Hora de aprender

¿Estás haciendo ahora mismo algún curso o formación interesante?

Yo estoy a punto de terminar el primer módulo de tres en una formación que me está encantando (ya entraré en detalles en otro artículo), y en mayo retomaré también otro curso que tuve que dejar a medias el año pasado. El caso es que a mi hija pequeña, que tiene ahora diez años, le sorprende muchísimo ese afán mío por seguir haciendo cursos, y me pregunta cuándo voy a parar…

Supongo que le extraña que alguien decida voluntariamente «seguir yendo al cole», cuando podría estar haciendo cualquier otra cosa. Y ahora que lo pienso, yo a su edad estaba convencida de que los adultos tenían mucha suerte ¡porque no tenían que hacer deberes! (Por supuesto, no veía todo lo demás que implicaba ser adulto, sólo veía que tenían mucha más libertad para hacer «lo que quisieran»).

(Foto de una taza que vi en nuestro cole y que me hizo mucha gracia: «Mantén la calma, y haz como que es parte del plan de estudios»).

También es verdad que hoy en día es muy habitual el seguir formándonos también de adultos, por motivos tanto personales como profesionales. Es lo que se denomina educación permanente (en inglés, «lifelong learning»), y nos viene fenomenal para un montón de cosas, unas más obvias que otras:

  • Expandir conocimientos, adquirir nuevas habilidades, adaptarnos a un entorno laboral cada vez más cambiante.
  • Ampliar nuestra perspectiva, crecer como profesionales, y sobre todo, evolucionar como personas.

Y por si todo esto fuera poco, la educación permanente tiene otro gran beneficio: aprender cosas nuevas e interesantes renueva nuestra curiosidad, nos ayuda a motivarnos y a mantenernos activos ejercitando la mente, lo cual a su vez nos ayuda a mantener una buena salud y calidad de vida a medida que vamos envejeciendo.

Aquí van un par de citas para reflexionar sobre este tema, las dos del mismo autor: un pensador y filósofo autodidacta que, a pesar de no haber ido nunca a la universidad, llegó a ganar el premio Nobel de literatura.

En tiempos de cambio, quienes están dispuestos a aprender heredarán el futuro,
mientras que los que creen saberlo todo estarán maravillosamente equipados para vivir en un mundo que ya no existe.

Eric Hoffer

La sociedad verdaderamente humana es la sociedad del aprendizaje,
donde los abuelos, los padres y los niños son todos estudiantes.

Eric Hoffer

Empezar y terminar

Bueno, pues ya estoy de nuevo en casa, volviendo a la rutina (si es que alguna vez la hubo). Como ya me imaginaba, el viaje de trabajo de esta semana mereció la pena, tanto por el lado profesional como por el personal.

Photo of several trees with purple leaves in late evening lght

(Foto de unos arbolitos muy monos que había al lado de la oficina donde estuve).

Ahora me toca reanudar unas cuantas cosas que tengo a medias y que quiero ir cerrando poco a poco. Y pensando en eso, me he acordado de esta frase:

Nada es tan fatigante como dejar eternamente una tarea inacabada.

William James

¿Has tenido alguna vez esa sensación de intranquilidad por tener cosas sin acabar? O a lo mejor te ha sido más fácil darte cuenta de lo contrario: lo a gusto que te quedas cuando por fin las acabas. En algún sitio leí que cada tarea que tenemos pendiente nos roba un poquito de energía mental, porque el cerebro está acordándose constantemente de que tiene que terminarla… Utilizando la analogía de un móvil o un ordenador, es como si tuviéramos una ventana del navegador abierta por cada tarea pendiente, consumiendo recursos de manera inútil y ralentizando el funcionamiento de todo el sistema.

En cierto modo, es como una versión ampliada del multi-tasking, que ya sabemos que en realidad no funciona.

