Hoy añadimos otra expresión a nuestra lista particular de intraducibles. Esta vez, el original está en inglés: to carve out time, y aunque tenemos una expresión de significado equivalente en español, sacar tiempo, me parece que la versión en inglés es mucho más gráfica, y por eso resulta una metáfora mucho más potente.
Literalmente, «to carve out» significa tallar, es decir, ponerse con un cincel y un martillo a retirar trozos de un bloque sólido de madera o piedra, para formar una figura. Como os podéis imaginar, es una tarea que requiere intención, atención y mucha habilidad; tienes que tener muy claro lo que pretendes hacer y cómo hacerlo.
Trasladando esa idea a cómo gestionamos nuestro tiempo, a menudo nos encontramos en la situación de tener la agenda completamente llena, entre nuestras responsabilidades de trabajo, familia, etc., y otra larga lista de tareas y compromisos que nos autoimponemos (¡y todavía no nos parece suficiente!). Nuestra sociedad actual valora y premia el estar siempre muy ocupados, así que hemos normalizado esta manera de vivir, así como el estrés que inevitablemente la acompaña. «No me da la vida» es otra expresión súper frecuente en español que también es síntoma de este gran problema.
Por eso nos resulta tan difícil establecer nuevos hábitos que nos ayuden a mejorar nuestra salud y bienestar, porque ya estamos agotados y sentimos que no tenemos tiempo para nada. Y por eso me parece tan acertada esta metáfora del martillo y el cincel: porque no es cuestión de simplemente sacar tiempo y ya está; se trata de utilizarlo de manera estratégica, de construir algo con él, algo que nos vaya a reportar un beneficio mayor que seguir haciéndolo todo igual que antes. Y eso requiere intención, atención y mucha habilidad, además de constancia después para mantener el hábito.
Todo esto viene a que llevo ya un tiempo queriendo retomar el hábito de la lectura, que últimamente lo tengo bastante abandonado. Y lo quiero retomar, entre otras cosas, porque creo que es a la vez más difícil que nunca y más importante que nunca mantener ese hábito. Ahora mismo no me da tiempo a listar todos los beneficios que tiene la lectura (te animo a buscarlos, son impresionantes), pero lo que sí puedo hacer es dejarte una cita del doctor Seuss que me encontré en una conocida librería de Dublín, y que viene muy a cuento:
«Cuanto más leas, más cosas sabrás, cuanto más aprendas, a más sitios irás» - Dr. Seuss
Y tú, ¿para qué quieres sacar tiempo? ¿Y qué es lo que te impide hacerlo?
Esta semana, en el trabajo, he dado mi primera charla sobre sesgos institivos, una de las dos dimensiones del modelo de Conciencia en Acción del que os hablaba hace un par de meses.
Esta parte del modelo describe tres áreas o dominios de la vida en los que las personas nos enfocamos sin darnos cuenta, porque son básicas para nuestra supervivencia, y en definitiva, para la supervivencia de la especie humana. Pero lo curioso es que no nos damos cuenta de cuánta atención les prestamos (de ahí lo de «institivos», porque son tendencias no conscientes), y más curioso todavía es que esa atención no se reparte equitativamente entre las tres áreas, sino que cada uno priorizamos una de ellas muy por encima de las otras dos (de ahí lo de «sesgos», que no son otra cosa que tendencias a seguir ciertos patrones).
El caso es que estos sesgos instintivos son un factor determinante en muchas de nuestras decisiones y comportamientos diarios, por lo que, volviendo a la analogía del elefante del otro día, viene muy bien conocerlos para poder averiguar de qué manera nos influyen, y trabajar para que nos ayuden en lugar de perjudicarnos.
Pero antes de contaros cuáles son esos tres dominios, me gustaría dejar dos cosas muy claras:
La primera, que los seres humanos somos increíblemente complejos (¡y contradictorios!), y que hay muchísimos factores que influyen en nuestra personalidad (recordemos las capas del iceberg, más luego factores familiares, culturales, demográficos, experiencias de vida, etc., etc., etc.). Este modelo no pretende explicarlo todo sobre una persona, ni muchísimo menos; eso sería directamente imposible. Pero sí que puede explicar varias cosas que nos pueden aportar mucho valor. Como dice la famosa frase atribuida a George Box, «todos los modelos son incorrectos, pero algunos son útiles».
La segunda, que aquí no se trata de poner etiquetas o de encasillar a la gente. De lo que se trata es de darnos cuenta de que ya estamos encasillados, ya estamos condicionados, y de que siendo conscientes de esos condicionamientos, podemos hacer nuestra «casilla» más flexible, y adaptarnos mejor a las circunstancias de cada momento. Así que no se trata de definir quiénes somos a través de esta clasificación (ni ninguna otra); se trata de observar cómo nos comportamos, y sobre todo, lo que hacemos habitualmente la mayor parte del tiempo, para distinguir en qué momentos nuestro piloto automático tiende a meternos en problemas o malentendidos.
