son también por ejemplo nuestras habilidades, nuestra capacidad física y mental, nuestro nivel de salud y energía, y por supuesto, otros recursos materiales y económicos.

Y las decisiones que tomamos constantemente, ya sea de forma consciente o no, tienen que ver con la forma en la que utilizamos esos recursos para satisfacer nuestras necesidades y deseos. Y ahí es donde entran en juego dos palabras clave, en mi opinión: prioridades y valores.

Porque en realidad, esa falta de tiempo de la que tan a menudo nos quejamos no es más que un síntoma. Los problemas de «gestión del tiempo» son en el fondo problemas de gestión de prioridades, porque muchas veces no las tenemos claras, y nos dejamos llevar por la vida, intentando llegar a todo lo que se nos pone por delante, y agotándonos por el camino.

Por eso viene muy bien invertir un poco de nuestro precioso tiempo en sentarnos a reflexionar sobre nuestros valores, que son realmente lo que determina nuestras prioridades. ¿Qué es lo que consideramos más importante en la vida?

La semana que viene os puedo explicar un ejercicio muy sencillo para clarificar valores. Hasta entonces, si os parece, os propongo reflexionar durante la semana sobre todos los recursos que tenéis a vuestra disposición (y qué mejor ocasión para dar gracias por ellos), y también a observar las decisiones que vais tomando día a día, indagando un poquito en la necesidad o deseo que se esconde detrás de cada una. Y quién sabe, a lo mejor descubrís algo sorprendente sobre vosotros mismos…

Hora de aprender

¿Estás haciendo ahora mismo algún curso o formación interesante?

Yo estoy a punto de terminar el primer módulo de tres en una formación que me está encantando (ya entraré en detalles en otro artículo), y en mayo retomaré también otro curso que tuve que dejar a medias el año pasado. El caso es que a mi hija pequeña, que tiene ahora diez años, le sorprende muchísimo ese afán mío por seguir haciendo cursos, y me pregunta cuándo voy a parar…

Supongo que le extraña que alguien decida voluntariamente «seguir yendo al cole», cuando podría estar haciendo cualquier otra cosa. Y ahora que lo pienso, yo a su edad estaba convencida de que los adultos tenían mucha suerte ¡porque no tenían que hacer deberes! (Por supuesto, no veía todo lo demás que implicaba ser adulto, sólo veía que tenían mucha más libertad para hacer «lo que quisieran»).

(Foto de una taza que vi en nuestro cole y que me hizo mucha gracia: «Mantén la calma, y haz como que es parte del plan de estudios»).

También es verdad que hoy en día es muy habitual el seguir formándonos también de adultos, por motivos tanto personales como profesionales. Es lo que se denomina educación permanente (en inglés, «lifelong learning»), y nos viene fenomenal para un montón de cosas, unas más obvias que otras:

  • Expandir conocimientos, adquirir nuevas habilidades, adaptarnos a un entorno laboral cada vez más cambiante.
  • Ampliar nuestra perspectiva, crecer como profesionales, y sobre todo, evolucionar como personas.

Y por si todo esto fuera poco, la educación permanente tiene otro gran beneficio: aprender cosas nuevas e interesantes renueva nuestra curiosidad, nos ayuda a motivarnos y a mantenernos activos ejercitando la mente, lo cual a su vez nos ayuda a mantener una buena salud y calidad de vida a medida que vamos envejeciendo.

Aquí van un par de citas para reflexionar sobre este tema, las dos del mismo autor: un pensador y filósofo autodidacta que, a pesar de no haber ido nunca a la universidad, llegó a ganar el premio Nobel de literatura.

En tiempos de cambio, quienes están dispuestos a aprender heredarán el futuro,
mientras que los que creen saberlo todo estarán maravillosamente equipados para vivir en un mundo que ya no existe.

Eric Hoffer

La sociedad verdaderamente humana es la sociedad del aprendizaje,
donde los abuelos, los padres y los niños son todos estudiantes.

Eric Hoffer

Celebraciones

Este fin de semana se ha celebrado en todo el mundo la fiesta musulmana de Eid al-Fitr: el fin del mes de Ramadán y su correspondiente ayuno. A todos los que lo celebréis, عيد مبارك (espero que el traductor de Google lo haya hecho bien, debería decir Eid Mubarak, que es la felicitación típica para esta ocasión).

Además, hoy en Irlanda ha sido el día de la madre (cuarto domingo de cuaresma), así que hemos tenido aquí en casa nuestra propia celebración: crepes caseros para desayunar, partidita de Catán y pizza casera para cenar. (¡Mil gracias chicas! Mi mejor regalo es pasar tiempo con vosotras.)

(Pizza casera con forma de corazón hecha por mi hija Eva, ¿a que es chula? Siempre le salen fenomenal.)