Y ni siquiera tienen por qué ser cosas grandes o importantes. Hoy, por ejemplo, he vuelto a caer en la cuenta de que tengo varios libros a medio leer (por razones que no vienen al caso); me he propuesto terminarme uno de ellos (aunque fuera el más cortito), y me he sentido fenomenal al conseguirlo. Nuestra mente inconsciente no distingue entre grande o pequeño, importante o trivial: cada cosa que añadimos a la lista es una carga más, y cada cosa que conseguimos tachar, un logro.

Por cierto, igual te estarás preguntando, ¿por qué tengo varios libros a medio leer? Pues obviamente, porque los he empezado y no los he llegado a terminar, lo cual me lleva a la propuesta que os quiero hacer hoy:

Deja de empezar, y empieza a terminar.

Esta frase la aprendí de un Agile coach hace varios años (¡gracias Chris!). Es un principio básico de ciertas metodologías de trabajo como Lean y Kanban, y que también funciona estupendamente para Scrum (si todas estas palabrejas te suenan a chino, no te preocupes, que no hacen falta para entender la idea).

La idea es muy sencilla y a la vez muy potente: limitar la cantidad de cosas en las que estás trabajando en cada momento, para poder centrar mejor tus energías e irlas terminando más eficientemente.

Como digo, la idea es muy sencilla; lo que no es tan sencillo es ponerla en práctica, entre otras cosas porque la motivación que nos lleva muchas veces a empezar algo luego se va disipando y deja de ser suficiente… (ya os contaré más cosas sobre la motivación en otro artículo).

Y tampoco es que sea una idea nueva, ya lo dice desde siempre el refranero español: «quien mucho abarca, poco aprieta». En inglés, lo más parecido que he encontrado es «don´t spread yourself too thin».

¿Y tú? ¿Tienes muchas cosas empezadas y sin terminar? ¿Qué puedes ir tachando de tu lista para hacerla más ligera?

Lento pero seguro

Creo que ya os había comentado que llevo una temporada de mucho lío en el trabajo, y esta semana la verdad es que ha sido más de lo mismo. A veces me resulta frustrante, porque veo que el día (o la semana, o el mes) se me queda en nada, y que me cuesta sacar tiempo y energía para avanzar en mis proyectos personales. ¿Te suena?

Me he dado cuenta de que me siento en una especie de paradoja en la que voy a la vez muy deprisa y muy despacio: muy acelerada en mi día a día, «haciendo Tetris con el calendario», como le conté el otro día a una compañera, y muy lenta en otras cosas a las que me gustaría dedicarles más «ancho de banda».

Por suerte, el Universo me va mandando pistas y recordatorios de vez en cuando, por ejemplo en forma de citas con las que me voy tropezando a lo largo de la semana, y que me sirven para reflexionar y compartir con vosotros.

La primera cita nos habla de ir deprisa; la leí en inglés, y me encantó. En español, la traducción que vi me pareció un poco rara, así que aquí la traduzco a mi manera, espero que se entienda bien:

Cuidado con lo estéril que puede llegar a ser una vida ajetreada.

Sócrates

En una sociedad en la que «estar muy liado» se ve como algo positivo, casi como un símbolo de estatus, se nos olvida a veces que las prisas no sólo nos agotan física y mentalmente, sino que además nos obligan a quedarnos en lo superficial. Para poder hacer bien un trabajo que requiera cierta profundidad (reflexión, creatividad, concentración…) necesitamos bajar el ritmo, reducir el número de tareas y dedicarles periodos de tiempo más largos y sin distracciones. Si trasladamos esto a la matriz de Eisenhower que vimos hace unas semanas, se trata de dejar más hueco para tareas estratégicas (importantes pero no urgentes) que nos ayuden a sentirnos realizados y avanzar hacia nuestros objetivos (empezando por cuidarnos como es debido), en lugar de pasar tanto tiempo «apagando fuegos» (atendiendo a las cosas urgentes que se nos vayan poniendo por delante, sean importantes o no).

La segunda cita nos habla de ir despacio, y se puede decir más alto pero no más claro:

No tengas miedo de ir lento, ten miedo de quedarte quieto.