Teniendo en cuenta todo esto, los tres dominios instintivos de Conciencia en Acción se formulan utilizando verbos que representan grupos de comportamientos:
Preservar
Navegar
Transmitir
Todos estos comportamientos son en realidad adaptaciones evolutivas que hemos heredado de nuestros ancestros, y que a ellos les sirvieron para poder sobrevivir al menos el tiempo suficiente como para reproducirse, asegurando así la continuidad de la especie.
Nota: si ya conoces el eneagrama a través de libros o de otras escuelas o tradiciones, que hay varias, puede que conozcas otros nombres para los tres subtipos de cada eneatipo. Y no es sólo el nombre lo que cambia: seguramente estos conceptos sean más amplios que los que hayas aprendido, y a lo mejor te toca «desaprender» un poco para poder entenderlos en toda su amplitud.
(Fotos de una ardilla, unos chimpancés y un pavo real, simbolizando los tres dominios instintivos.)
Ya iremos entrando en más detalles sobre cada dominio instintivo y su sesgo correspondiente en otros artículos; de momento hoy, os cuento una pincelada de cada uno, junto con su simbología, que esperemos que ayude a entenderlos mejor:
El dominio preservador se centra en «anidar y nutrir», es decir, en asegurarse de que las necesidades fundamentales de supervivencia están cubiertas, tanto para uno mismo como para la familia o el círculo más cercano: alimento, abrigo y protección frente a las amenazas, por ejemplo. Se asocia con la imagen de una ardilla, a la que nos podemos imaginar preparándose para el invierno.
El dominio navegador se centra en la «orientación al grupo», es decir, en entender a las personas y sus interacciones sociales y grupales. Construir alianzas, crear confianza y reciprocidad, y entender cómo encajamos en el grupo y cómo encajan también los demás. Se asocia con la imagen de unos monos o chimpancés, puesto que estos animales tienen también sus normas y complejidades sociales.
El dominio transmisor se centra en «atraer y vincularse», es decir, en comportarse de maneras que atraigan atención y dejen huella, para poder traspasar a otros no sólo sus genes (que también), sino otras cosas como sus creencias, valores, intereses y su visión del mundo, y así hacerlos portadores de esa información. Se asocia con la imagen de un pavo real, mostrando sus vistosas y elegantes plumas.
¿Qué te parecen esos tres dominios? Los tres son necesarios, y todos nosotros hacemos cosas para satisfacer necesidades en las tres áreas.
Pero, como dije antes, no les dedicamos la misma atención a los tres: por alguna razón, consideramos que las necesidades relativas a uno de los dominios son más importantes que las de los otros dos, y por lo tanto, priorizamos los comportamientos orientados a satisfacer esas necesidades. De alguna manera, se convierten en una especie de sistema de valores por el que nos movemos sin darnos cuenta. Y en consecuencia, las otras dos áreas acaban con prioridades más bajas, sobre todo una, que acaba siempre la última de la lista… Pero de todo eso ya hablaremos más adelante.
Y tú, ¿te ves predominantemente en uno de estos dominios? ¿O estás dudando un poco entre dos, o incluso entre los tres? A medida que vayamos profundizando un poco más, con suerte se aclarará el misterio… De momento, como siempre, la observación (y sobre todo, la autoobservación) es la mejor herramienta para ir descubriendo cosas interesantes.
Damas y caballeros, hoy llegamos al artículo número 250 de BinaryWords 🙂
250 reflexiones sobre temas muy variados, aunque con un mismo hilo conductor: el del crecimiento personal y profesional, que, en mi opinión, van siempre de la mano.
Recuerdo que durante los primeros meses de escribir este blog, allá por 2021, me inspiraba en los cuadros y pósters que tenía por casa para escribir algunos de los artículos (como por ejemplo aquí, aquí y aquí), además de desempolvar citas que tenía recogidas en tarjetas, imanes de nevera y hasta recortes de periódico o folletos publicitarios. Y es que, sin darme cuenta, llevaba ya muchos años recopilando material inspirador, aunque hasta entonces no se me había ocurrido ponerme a compartirlo.
Y como la inspiración se puede encontrar literalmente en cualquier parte, a partir de ahí he ido desarrollando la costumbre de estar casi siempre con el radar puesto, y sacar fotos a las cosas curiosas e interesantes que me voy encontrando por el mundo. Así como soy un auténtico desastre para hacer fotos de personas (y más desastre todavía, si cabe, para salir yo misma en esas fotos), mi galería está llena de fotos aparentemente aleatorias que a lo mejor algún día me sirven para transmitir alguna idea.
Hoy, rebuscando en esa galería, me ha salido la foto de este cartel que me encontré en una tienda hace ya varios años, comparando la vida con una cámara de fotos. Curiosamente, ahora están de moda otra vez las cámaras de toda la vida, las de flash y botoncito, en lugar de lo de hacer fotos con el móvil… Pero de esto de las modas retro ya hablaremos otro día.