¿Qué sería de la vida sin celebraciones? Cada nación, cada cultura, cada religión y hasta cada familia tiene las suyas, y por mucho que por fuera parezcan diferentes, en el fondo la idea es la misma: como seres humanos, necesitamos de vez en cuando tomarnos un respiro y juntarnos con nuestros seres queridos a disfrutar con alegría, a menudo como recompensa al final de una época de dificultades o sacrificios.

Al igual que después del Ramadán llega la fiesta de Eid, después de la Cuaresma cristiana llega la fiesta de la Pascua, que a su vez es una celebración de la primavera y el resurgir de la vida tras el invierno, como lo es la fiesta hindú de Holi que se celebró hace un par de semanas… Y suma y sigue.

Cada celebración viene acompañada de sus propias tradiciones, que nos conectan más profundamente con nuestra historia y con nuestra gente. Eso sí, tengamos en cuenta que los tiempos cambian: la vida va evolucionando, y nosotros con ella, por lo que creo que deberíamos sentirnos en libertad para elegir, adaptar y crear tradiciones y celebraciones conforme a nuestras circunstancias y nuestros valores. Permitirnos honrar nuestras raíces a la vez que extendemos nuestras alas.

¿Y tú, qué estás deseando celebrar? ¿Y cómo vas a hacerlo?

Memento mori, memento vivere

Este año os deseo feliz San Patricio desde la sala de embarque de un aeropuerto cualquiera, en mitad de un viaje por trabajo.

Ha sido una semana un poco rara, y la idea del título es lo que me viene rondando por la cabeza desde el viernes. Ya sé que no suena mucho a celebración, pero en cierto modo lo es, una celebración de la vida… Como todo, depende de la perspectiva con que lo miremos.

Photo of one of the High Crosses in Clonmacnoise, Ireland

(Esta es una de las famosas cruces celtas del monasterio de Clonmacnoise, en el condado de Offaly, en Irlanda).

La primera parte de la frase es la más conocida: memento mori, «recuerda que vas a morir». Así a bote pronto, puede resultar una idea un poco deprimente (me recuerda al «polvo eres, y en polvo te convertirás» que se dice en la tradición cristiana el miércoles de ceniza). Pero para los antiguos griegos, el sentido era más bien el de vivir la vida mientras aún la tengamos (el famoso carpe diem, «aprovecha el momento»). 

El pensar que cualquier día se puede acabar todo (o más bien, que nos podemos acabar nosotros) nos da perspectiva; nos ayuda a apreciar la vida que tenemos y a vivirla más intencionadamente, con más intensidad. Y no sólo en el sentido de disfrutar el presente, como enseñaba el epicureísmo (que también), sino también en el sentido de «llevar una buena vida», que dirían los estoicos, es decir, hacer con nuestra vida algo que merezca la pena.

Y ahí es donde entra en juego la segunda parte de la frase: memento vivere, «acuérdate de vivir». Porque la realidad es que no tenemos ni idea de cuándo se va a acabar esto; igual nos morimos mañana, pero igual no, y si es que no, tenemos toda una vida por delante para hacer un montón de cosas maravillosas, y dejar nuestro legado en este mundo.

La clave, al menos como yo lo veo, está en encontrar la manera de poder disfrutar el momento mientras a la vez mantenemos buenos hábitos que nos permitan vivir muchos años con buena calidad de vida, y así seguir teniendo energía para hacer las cosas que más nos llenen: hobbies, proyectos, tiempo con nuestros seres queridos…

Y tú, ¿de qué te acuerdas más, de que te vas a morir, o de que puedes, y debes, vivir? ¿Y de qué maneras concretas puedes aprovechar esta oportunidad que te está dando hoy la vida? 

Cumpleaños

Diez de marzo de 2025, y me toca soplar 47 velitas.

Photo of a "happy birthday" candle

Otros años le he añadido un poco más de misterio al tema, y he puesto la cifra que cumplo en código binario (101111), en hexadecimal (0x2F) o incluso en números romanos (XLVII).

Cualquier cosa para no decirlo directamente, y no porque me importe mucho el número de años que cumpla, eso me da igual (o al menos eso es lo que digo ahora; el día que cumpla 50 ya veremos…)

En realidad lo que pasa es que tengo sentimientos encontrados con el tema de mi cumpleaños. Por un lado está mi aversión a ser el centro de atención, lo que me lleva a no recordárselo a nadie cuando se va acercando la fecha; pero por otro, siempre tengo la esperanza de que la gente se acuerde de felicitarme, y quizá en el fondo, la convicción de que «deberían acordarse». Para el que entienda de eneagrama: todo parecido con un eneatipo 1 conservación es pura coincidencia 😉

Pero bueno, este año tengo poca escapatoria, porque ya se ha enterado poco menos que todo el mundo. Así que, de todo corazón, muchas gracias por las felicitaciones, y a por otro año más. Un abrazo.