Proverbio chino

Vivimos en una sociedad en la que prima la inmediatez. Nos hemos acostumbrado a conseguirlo todo rápido; no nos gusta nada esperar, y cada vez tenemos menos paciencia, lo cual nos perjudica a la hora de plantearnos objetivos a medio/largo plazo y trabajar por ellos. Es fácil caer en la trampa de compararnos con otras personas que ya lo han conseguido, o que van más adelantadas en el camino.

Aquí es donde me parece importante recordar la fábula de la liebre y la tortuga, que nos cuenta cómo la constancia y la perseverancia son mucho más importantes que la velocidad. Es más, según cuál sea el tipo de «carrera» (o ahora que lo pienso, seguramente en todas), en realidad no conviene llegar demasiado pronto a la meta, porque el aprendizaje y el crecimiento se van produciendo por el camino, a medida que uno va ganando experiencia.

Así que no pasa nada por ir despacito, a veces es casi mejor. Pero, ¿Y lo de quedarse quieto? Yo lo interpreto como una advertencia para que no nos durmamos en los laureles, como hizo la liebre del cuento. Porque cuando dejamos de caminar hacia donde queremos ir, nos estancamos, y dejamos de aprender, y aunque parezca que seguimos en el mismo sitio, en realidad nos estamos quedando atrás.

(Foto del homenaje callejero a la liebre y la tortuga de la famosa fábula de Esopo, que me encontré paseando por Boston hace unos años)

Y tú, ¿cómo lo ves? ¿Te sientes un poco liebre? ¿O tal vez un poco tortuga?

Sólo recordarte…

…Que sí, que enero se nos hace un poco cuesta arriba algunas veces, pero mucho ánimo que ya casi estamos, ya hemos superado dos terceras partes.

Otro empujoncito más, aunque no apetezca. Aguanta y sigue haciendo lo que te toca hacer para acercarte a tus objetivos, un poquito cada día, aunque parezca que todavía están muy lejos. Poco a poco irán apareciendo los resultados, y te darás cuenta de que habrá merecido la pena el esfuerzo.

Photo of a pocket 2025 diary, a pen and a fabric bag to store them both. The bag is white with a message printed on it in black letters: "All you need is FOCUS DARLING. Charuca"

(Ahora todos los días veo este recordatorio, ¡gracias Merche! Dice: todo lo que necesitas es concentrarte, cariño.)

Y para esos momentos en que no te apetezca más que bajarte del carro y ponerte a hibernar, aquí va otro recordatorio:

Cada acción que realizas es un voto a favor de la persona en la que te quieres convertir.

James Clear

En casa

Este fin de semana han venido a Dublín Enrique y Blanca, unos amigos de la familia que conozco de toda la vida, y que nunca habían estado en Irlanda. Me ha hecho mucha ilusión verles y pasar la tarde juntos (¡gracias chicos!), y también me ha encantado poder enseñarles nuestra casa.

Photo of a brown rectangular doormat with the word LOVE spelled in uppercase in black letters, replacing the letter O with a red heart

Con el tema de enseñar la casa me ha pasado un poco lo de siempre (aunque creo que ya lo voy empezando a superar, o al menos eso espero): me pongo a comparar con las expectativas en mi cabeza, o con lo que yo creo que pueden ser las expectativas de los demás, y claro, me parece que la casa podría estar más limpia, más ordenada, mejor organizada, mejor decorada, con mejores muebles, puesta con más estilo, etc., etc., etc.

Así que, antes de entrar, siento la necesidad de rebajar las expectativas, y les explico que no es una casa bonita como para enseñar a las visitas, sino una casa funcional, para vivir, y donde además viven niños, así que hay cierto grado de desorden. Normalmente la gente contesta quitándole importancia, con comentarios del tipo «¿y a esto lo llamas desorden? Deberías ver cómo está mi casa», lo cual se agradece. Pero la respuesta de hoy me ha gustado muchísimo más:

«Entonces lo que tú tienes no es una casa, es un hogar.»