Aquí está el símil; espero que se entienda, aunque los juegos de palabras se pierden al traducir del inglés al español:
La vida es como una cámara. Apunta hacia lo que es importante. Captura los buenos tiempos. Saca lo mejor de los negativos. Y si no te sale bien, haz otro intento.
El otro día estuve recordándoles a mis compañeros el argumento de la película Groundhog Day, cuyo título se tradujo al español como «Atrapado en el tiempo», precisamente porque de eso trata: el protagonista se queda atascado en el día 2 de febrero, viviendo en bucle el mismo día (el día de la marmota) y sin saber cómo salir de ahí.
(Foto de un banco cualquiera en un parque cualquiera.)
Y después de aquella conversación, me quedé pensando… Hace mucho que no le oigo comentar a nadie lo de que le parece estar viviendo en el día de la marmota, en el sentido de estar metido en una rutina y una monotonía de las que le gustaría salir. Y es que quizá llevamos un tiempo en que la vida no está siendo precisamente rutinaria, y no necesariamente por razones que podríamos considerar «buenas».
Más bien parece (o igual sólo me lo parece a mí) que está todo un poco fuera de control, ya sea por las inclemencias meteorológicas de estas últimas semanas, por el avance cada vez más rápido de las tecnologías (léase IA), o por tantas otras cosas que están ocurriendo en ciertos lugares del mundo, y que llegan a situaciones francamente surrealistas.
Igual lo que preferiríamos ahora mismo sería un mundo un poquito más estable y predecible.
Pero de momento, tenemos lo que tenemos.
¿Y qué podemos hacer?
No puedo evitar acordarme del principio de la pandemia, allá por marzo de 2020 (hace ya ¡casi seis años!). En aquel momento todo era incertidumbre; la situación también era surrealista, sin precedentes, y no teníamos ni idea de lo que nos deparaba el futuro. Pero había que seguir adelante, y eso fue lo que hicimos: seguir adelante como buenamente pudimos, y paso a paso, con mayor o menor sufrimiento, conseguimos transitar ese camino y llegar a una nueva normalidad.
Quizá es eso también lo que nos toca hacer ahora, porque es lo que al ser humano le ha tocado hacer desde el principio de los tiempos: adaptarse a nuevas situaciones, resolver nuevos problemas.
Dicen que en esta vida lo único constante es el cambio, y sabemos que es verdad: las personas vamos cambiando, y a la vez también cambian nuestro entorno y circunstancias. Lo que pasa es que hay temporadas en las que ese cambio es más suave y gradual, y temporadas en las que es mucho más fuerte y rápido, hasta tal punto que puede llegar a sobrepasarnos. Y ahí es cuando se nos escapa la sensación (ilusoria, por otra parte) de tenerlo todo bajo control, y llegan el agobio y la incertidumbre.
A nuestro cerebro no le gusta nada la incertidumbre. Le genera mucho malestar, porque no sabe qué hacer con ella, y al no poder solucionarla con su piloto automático habitual, gasta mucha energía preocupándose e intentando predecir el futuro. Por eso muchas veces preferimos volver a lo «malo conocido», a la rutina (mal entendida) y a la monotonía, antes que aventurarnos hacia lo que está por descubrir, por mucho que pueda ser mejor que lo que tenemos ahora.
Así que, si estás pasando por algún tipo de incertidumbre en este momento, que sepas que no estás solo, ni mucho menos. Y aunque por supuesto hay factores externos que no podemos controlar, sí que podemos utilizar herramientas y estrategias que nos ayuden a sentirnos mejor, y a recuperar cierta sensación de orden y de control. Aquí van algunas sugerencias:
Establecer rutinas «de las buenas», que aporten estabilidad, estructura y predictibilidad a nuestros días, pero con cierta flexibilidad también, para que podamos ir adaptándonos a medida que cambien las cosas.
Dedicar tiempo intencionadamente a cuidarnos física, mental y emocionalmente, incluyendo en nuestra agenda ratos de ocio, de descanso y de conexión (que, como bien me han recordado recientemente, no son un lujo, son una necesidad). Cualquier cosa se afronta mejor cuando se tienen las pilas cargadas, y todo se hace mucho más cuesta arriba cuando nos pilla cansados o bajos de ánimos.
Tener un diario (físico) en el que escribir (a mano) nuestros pensamientos y preocupaciones. El ejercicio de escribir nos ayuda a sacar lo que llevamos dentro, para tomar conciencia y poder procesarlo mejor. Y además, nuestra mente puede descansar más tranquila, sabiendo que está todo por escrito.
¿Qué te parecen estas tres estrategias? ¿Cuáles utilizas tú cuando la vida va a un paso más acelerado del que te gustaría?