Y efectivamente, tienen razón. Porque lo que sí que es mi casa es muy acogedora, y muy cómoda a su manera. Sin grandes lujos, pero espaciosa y muy agradable. Es un lugar donde uno puede relajarse y sentirse a gusto. Y donde a quien viene no se le trata como «visita», sino como a uno más de la casa.

Nuestra casa. Nuestro hogar. Donde podemos ser nosotros mismos, recargar baterías, descansar y disfrutar.

Así que me he puesto a buscar citas que tuvieran relación con el tema, y además de los típicos tópicos que no voy a repetir, me han llamado la atención estas tres:

El hogar es un refugio contra todo tipo de tormentas.

William J. Bennett

La magia de tu casa es que te sientes bien al marcharte y todavía mejor al regresar.

Wendy Wunder

Que tu casa sea tu mástil, y no tu ancla.

Kahlil Gibran

Y tú, ¿te sientes a gusto en casa?

Gracias, gracias, gracias

Esta semana se va a celebrar Acción de Gracias en Estados Unidos, así que es una ocasión estupenda para volver a hablar del agradecimiento.

Digo «volver a hablar» porque éste es un tema que ya hemos tratado varias veces en el blog, como no podría ser menos. Y es que el agradecimiento es una herramienta de desarrollo personal tan sencilla como poderosa; por eso la recomiendo como una de las apps esenciales que nos podemos r«instalar» en nuestro disco duro particular.

La gratitud es un músculo que hay que ejercitar, a ser posible, todos los días, y que requiere un esfuerzo consciente de atención hacia lo positivo y lo provechoso de cada situación. Puede que haya momentos sobre todo al principio, en los que nos cueste un poco (o mucho) encontrar cosas por las que dar gracias, pero la clave está en seguir buscando y en recordar que siempre, siempre, SIEMPRE hay algo, por pequeño e insignificante que nos parezca.

O puede ser que el regalo del día venga como una enseñanza disfrazada de reto o de dificultad, y que tardemos un poco en darnos cuenta. Sea como sea, poco a poco, con tiempo, paciencia y mucha práctica, irán apareciendo cada vez más motivos por los que estar agradecidos, y nos iremos sintiendo cada vez más afortunados.

Cuando la vida te sea dulce, da las gracias y celébralo.
Y cuando la vida te sea amarga, da las gracias, y crece.

Shauna Niequist

¿List@ para empezar? No hace falta que sea un ritual muy elaborado, puede ser tan sencillo como preguntarte cada noche antes de dormir, como les pregunto yo a mis hijas: ¿por qué damos gracias hoy?

Y aquí en la foto puedes ver mi respuesta de hoy; yo doy gracias por estas tres señoritas:

Photo of my three daughters from the back, while walking on the street

Obligación o elección

La semana pasada se me quedó en el tintero un comentario sobre la diferencia entre tener que hacer algo y elegirlo. Yo estaba convencida de que ya había escrito de este tema aquí en el blog, pero no he sido capaz de encontrar dónde, así que aquí va mi reflexión de hoy, aun a riesgo de repetirme.

Piensa por un momento en todas las cosas que tienes que hacer hoy, o esta semana, o en tu día a día habitual. Si tienes tiempo, siéntate con un papel y un boli y haz una lista lo más completa posible, empezando cada línea con las palabras «Tengo que…».

Ejemplos:

  • Tengo que madrugar mañana.
  • Tengo que ir al trabajo.
  • Tengo que preparar la comida.
Photo of an empty train station at sunrise, with two tracks and a platform. Behind the platform fence y can see a field, and above it all, a light blue sky with orange reflections on the low clouds

(Foto del amanecer desde la estación de Adamstown, un día que madrugué para coger el tren a Dublín).

Ahora lee detenidamente esa lista.

¿Cómo te sientes?

Yo recuerdo hacer este ejercicio hace unos años y sentir todos esos «tengo que» como un peso enorme sobre mis hombros, como una losa que me aplastaba y no me dejaba otra alternativa más que cumplir con mi obligación.

Porque esa es la idea implícita, que cada «tengo que» es una obligación. Y pasarse el día cumpliendo obligaciones no sólo es aburrido/agobiante/deprimente (elige el adjetivo que más te resuene), sino que además nos resta energía, y a la larga resulta agotador.

Pero, ¿y si pudiéramos pensar en esas tareas de una forma que nos motivara, en lugar de aburrirnos, agobiarnos o deprimirnos?

Aquí es donde entra en juego el poder transformador de la palabra. Porque las palabras importan, y mucho. Las que pronunciamos hacia afuera y las que nos decimos por dentro, que al fin y al cabo son nuestros pensamientos.

Prueba a escribir otra vez la misma lista, pero en lugar de empezar cada línea con «tengo que…», empiézala con «elijo…»:

  • Elijo madrugar mañana.
  • Elijo ir al trabajo.
  • Elijo preparar la comida.

Lee detenidamente esta nueva lista. ¿Qué te parece?

Lo que acabas de hacer es convertir cada tarea de tu día en una elección, en lugar de en una obligación. Pero sólo cambiar las palabras no es suficiente: tenemos que darnos cuenta de que de verdad somos nosotros los que decidimos hacer todas esas cosas, al igual que decidimos no hacer otras. Y asumir esa responsabilidad.

Porque aunque a menudo nos parezca que no tenemos otra elección, en realidad, la inmensa mayoría de las veces (por no decir siempre), sí que la tenemos. Así que el siguiente paso es observar esas tareas una por una, ver qué otras opciones hay, y analizar las consecuencias (tanto a corto como a largo plazo) de cada una de esas opciones. ¿Estoy dispuesto a asumir las consecuencias de no madrugar, de no ir a trabajar, de no cocinar?

Puede que te encuentres con que algunas de tus tareas no son tan imprescindibles como tú creías; quizá son cosas que has seguido haciendo por inercia sin plantearte si siguen teniendo sentido, o tal vez algo que te propusieron (o te impusieron) en algún momento y que tú aceptaste sin cuestionarlo. El darte permiso para elegir algo diferente a partir de ahora ya puede aligerar un poco tu carga.

Estupendo, ¿y para las demás? ¿Qué pasa con esas tareas de la lista para las que no es viable elegir otra opción? Lo que puedes hacer en esos casos es reafirmar tu motivación, tu para qué, el beneficio que te va a traer (o el perjuicio que te va a evitar) esa tarea:

  • Elijo madrugar mañana para poder dedicarme un poco de tiempo, organizarme y sentir que tengo control sobre mi día (o bien: cuando no madrugo tengo que ir a prisas y a carreras, empiezo el día ya sintiendo que voy atrasada y me estreso más, así que elijo madrugar).
  • Elijo ir al trabajo para ganarme el salario, y además, sentirme realizada y crecer como profesional (o bien: si no voy a trabajar, acabarán despidiéndome y no podré pagar la hipoteca ni irme de vacaciones, y puede que no encuentre otro trabajo que me guste, así que elijo ir a trabajar).
  • Elijo preparar la comida para que mi familia y yo llevemos una dieta equilibrada y nos mantengamos sanos y con energía (o bien: si no preparo comida casera con antelación, acabaremos comiendo de cualquier manera, y a la larga tendremos problemas de salud, así que elijo cocinar).

¿Qué te parece? ¿Notas la diferencia entre percibir las cosas como una obligación frente a abrazarlas como nuestra propia elección?

Tan solo un comentario más: si te cuesta mucho utilizar el «elijo…» porque te suene demasiado forzado, otra alternativa al «tengo que…» puede ser simplemente decir «voy a…». Así no te quedas enganchado en si lo decides tú o lo deciden por ti: lo vas a hacer, se queda hecho, y punto. ¡Misión cumplida!

La mayor arma contra el estrés es nuestra habilidad para elegir un pensamiento sobre otro.

William James

Poniéndome al día (o al menos intentándolo)

Estos últimos días he tenido mucho lío en el trabajo, y también en casa. Por suerte, la mayoría ha sido lío «del bueno»: proyectos que me ilusionan, conversaciones interesantes, encuentros con amigos y actividades en familia.

Pero no deja de ser mucho lío, para mí que soy más bien tranquila (o que institntivamente busco tranquilidad). Y no han sido solamente unos días, han sido más bien semanas, o meses… Y no tiene pinta de que vaya a aflojar pronto.

¿Te suena? ¿Te sientes identificad@?

Photo of a wall clock

Yo, por un lado, me alegro, porque me resulta mucho más fácil mantenerme activa cuando «hay cosas que hacer». Por otro lado, me da la sensación de llevar meses esperando una tranquilidad que no acaba de llegar, y me gustaría bajar un poco el ritmo para que pueda seguir siendo sostenible.

Esta mañana, pensando en esto, me he acordado de una frase con la que me identificaba mucho hace años, y que hoy elijo interpretar de una manera completamente distinta. Resulta que ya había escrito un artículo sobre esta cita, pero me da igual, la voy a poner otra vez:

Dios me puso en este mundo para conseguir un cierto número de cosas – ahora mismo voy con tanto retraso que no me voy a morir nunca.

Bill Watterson

(Por cierto, nunca se me había ocurrido investigar al autor, resulta que Bill Watterson es el creador de Calvin y Hobbes, una tira cómica que llevo años queriendo leer, a ver cuándo me decido de una vez y les pido prestados los libros a Fredi y a las niñas).

¿Qué te parece la frase? A mí me encanta, me parece de un humor muy sutil y muy inteligente. Y en tiempos, reflejaba perfectamente mi sensación constante de no llegar, de pasarme el día corriendo de un lado para otro haciendo cosas y aun así no conseguir nunca estar al día. Sólo pensar en todo lo que «tenía que hacer» me resultaba agotador…

Hoy, quince años después y con unas cuantas herramientas más en mi mochila, decido plantearme este tema de una manera que me dé energía en lugar de quitármela:

  • Sí, hago muchas cosas todos los días, pero las hago porque yo elijo hacerlas (¿que no hemos hablado todavía de la diferencia entre «tener que» y «elegir»? Pues ya tenemos tema para la semana que viene).
  • Ya no intento hacerlo siempre todo, porque me he dado cuenta de que es materialmente imposible. He aprendido a ser más flexible y a ir adaptando los planes según las necesidades del día y mis prioridades (más sobre prioridades aquí)
  • El cuidarme yo y mantener la batería bien cargada es parte obligatoria de mi lista de prioridades (como esto no se cumpla, vamos de mal en peor).
  • Muchas de las cosas que hago me hacen ilusión, y para las que no me entusiasman, el recordar para qué las hago y por qué son importantes me ayuda a motivarme.

¿Soy ahora más productiva gracias a todo esto? Pues sinceramente, no lo sé, no sé si estoy consiguiendo más o menos de lo que conseguía hace quince años, mi vida ha cambiado mucho desde entonces. Pero lo que sí sé es que sufro mucho menos y que estoy disfrutando mucho más del camino, aunque a veces también esté cansada.

¿Y lo de ir con retraso? Eso siempre es relativo: ¿con qué o con quién me estoy comparando? El 99% de las veces, con una versión imaginaria y perfecta de mí misma que nunca voy a poder alcanzar… Seguramente nunca pueda llegar a desactivar del todo esa vocecita interna de la autocrítica, pero lo que sí puedo es darme cuenta de lo poco realista que es a veces, y de que no siempre se merece que le haga mucho caso.

Con retraso o sin él, lo que a mí me transmite esta frase a día de hoy son ganas de vivir: hay muchas cosas que quiero hacer, muchos proyectos que quiero emprender, muchas metas que quiero conseguir, muchos encuentros que quiero disfrutar. Y eso me va a dar energía vital (si Dios / el Universo quiere) para vivir muchos, muchos años.

Haciendo las paces con el caos

Hoy os traigo una cita que creo que ilustra muy bien el fin de semana que acabamos de pasar:

Photo of a house with part of a rainbow showing above it

(La foto no es de ahora, es de hace unos meses, pero pega muy bien con el artículo de hoy).

Este fin de semana hemos tenido visita: los primos Requena, esta vez por partida doble y acompañados del abuelo (sólo nos han faltado el primo Borja y su familia, os hemos echado de menos).

Dieciséis personas durmiendo el casa. No está mal, ¿verdad?

Como os podréis imaginar, ha sido un poco (bastante) caótico. Pero eso ya cada vez me importa menos. Creo que poco a poco me voy reconciliando con ese caos contra el que antes tanto luchaba: ya lo llevo muchísimo mejor, y a ratos, hasta lo disfruto. Aunque por supuesto, en circunstancias normales sigo prefiriendo que las ccosas se planifiquen y que haya un mínimo de orden y concierto (si no, no sería yo).

Este fin de semana, el caos ha merecido la pena con creces: ha sido maravilloso volver a vernos después de tantos años, charlar, pasar tiempo juntos y que nuestros hijos se conocieran también en persona. Hemos improvisado mucho, y nos hemos reído mucho también, como no podía ser de otra forma. Mil gracias al abuelo Carlos por aguantarnos a todos, a los primos «alemanes» Carlos (padre), Lourdes, Carlos (hijo), Yago, Alonso y Celia, y por supuesto, a los primos «irlandeses» de Oranmore. Nos vemos pronto.

Vivimos en un arcoiris de caos.

Paul Cézanne

Palabras intraducibles: escarmentar

Hoy añadimos una palabra más a mi lista particular de términos intraducibles, que más bien es una lista de palabras y frases cuya traducción del español al inglés (o viceversa) no me parece ni muy precisa ni muy elegante.

La palabra de hoy es escarmentar, y está muy relacionada con el aprendizaje. Significa básicamente aprender algo por las malas: llevarte una mala experiencia como resultado de un comportamiento o una acción tuya, y que se te quiten las ganas de volver a hacerlo. Como por ejemplo, cuando al salir de casa metes la cartera en un bolsillo sin cremallera, del que es fácil que se salga, y al rato te das cuenta de que la has perdido…

La definición oficial de la RAE es «aprender de la experiencia propia o ajena para evitar caer en los mismos errores». La traducción que he encontrado al inglés es «to learn your lesson», aprender la lección, y sí, entiendo que va en la misma línea, pero no me parece que tenga tanta fuerza como este verbo tan bonito que tenemos en español.

Photo of a blackboard with physics formulas written on it, behind a table with books, pencils, a pair of glasses and and a green apple. We can see the body and hand of a teacher, pointing at Einstein´s equation on the board

Curiosamente, en el diccionario de la RAE hay una segunda definición de escarmentar, como verbo transitivo: «imponer o aplicar un castigo a alguien, o corregirlo con rigor por haber cometido una falta». Parece ser que uno, además de escarmentar para sí mismo, también puede escarmentar a otras personas, es decir, puede enseñarles una lección. Yo este segundo uso de la palabra la verdad es que no lo había oído nunca, no se si se utilizará mucho, pero dejando aparte el tema lingüístico, no tengo muy claro hasta qué punto es posible hacer eso…

¿Hasta qué punto podemos aprender de los errores de los demás, o de las «lecciones» que nos dan algunos con la esperanza de que aprendamos? Mi madre siempre decía que nadie escarmienta en cabeza ajena, y yo estoy de acuerdo, creo que esta cita lo resume muy bien:

No puedes enseñarle nada a otras personas, sólo puedes ayudarlas a descubrirlo por sí mismas.

Galileo Galilei

¿Y tú, de qué has escarmentado últimamente?

P.D .- Esta era una de las 30 citas de mi reto del mes de septiembre, ¡ya queda muy poquito! Las puedes ver todas en Instagram.